Ya no estamos condenados al éxito

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Hasta hace poco se consideraba que la Argentina estaba ante un “cambio inevitable” que la llevaría al éxito, a la reconstrucción de su infraestructura económica financiada por la inversión y el crédito extranjero. No sólo era una esperanza fantasiosa local. Muchos extranjeros se manifestaron dispuestos a creer en la cercanía de este escenario. Con la radicalización del oficialismo hacia el futuro, ¿queda algo para soñar con ello? No sólo los extranjeros. ¿Qué tan cómodos pueden sentirse los que generan ahorros, riquezas, capacidad de inversión, aumento del capital y el trabajo ante una posta de largada que promete más radicalizaciones, intervención, discrecionalidad y manotazos de ahogado?

La Argentina integrada al mundo y aun a la región no deja de ser un sueño. Los actuales funcionarios se alistan para lograr cargos con inmunidades y cómodas disposiciones en el Parlamento de una unión regional que tristemente languidece. Los mismos funcionarios que se dedican a bloquear, prohibir pagos, impedir con cualquier excusa la circulación de la producción de los vecinos hablan de la Patria Grande y quieren refugiarse en una burocracia insustancial.

Pero existen las ventajas de la decadencia, incomprensibles para quienes anhelan la prosperidad, desde posiciones de partida menos ventajosas. ¿No genera algo de triste ternura ver a los futbolistas jamaiquinos sacarse selfies junto a los mejores del Mundo que increíblemente acaban de derrotarlos “apenas” uno a cero? ¿Se puede ser tan pobre con tanto?, pensarán los vencidos, en lo que no es más que una metáfora nacional.

Los dólares de la última cosecha de soja comienzan a escasear, como siempre pasa en estas épocas del año. El mercado se recalienta, el Gobierno reacciona con represión a los dólares e inundación de pesos. ¿Qué otra cosa podría pasar que presiones devaluacionistas e inflacionarias?

Retraso cambiario

Las autoridades contienen el dólar y empeoran las cosas. Sobrevalúan el peso, abaratan el consumo en el exterior, al que sólo toleran de mala gana en forma de turismo. Tratan de frenar el ingreso de bienes y los encarecen. Es raro, a lo Martínez de Hoz, las autoridades circulan hacia las elecciones con una sensación de estabilidad que todos saben insostenible. Si no, ¿para qué el cepo, los cupos, el dólar turista, ahorro y tarjeta?

Los productores de peras, manzanas y vinos ya lo saben perfectamente. Los mercados externos, más allá del estremecido Brasil, se les han vuelto extremadamente esquivos. La política de supuesta “estabilidad, siga, siga, no pasa nada, no hay explosión” con que se conforma el Gobierno ha llevado a una lenta e inexorable decadencia. Pero en la Argentina pareciera que si no hay un estallido de mercado, la decadencia no se nota.

Escenario internacional

Algo ha hecho el mundo en los últimos días en favor del país. La Reserva Federal de los Estados Unidos alivió el apuro por subir las tasas, apreciar más el dólar y complicar aun más a países como la Argentina, con menores precios de las materias primas.

Grecia puede dar también alguna buena noticia si, como se espera, logra evitar el pavoroso corralito como el que tuvo la Argentina y que nunca nadie advirtió a Atenas cada vez que le proponían aplicar la receta local de 2001 y 2002, como si fuera una panacea.

Un colapso del euro o un durísimo golpe en su cotización sería aun peor para los mercados en los que los bienes argentinos ya están caros por problemas propios.

Lamentablemente, ni la Reserva Federal ni el Banco Central Europeo pueden hacer nada por la inflación local y la suba de costos, que los dejan fuera de juego.

Las esperanzas eran otras hace poco tiempo, incluso aunque los operadores de mercado pensaran en la posibilidad de una continuidad oficialista.

Ahora tallan otras prevenciones. ¿De dónde saldrán los dólares con los que el Gobierno necesita contar para llegar al final del mandato y tener razonable posibilidad de cumplir sus expectativas? No hay muchos secretos. El gran generador de dólares de la Argentina es el sector privado.

¿Comenzarán los telefonazos para pedir adelantos o suscribir bonos a cuenta? Es más probable que una aceleración así, calculan, llegue más allá de julio.

Hace unos meses la pregunta era quién tiene más capacidad de presionar, ¿el que se va o el que aspira a sucederlo? Ahora hasta podría especularse en que en las dos variantes haya componentes muy parecidos, apenas con matices.

Las preocupaciones por fueros e inmunidades en las listas pueden en algunos casos ceder a implacables pragmatismos.

Con la intensa, opaca y más que sospechada “articulación público privada” de muchos en más de una década puede haber algunos que prefieren ver a algún ex ministro blindado por los fueros antes que anticipar la pesadilla de un petrolão local, que los lleve a ellos a la cárcel.

FUENTE: www.lanacion.com

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