La actividad económica cayó 6,7% en junio y se encamina a la recesión

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La actividad económica tuvo su mayor caída del año en junio, con una contracción de 6,7% con respecto al mismo mes de 2017, según informó ayer el Indec . Además de los efectos de la sequía, la actividad estuvo golpeada por la brusca devaluación, que impactó en la industria manufacturera y en los comercios mayoristas y minoristas.

Además, el dato de junio dejó por primera vez al acumulado anual en terreno negativo. De acuerdo con el Indec, la actividad entre enero y junio registró una caída del 0,6%.

El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), que publica el ente estadístico, señaló que las ramas de actividad de mayor incidencia en la contracción fueron agricultura, ganadería, caza y silvicultura, con un caída de 31%; la industria manufacturera, que retrocedió 7,5%, y el comercio mayorista, minorista y reparaciones, que bajó 8,4%.

“El segundo trimestre tuvo una contracción de 3,9% en la medición desestacionalizada con respecto al primer trimestre; es la mayor caída intertrimestral desde el último trimestre de 2008, que fue un período malísimo, porque se produjo la estatización de las AFJP y estalló la crisis financiera internacional, que además dio inicio a la recesión de 2008 y 2009″, explicó Gabriel Caamaño, de la consultora Ledesma.

“Asimismo, el segundo trimestre fue tan malo que le deja un arrastre negativo al tercer trimestre de -1,3%; es decir, el tercer trimestre arranca de tan abajo que aun teniendo algo de crecimiento mes a mes igual el trimestre finalizaría en negativo. Por lo tanto, es muy probable tener recesión en términos técnicos (dos trimestres seguidos en caída contra el anterior). Habría que esperar un rebote muy fuerte en el tercer trimestre para que esto no pase, pero por ahora no lo estamos viendo”, agregó el economista.

Por su parte, Guido Lorenzo, de la consultora ACM, señaló que el dato de junio muestra la peor caída desde 2009 si se compara el mes año contra año. “Es el tercer mes consecutivo de baja pronunciada, pero esta vez el estimador mostró más sectores con caída de los que crecieron. En este escenario, es importante destacar que ya estamos en lo que el FMI planteó como un escenario adverso, al que en junio el mismo organismo le daba baja probabilidad de que ocurriera”, dijo el economista, que explicó que el programa base del FMI pronosticaba un crecimiento de 0,4% del PBI y una inflación del 27% para este año, mientras que el escenario adverso -el que al final ocurra- planteaba una caída del producto de 1,3% y una inflación anual de 31,8%.

“Estamos en el peor de los mundos: a la sequía se le sumó el efecto del tipo de cambio, que se dio con un caída fuerte en la industria y en el comercio, producto de un mercado interno que está muy golpeado por la aceleración inflacionaria. El segundo trimestre deja un arrastre muy negativo para los siguientes meses, ya que no hay ningún sector que pueda despegar en el corto plazo más allá del trigo. Si la actividad se planchara ahora, la economía finalizaría el año con una caída promedio de 1,8%”, afirmó Martín Alfie, economista de Radar Consultora.

La mejora de la economía podría darse en el último trimestre del año, aunque que la economía salga de la recesión dependerá de cuatro factores, de los cuales tres son exógenos: que haya una buena cosecha de trigo -que estiman que ocurrirá-, lo que suceda con las elecciones presidenciales en Brasil y que no haya un nuevo salto en la aversión a los países emergentes. El cuarto factor dependerá de si el mercado cambiario se termina de estabilizar.

“De cara al futuro, las perspectivas de la actividad no son buenas, más aún si consideramos las turbulencias cambiarias, que reaparecieron en agosto. Por lo tanto, y conforme a nuestras estimaciones, la caída del PBI alcanzará, de mínima, el 1%. De esta manera, la maldición de los años pares volverá a atacar la economía argentina, que no crece en un año no electoral desde 2010. Visto desde otra perspectiva, el PBI per cápita cerrará 2018 al menos 3% por debajo del nivel de 2015″, indicó la consultora Ecolatina.

“La mejora de la competitividad a partir de la devaluación tendrá beneficios en términos macro a mediano y largo plazo. En el corto, la actividad económica indudablemente se resentirá: la pérdida de poder adquisitivo impactará sobre el consumo; habrá un contexto de mayor incertidumbre e inestabilidad laboral; las tasas de interés en 40% reducirán el aporte del crédito; el impulso fiscal será negativo ante la necesidad de cumplir con las metas, y la llegada de inversiones seguiría demorada a la espera de una estabilización económica”, estimó la consultora LCG.

Fuente: www.lanacion.com.ar

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