Por qué los productos “hechos en la Argentina” son más caros dentro del país que en el extranjero

ec arg

Es una postal típica de las salidas de los aeropuertos argentinos en los últimos años: el equipaje se multiplica en cada persona. A las valijas repletas de ropas también se suman televisores, celulares, bicicletas y, paradójicamente, alfajores argentinos. Los precios en el extranjero son una de las principales atracciones a la hora viajar, incluso cuando los productos son fabricados en nuestros país. Es que sí: muchos de los bienes que los viajeros encuentran más baratos fuera del territorio nacional son, para sorpresa de muchos, producidos en la Argentina.

Por ejemplo, el Mantecol, un turrón típico de nuestro país, cuesta el equivalente a $21,35 (US$1,35) en Santiago de Chile y $21,35 (US$1,33) en Montevideo, pero para poder conseguirlo en Buenos Aires hay que pagar $33,85 (US$2,11), según un informe del diario Clarín. Ocurre igual con las Cerealitas, que se consiguen un 26% más baratas en el exterior. Así como la leche (21%), el queso (8%) y el desinfectante (24%). Y un largo etcétera.

La razón no sólo ilustra el momento que traviesa la economía argentina, sino los viejos y estructurales problemas económicos que, pese a los intentos y promesas, ningún gobernante en la historia reciente del país pudo solucionar.

Lo actual: el dólar

Desde que Mauricio Macri levantó hace 15 meses el control cambiario impuesto por el gobierno de los Kirchner, el peso argentino se mantuvo estable respecto al dólar. Y ahí la paradoja: mientras que la inflación del año pasado rondó el 40%, según cifras oficiales, el dólar apenas subió un 15%.

Muchos analistas hablan de un dólar “atrasado” que afecta a los exportadores, pero tanto el Banco Central como el gobierno reiteraron su tranquilidad ante esta rara estabilidad cambiaria. Incluso, dos de las principales medidas económicas de Macri son incentivos directos de esta inmovilidad del dólar.

Por un lado, el Gobierno emitió deuda externa para financiar el déficit y gasto público. Y por el otro, lanzó un esquema para repatriar los ahorros de quienes los sacaron del país en medio de las crisis. Así, con un dólar barato y precios disparados, cada vez se volvió mejor negocio comprar por fuera del país.

Lo de toda la vida: los costos

Pese a esto, algunos expertos creen que la distorsión de precios de los productos argentinos se da con o sin dólar barato. No es la primera vez que se ven estas disparidades en un país que lleva décadas cambiando de modelo económico -de extractivismo a sustitución de importaciones- cada 4 u 8 años.

Muchos argentinos, que tras años de inflación y devaluaciones nos volvieron expertos en el tema, suelen citar con rabia el famoso dato de que los alimentos cuestan siete veces más en el supermercado que en el lugar de producción. “Ni tres ni cuatro veces, ¡siete!”, reiteran en sus diatribas sobre economía, que suelen culpar a los supermercados de “especular” con los precios.

Pero Juan Vasco, director de la Asociación de Supermercados Unidos (ASU), niega que sean ellos quienes disparan los precios. “Nosotros no fabricamos los productos y estamos sujetos a cargas impositivas y costos laborales que con dificultad encuentras en otros países”, le dice a BBC Mundo.

En la cadena de producción, distribución y comercio en la Argentina, se deben pagar impuestos municipales, provinciales, nacionales, a las ganancias, al cheque y a las transferencias bancarias, entre otros. Además, la mano de obra es una de las más caras de la región, según cifras del Banco Mundial.

Vasco explica que los supermercados solo representan el 35% del comercio, al que se añaden los almacenes y los “chinos”. El 70% de los trabajadores de esos pequeños comercios, según un estudio de la consultora porteña ABECEB, están contratados de manera informal. “La población que aporta (impuestos) es mínima, así que quienes aportamos estamos exprimidos”, explica.

No se sabe el valor real

Gabriel Martini, quien dirige el podcast El Economista del Medio, hizo durante años análisis de precios de supermercados para una consultora en Buenos Aires. “Los argentinos hace tiempo que dejaron de conocer el valor real de las cosas que consumen a diario”, asegura.

Una zanahoria puede costar 5 acá, 15 en la esquina y 20 a una cuadra. “Los precios en sí mismos son un complejo entramado de elevados costos de producción y comercialización (transportes, alquileres, sueldos) y márgenes de ganancia empresarial a veces exorbitantes. A eso añade los complejos mecanismo de financiación”, indica.

Hace un mes el gobierno lanzó un plan para regular los esquemas de promociones de los comercios, que no publicaban las tasas de interés y cobraban más por pago de contado que por cuotas.

Aún así, cuando uno llega a un supermercado en la Argentina, todavía se encuentra con decenas de folletos, carteles y planes sobre promociones que en teoría abaratan la compra, pero según Martini sólo disfrazan un precio de por sí ya es alto.

Más fácil, y más barato, comprar en un país vecino.

Fuente: www.lanacion.com.ar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>