EDITORIAL


 
La Dirección General de Rentas de Tucumán nuevamente vuelve a ser una fuente de agresión a los contribuyentes de la provincia. Continúa realizando operativos en la vía pública parando a los vehículos para ver si llevan las boletas del impuesto automotor. No cuenta con la mínima tecnología para saber si está frente a un deudor, y aprovecha que muchos que están al día con sus impuestos y no llevan las boletas para multarlos. Cobra interés por pago fuera del término y multa si encuentra que no pagaron. O sea, cobra de dos formas diferentes el mismo concepto: el incumplimiento. Esta violencia institucional no encuentra freno de ninguno de los poderes del Estado, que se encargo de desarrollar con mucha avidez la capacidad para multar y ultrajar a los contribuyentes, pero no de darle respuestas a los reclamos que recibe de estos. Toda una degeneración del verdadero rol del Estado en la sociedad.

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