Luego de una cumbre por los “sin papeles” se agudiza la división en Europa

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Poco más de 50.000 personas cruzaron el Mediterráneo rumbo a Europa en lo que va año, un 95% menos que en 2015. Las llegadas se reducen incluso en Italia, donde en los primeros seis meses de este año se redujeron un 77% con respecto al mismo período del año pasado. Sólo crecen, ligeramente, las llegadas por la ruta que une las costas marroquíes y las españolas. Dieciséis dirigentes europeos, empujados contra el muro por la retórica xenófoba de cada vez más gobiernos (el italiano, el austríaco, el húngaro, el polaco, el regional de Baviera o el belga entre otros) se reunieron este domingo en Bruselas para buscar “soluciones”. Ni una palabra sobre los 300 migrantes que esperan desde hace días a la deriva en el Mediterráneo en el buque de una ONG que busca un puerto seguro donde desembarcos para no devolverlos al infierno libio.

A la salida de la reunión varios –el italiano, el español, el maltés- hablaron de “progresos”, de que tienen cerca un acuerdo que podría llegar en la cumbre europea del próximo jueves y viernes. Fuentes diplomáticas reconocen que no hay avances en ningún punto porque las prioridades de unos chocan con las de otros. Apenas el español Pedro Sánchez y el francés Emmanuel Macron hablaron de “gestionar” la inmigración, para la mayoría, aunque usen eufemismos como “defender las fronteras”, el objetivo es cerrar las puertas de Europa a cualquiera, sea migrante económico o sea refugiado que huye de guerras y violencias.

La reunión tenía también el objetivo de buscar algún tipo de acuerdo que salvara a Angela Merkel, amenazada por sus socios bávaros de la CSU, que advierten que cerrarán su frontera con Austria si Merkel no consigue un acuerdo que pare a migrantes y refugiados. Austria ya dijo que en ese caso hará lo mismo en su frontera sur con Italia.

El primer ministro italiano Giuseppe Conte, un hombre a las órdenes del líder neofascista Matteo Salvini, ministro de Interior, apareció ayer en Bruselas con una propuesta sorpresa que, según explicó a su llegada, crearía un “nuevo paradigma europeo” para gestionar la inmigración.

El plan no tiene nada novedoso, pero une propuestas pasadas para crear un paquete que difícilmente podrá ser aceptado por países como Alemania o Francia. Conte quiere básicamente que todos los llegados a las costas del sur de Europa (Italia, España, Grecia) sean automáticamente distribuidos por toda la Unión Europea, incluso antes de que sus solicitudes de asilo sean procesadas.

Se repartirían por un sistema de cuotas, y aunque la mayoría iría a Alemania y Francia, todos los países del bloque que comparten la política de Interior deberían aceptar un cierto número. El país que no aceptara su cuota sería sancionado económicamente con la reducción de los fondos que recibe de los presupuestos europeos. Para un país como Hungría suponen cada año un 3% de su PBI.

La propuesta va contra la idea de los países de Europa del Este. No quieren hacerse cargo de migrante ni refugiado alguno y por supuesto no aceptan sanciones por su negativa. Tampoco es aceptable para una Alemania que pretende precisamente lo contrario: acabar con los “movimientos secundarios”.

Berlín quiere que Italia, además de Grecia y España, impidan que los migrantes y refugiados sigan rumbo a otros países del norte del bloque. Francia no lo dice pero en su frontera terrestre con Italia rechaza a diario a migrantes que intentan cruzar. La experiencia afirma que la mayoría de quienes llegan a puertos italianos, españoles o griegos quieren seguir viaje al norte, a países donde tengan mejores expectativas de prosperar o al menos más posibilidades de que su solicitud de asilo sea aceptada.

La propuesta italiana presentada ayer incluye algunas ideas que sí podrían ser aceptadas por todos. Italia quiere que la Unión Europea ponga en marcha “centros de desembarco” en países fuera del bloque. A esos centros, localizados en la costa de países del norte de África o los Balcanes, se dirigirían los buques que rescatan a personas en el Mediterráneo. Ahí se procesarían sus solicitudes de asilo y desde ahí serían deportados a sus países de origen los que fueran rechazados.

El problema de la idea es que está llena de agujeros políticos y jurídicos. Ningún país se muestra voluntario para aceptar esos “centros de desembarco” en su territorio. Uno de los señalados, Túnez, ya se negó. Además, las personas ahí encerradas deberían tener derecho a un abogado y a recursos jurídicos para que se estudie su solicitud de asilo con garantías. O el Tribunal de Justicia de la UE podría tumbar la idea ante cualquier denuncia. Italia también quiere que se refuercen los controles en las fronteras exteriores.

El plan no dice cómo porque las fronteras terrestres y aeroportuarias están ya virtualmente blindadas y los europeos todavía no descubrieron cómo construir muros en el mar. La bronca sigue e irá aumentando hasta la cumbre de este próximo jueves y viernes, en la que Merkel necesita algún tipo de acuerdo para salvar su gobierno. El mínimo común denominador de los gobiernos europeos es, una vez más, el endurecimiento de la política migratoria.

Fuente: www.clarin.com

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