Con el ataque a Siria, Donald Trump torció el rumbo de su presidencia

trump

Con Donald Trump, nunca puede descartarse nada. Es un presidente impredecible, y, como él mismo se retrató esta semana, “flexible”.

Eso quedó en evidencia con la decisión más arriesgada de su joven presidencia: el ataque con misiles Tomahawk al régimen de Bashar al-Assad. En tres días, Trump dio una orden que ningún líder de Occidente, incluido Barack Obama, se atrevió a tomar en los seis años de guerra civil en Siria.

Con una sola orden, Trump dio vuelta el pilar de su mensaje político, “Estados Unidos, primero”, y abrió un frente de conflicto con el presidente de Rusia, Vladimir Putin, aliado y escudo de Assad.

Obama ya había iniciado una campaña militar en Siria e Irak para detener el avance de Estado Islámico. Esa campaña incluyó ataques aéreos, y el envío de tropas a Siria. Pero Obama nunca atacó a Al-Assad.

En 2013, cuando Al-Assad cruzó la famosa “linea roja” con el ataque con armas químicas en Ghouta, todo indicaba que habría una respuesta. Ghouta pareció marcar un punto de quiebre. Los planes estaban listos, y Obama parecía decidido a actuar.

Pero, sin apoyo de sus aliados, y con la carga de Irak y Afganistán latentes, Obama decidió buscar autorización del Congreso, reticente y dividido. Moscú abrió la puerta para una negociación diplomática, Al-Assad aceptó deshacerse de su arsenal químico -al final, sólo una parte, como quedó en evidencia-, y el ataque nunca salió del Pentágono.

El propio Trump, en ese entonces, escribió un mensaje en Twitter en el que le pedía a Obama que no atacara a Siria, y guardara “su pólvora” para otro día.

La diplomacia continuó en busca de una salida al conflicto, y Al-Assad continuó con sus bombardeos y sus ataques con armas químicas, tal como reveló un informe confidencial de Naciones Unidas, filtrado a la prensa a fines del año anterior.

Pero ni los crímenes de guerra de Al-Assad, las violaciones de derechos humanos en Siria, las alrededor de 400.000 personas que murieron en la guerra civil o las casi cinco millones que huyeron en busca de refugio movieron a las potencias a actuar. Tampoco los videos de niños asfixiándose, muriendo envenenados, o la foto de Aylan Kurdi, muerto a orillas del Mediterráneo. Moscú y Pekín bloquearon cualquier maniobra en Naciones Unidas.

“Déjenme decirles que esos ataques a chicos tuvo un gran impacto en mí, un gran impacto. Eso fue horrible, algo horrible”, había dicho Trump el miércoles, en la Casa Blanca.

Ayer insistió con esa impresión, desde su resort Mar-a-Lago, en Palm Beach, donde anunció su respuesta militar al ataque químico: “Incluso hermosos bebes fueron cruelmente asesinados en este ataque tan bárbaro. Ningún hijo de Dios debe sufrir tal horror”.

Trump no buscó a los aliados de Estados Unidos ni al Congreso. Con su joven presidencia deshilachada, acorralada por los traspiés, su alicaída impopularidad y el escándalo del Rusiagate, decidió actuar solo, por instinto, sin la prudencia -o inacción, para sus críticos- que caracterizó a Obama, desoyendo los riesgos que le marcaron desde el propio Pentágono.

Impulsiva o no, la decisión de Trump torció el rumbo de su presidencia. Como él mismo lo reconoció esta semana, Siria, ahora, es su responsabilidad.

Fuente: www.lanacion.com.ar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>