Guerra comercial: Trump sube tarifas, pero deja una puerta abierta para negociar

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WASHINGTON.- El gobierno de Donald Trump impuso ayer aranceles a las importaciones de acero y aluminio, desatando una guerra comercial con aliados y rivales que amenaza con provocar una profunda alteración en la economía global y abrir una nueva era de incertidumbre

La nueva política le imprime el golpe más duro al vínculo comercial entre la Argentina y Estados Unidos desde el cierre a las exportaciones de biodiésel.

El presidente norteamericano firmó dos proclamaciones que ordenan aplicar un arancel del 25% a las importaciones de acero y otro del 10% a las de aluminio por motivos de “seguridad nacional”, una medida que profundizó el giro nacionalista y proteccionista que su gobierno imprimió en la política económica de la primera potencia global.

Trump grava acero y aluminio pese a advertencias mundiales

Ante el fuerte rechazo que provocó la medida -interno y externo, ya que varias potencias, incluidas China y la Unión Europea (UE), amenazaron con represalias-, la Casa Blanca decidió excluir de las tarifas a México y Canadá, y dejó la puerta abierta para que otros aliados puedan solicitar una “exención”. La medida empezará a regir dentro de dos semanas.

“Vamos a ser muy justos, muy flexibles, pero vamos a proteger al trabajador estadounidense, como dije que haría en mi campaña”, prometió Trump, antes de la firma, al dejar la puerta abierta a excluir a otros países, entre ellos, la Argentina.

Mientras Trump ampliaba su proteccionismo, en Chile 11 países, todos aliados de Washington, firmaban el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, según sus siglas en inglés), el tercer pacto económico más grande del mundo diseñado para afrontar el avance de China, al cual Trump le dio la espalda al sacar a Estados Unidos.

Los aranceles alcanzan a las exportaciones de Tenaris, del Grupo Techint, y Aluar, que colocaron, el año anterior tubos de acero y aluminio por unos 770 millones de dólares en la primera potencia global. Juntas, las ventas de biodiésel, acero y aluminio -todas restringidas por Trump- representan más del 40% de las exportaciones argentinas, segundo socio comercial en el hemisferio después de Brasil. En 2017, la Argentina tuvo un déficit comercial de 3117 millones de dólares con Estados Unidos.

Trump implementó su nueva política rodeado de trabajadores metalúrgicos, a pesar de la fuerte oposición de republicanos en el Congreso, funcionarios de su gobierno, el establishment empresarial, las advertencias de organismos internacionales y expertos y las amenazas de represalias de rivales, como China, y de aliados históricos de Washington, como la UE. El presidente dijo que sería “flexible” para acotar el impacto de sus aranceles y conceder exenciones. Las tarifas, indicó, quedarán a su total discreción.

“Tendré derecho a subirlos o bajarlos, dependiendo del país, y tenderé a sacar o a incluir países. Solo quiero justicia, porque no hemos sido tratados de manera justa por otros países”, afirmó el presidente, durante una reunión de gabinete en la Casa Blanca, antes de la firma de los aranceles.

El gobierno justificó los aranceles en la necesidad de blindar y reconstruir la industria metalúrgica, vital -según el argumento oficial- para la seguridad nacional. Por los cambios que imprimieron el comercio y la globalización, Estados Unidos “exportó” su producción de acero y aluminio. Hoy, es el principal importador mundial de acero, y compra cinco veces más aluminio del que produce. Ciudades donde antes ardían los hornos, como Johnstown, en Pensilvania, o Youngstown, en Ohio, se convirtieron en íconos de la decadencia del cinturón industrial, conocido hoy como el ” Rust Belt“, donde Trump cuenta con un alto respaldo.

Los aranceles surgieron de una investigación del Departamento de Comercio, a cargo de Wilbur Ross, que concluyó que la dependencia de las importaciones metalúrgicas tenía “el potencial de amenazar” la seguridad del país. La Casa Blanca recordó que los portaaviones, submarinos, tanques, los misiles Tomahawk, el avión caza F-35 o el helicóptero Apache llevan acero o aluminio, que, además, alimentan la infraestructura del país.

La movida deberá sortear desafíos, domésticos y foráneos. Los aranceles serán llevados casi con certeza a la Organización Mundial del Comercio (OMC), y republicanos en el Congreso intentarán frenarlos, o, al menos, acotarlos.

En un quiebre atípico con la Casa Blanca, el líder de la Cámara de Representantes, el republicano Paul Ryan, dijo que estaba en desacuerdo con la medida, y que buscaría limitarla. Y en el Senado, Jeff Flake, crítico de Trump, presentó un proyecto para anular las tarifas. Trump podría vetar una eventual ley del Congreso contra las tarifas.

El intercambio de EE.UU. con el resto del mundo

  • Acero: Las importaciones norteamericanas de acero el año pasado representaron US$33.460 millones, frente a 24.280 millones en 2016 (aumento del 37,8%)
  • Aluminio: En 2017, EE.UU. compró en el exterior aluminio por valor de US$17.310 millones, frente a 13.140 millones del año anterior (incremento del 31,7%)
  • Exportadores: Los principales exportadores de acero a EE.UU. son Canadá (15,6%), Brasil (9,1%), Corea del Sur (8,3%), México (8%), Rusia(7,1%), Japón (4,8%) y Alemania (4,6%). En tanto, los que más aluminio le exportan son Canadá (40%), China (9,7%), Rusia (9,1%), Emiratos Árabes Unidos (8%), Bahrein (3,5%), la Argentina (3,2%) y Alemania (2,3%)

Fuente: www.lanacion.com.ar

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