Mariana Genesio, la actriz trans de Pequeña Victoria que sorprende con su historia de vida

Mariana Genesio está en un gran momento profesional. Es una de las protagonistas de la nueva tira de TelefePequeña Victoria. En pleno prime time se pone en la piel de Emma, una mujer trans. «Pensé que me iban a ofrecer un papel secundario, algo chiquito y todavía no puedo creer que haya sido un protagónico», le cuenta a LA NACION. Su vida real, más que de novela, es de película.

Nació en la provincia de Córdoba, pero hace once años vino a Buenos Aires a probar suerte. Por ese entonces ya tenía hambre de artista. Recién llegada, incursionó en el modelaje con Roberto Piazza, y actuó en varias obras de teatro. Pero después de esa fugaz caminata por las pasarelas y los escenarios porteños, las oportunidades ya no aparecían.

Corría el año 2008, desilusionada y triste, una tarde se sentó en un café de la calle Corrientes. Jamás había estado en ese lugar. Esta suerte de Cenicienta moderna ni siquiera estaba producida: un rodete en el pelo, a cara lavada, ropa casual y una gran melancolía en la mirada. Mientras se debatía entre la incertidumbre y la angustia entró al bar un hombre de 1,90 metros que nunca antes había pisado esa confitería. El muchacho no pudo evitar cruzarse con los ojos pensativos de Mariana, luego apuró el paso, llegó hasta el mostrador, preguntó al encargado por una calle, y se fue. Aquél día su vida cambió para siempre.

Ese hombre es hoy su marido: Nicolás Giaccoboneel guionista argentino que ganó un Oscar en 2015 por el film Birdman y además desciende de un linaje importante de cineastas: es uno de los nietos del legendario director y productor de cine Armando Bo. Lo que pasó es que esa misma tarde volvió a entrar a aquél café donde estaba Mariana, ordenó algo de tomar y después de algunos minutos de incómodos intercambios de miradas y gestos, tomó coraje y le habló.

«Me preguntó: ‘¿estás nerviosa?’ y le dije: ‘¡Ahora sí!’. Charlamos hasta que se hizo de noche, después lo llevé al teatro, al día siguiente fuimos al cine y ya estábamos de novios», le cuenta a LA NACION. A los pocos meses estaban conviviendo, y hoy llevan más de una década juntos.

Mariana nunca se imaginó que ese hombre que la impactó desde la primera mirada, siete años después la llevaría a la alfombra roja con un vestido de ensueño.

Emma, su personaje en Pequeña Victoria

Emma es una chica trans que vive en Casa Diana, un hogar que fundó junto a su madre adoptiva, Marlene (Osmar Núñez). Lo principal en esta historia es el amor de cuatro madres no convencionales que desean compartir los roles de la crianza de una bebé que nace en el marco del método del alquiler de vientre.

Julieta Díaz interpreta a Jazmín, una ejecutiva que opta por el alquiler de vientre. Natalie Pérez se pone en la piel de Bárbara, la gestante primeriza, que lleva en la panza a la bebé durante el embarazo. Se suma a la trama Selva ( Inés Estévez), la conductora que la lleva en auto de urgencia el día del parto, y se termina convirtiendo en el apoyo emocional de todas las protagonistas. Y por último aparece Emma, que rompe con el estereotipo del donante de esperma masculino, porque es una mujer trans, que de ser necesario, daría su propia sangre para preservar la vida de su hija. Juntas intentan encontrar un equilibrio de maternaje con la mayor naturalidad posible por el bien de la pequeña Victoria.

-¿Cómo llegaste a Pequeña Victoria?

-Cuando se dio a conocer este proyecto y se supo que una de las actrices tenía que ser trans, pensaron en mí. Y la verdad, se la jugaron. Hicieron una gran apuesta. Me llamaron y me ofrecieron el papel. Una vez que acepté, me hicieron varias pruebas de cámaras. Daniel Burman y Érika Halvorsen, los creadores de la novela, me presentaron a Facundo Arana y también ensayamos algunas escenas para ver si había química entre nuestros personajes.

-Entonces no fuiste a buscar el papel, el papel te buscó a vos…

-Sí, no pensé que me iba a pasar. En noviembre me llamaron y empecé a dar saltos de felicidad. No se lo quería contar a nadie hasta firmar el contrato porque no me lo creía ni yo. Me pasé todo el verano guardando este secreto hasta que finalmente se concretó.

-¿Te aguantaste la ansiedad y no se lo contaste a nadie?

-Nico fue el único que lo supo. Igual casi que no se lo cuento a él tampoco [se ríe]. Lo tenía guardado como un tesoro. Le dije que había una posibilidad de un papel en una novela de Telefe, pero nada más. Ni le adelanté que era un protagónico. Aunque no parezca, yo soy la ansiedad hecha persona, pero traté de domar al demonio durante esos meses.

-Es tu primera vez como protagonista de una tira. ¿Cómo estás viviendo la experiencia?

-Estoy todavía como volando. Antes yo decía: «¿Cómo se pueden quejar los actores de trabajar en algo tan hermoso?». Ahora entendí que son muchas horas, mucho tiempo en el canal, levantarte muy temprano, terminar muy tarde y con el poco tiempo que te queda ponerte a preparar las escenas del día siguiente. Ahora ya terminamos de grabar, pero todavía no me recupero [risas].

-Debe ser muy fuerte verte en televisión de lunes a jueves en un horario prime time, algo que siempre soñaste…

-Es muy fuerte, sí. Alguna vez me pregunté por qué no me pasó todo esto cuando tenía 20 años, y la verdad es que seguramente si me pasaba no iba a estar preparada. A veces las oportunidades llegan cuando la persona está lista para enfrentarlas. Siento que me pasó en el momento justo. Los primeros días todavía no me lo creía; re cholula, me sacaba fotos con Julieta y con Inés en el motorhome. Y me quería pellizcar para ver si era cierto. Tardé bastante en convencerme de que el sueño se me hizo realidad.

-¿Sentiste miedo ante el desafío de ser una de las protagonistas?

-Al principio sí, estaba aterrada. Cuando me di cuenta de que iba a trabajar en un canal líder con gente súper exitosa, entré en pánico. Pero cuando empecé a grabar, entendí que las herramientas para hacer bien mi papel estaban ahí. Cada curso, cada obra de teatro, todo sirvió, y dejé de sentirme intimidada. Así que la oportunidad no me habrá llegado a los 20, pero me llegó a los 23 [se ríe, coqueta, ya que siempre se niega a decir su edad].

-¿Cómo fue el primer encuentro con el elenco? ¿Conocías a alguien de antes?

-No conocía a nadie. Los había visto en los medios, en el cine, en el teatro. Pero no personalmente. El día que hicimos la lectura del primer capítulo yo estaba ahí sentadita en la ronda. Por dentro pensaba: «¡Mirá con quiénes estoy!». La veía a Julieta, una genia. Natalie que no podía más de talentosa y bella. Inés que me voló la cabeza cuando la vi en Vulnerables [la serie que protagonizó en 1999], y de repente la tenía frente a mí. ¡Íbamos a trabajar juntas! Ella es tan amiga, compinche. Hace poco hicimos una tapa de revista las dos, y la voy a encuadrar [se ríe].

-¿Y qué sentiste cuando supiste que Facundo Arana iba a ser tu galán?

-Él es lo más, creo que ya somos amigos de por vida. Siempre fue muy generoso, trató de que yo me luciera en todo momento, sin tener ninguna obligación. Un actor tan experimentado como él podría no haber sido tan atento con una chica que recién empieza. Me podría haber dicho: «Bueno chiquita, ponete las pilas o buscate un coach», y fue todo lo contrario. Todos son muy compañeros: Osmar Núñez, Facundo Arana, Raúl Rizzo. Estoy muy agradecida por cómo me trataron.

-¿Notás el cambio cuando caminás por la calle desde que debutaste en la novela?

-Me está pasando algo que nunca me esperé. Me paran por la calle, pero no saben cómo me llamo [risas], aunque sí saben el nombre de mi personaje. Y entonces me dicen «Emma, Emma». Y me encanta, porque me hace sentir que conectan con ella porque que estoy haciendo bien mi papel.

-Y Nicolás, tu marido, ¿cómo se lleva con este nuevo éxito tuyo?

– Está muy contento. Se ríe con la repercusión que está teniendo la tira y los mensajes que me mandan al Instagram. Yo hace poco conté en las redes que había terminado de grabar y la gente entendió que yo me iba del elenco. Y de repente todos los seguidores nos estaban poniendo «¡no, Emma, no te vayas!». Después aclaré que se había terminado la etapa de grabación de las escenas, pero que mi personaje iba a seguir estando normalmente. Esas cosas a Nico le causan gracia, lo sorprenden.

Mariana y Emma: un cóctel de ficción y realidad

-En la novela, tu personaje cuenta que nunca se enamoró. ¿Cómo fue en tu caso?¿Vos ya te habías enamorado alguna vez antes de conocer a Nicolás?

-No. Jamás me había enamorado. Creo que Emma tiene algunos aspectos que coinciden completamente con mi vida. Lo charlamos con la autora, Érika, y le di mucha data de mi vida personal para hacerle un aporte al personaje. No sé si esas confesiones tuvieron algo que ver para el armado de los guiones, pero coincide que es la primera vez que se enamora la protagonista en la ficción y es la primera vez que me enamoro yo en la vida real.

-¿Y por qué pensás que no te enamoraste antes?

-Me parece que los romances de heterosexuales tienen más chances de madurar con el tiempo. Se viven a la luz, con total libertad. En cambio, para una chica trans las relaciones suelen ser ocultas y fugaces. Esconden tanto a sus parejas que muchas veces no lo sabe ni la familia.

-¿Eras de las que pensaban que el amor de tu vida estaba en alguna parte del mundo y no llegaba?

-No, nada que ver. Yo tuve varios noviecitos que me duraban tres meses y pensé que nunca me iba a enamorar. Es más, todas mis amigas me contaban que estaban locamente enamoradas. Llegué a pensar que había algo raro en mí, porque no me pasaba. En un momento me convencí de que el amor no era para mí. Hoy por hoy tengo como una dualidad: por un lado no me gusta lo cursi, pero por el otro soy de esas soñadoras que se imaginan el beso mágico de película en el puente del Central Park.

-Y Nicolás llegó a tu vida como una sorpresa, un flechazo a primera vista.

-Me pasó lo que dicen los libros de autoayuda cuando te sugieren que tenés que soltar. Yo solté la incertidumbre. Eso de no saber si estaba hecha para el amor o si el amor estaba hecho para mí. Dejé de esperar al amor de mi vida y al otro día apareció Nico. Fue como un milagro. Apareció cuando más lo necesitaba.

-Otro detalle particular es que el segundo nombre de tu abuela es «Emma», se llamaba igual que tu personaje…

-¡Sí, es verdad! Hay como un destino, porque también mis hermanas más chicas tienen los nombres de nuestras abuelas. Una se llama Emma, y la otra Victoria. Es muy gracioso y muy loco que coincidan así. No es que me consultaron cómo ponerle al personaje, fue pura casualidad. Me enteré al leer el libro y me sorprendí muchísimo.

Los homenajes a la comunidad trans en Pequeña Victoria

En la tira, Emma tiene un grupo de mejores amigas interpretadas por las actrices transJulia Amore, Romina Escobar, Sofía Diéguez -con quien Genesio ya compartió pantalla, actuando como integrantes del pabellón trans en El Marginal– , La Payuca, y Nora Blum. Todas viven en Casa Diana, un hogar que fundó Marlene (interpretada por Osmar Núñez), la madre trans que las adoptó como hijas de la vida.

Cada detalle tiene su explicación: en principio, el hogar lleva ese nombre en homenaje a Diana Sacayán, la activista trans que fue asesinada por su expareja cuando tenía 39 años, el 11 de octubre de 2015.

Por otro lado, el personaje de Marlene Solís expresa otro homenaje encubierto: su nombre es en honor a Marlene Wayar, la consultora y asesora de género de la historia; y su apellido fue elegido en honor a la travesti más longeva, Malva Solís, quien superó ampliamente la expectativa promedio de vida de la comunidad trans, llegando a cumplir 90 años.

Finalmente, hay un homenaje que está a plena vista: la frase de la artista trans Sussy Shock, escrita en las paredes de Casa Diana. » ¿Qué soy? ¿Importa? Soy arte«, se lee. Genesio comparte el sentimiento detrás de esas palabras: «Resume todo. Demuestra que hay una necesidad de rotular a toda la gente por su orientación sexual o por su género: transexual, travesti, transgénero, todo con una etiqueta».Acepto las etiquetas en el protocolo de una investigación científica, pero para el trato en la vida diaria con un poco de sentido común alcanza

La actriz agrega que no concuerda con la necesidad de ponerle un nombre a todo, y se suma al pensamiento de que lo más importante es tratarse con respeto: «Acepto las etiquetas en el protocolo de una investigación científica, pero si es para el trato en la vida diaria, me parece que con un poco de sentido común alcanza. Me gusta que nos tratemos como personas, que es lo que somos todos».

-Una vez dijiste que para vos ser «trans» fue una liberación. ¿Sentís que es un término más inclusivo?

-Sí, es más inclusivo. Pero no fue un camino fácil; fue un aprendizaje. Hoy ya no necesito un rótulo, me siento muy bien con mi cuerpo y con mi psiquis. Durante la infancia y la adolescencia yo sabía que iba hacia un lugar que todavía no tenía nombre, no existía la palabra «trans». Y no tenía nombre porque ese destino estaba muy mal visto, se decía que ahí estaba todo lo malo, todo lo prohibido. Para mi familia yo iba por ese camino. Después aparecieron Cris Miró y Flor de la V, que me dieron un poco de esperanza, me hicieron sentir que algún día yo podía tener un espacio dentro del espectáculo. Con el tiempo aprendí a quererme y a aceptarme.

-Hablando de tu familia, has dicho muchas veces que tu abuela te apoyó más que tus propios padres

-Sí, mis papás fueron padres re jóvenes. Mi mamá tenía 15 años cuando me tuvo, y mi papá tenía 19. Y mi abuela tenía un amor desmedido por mí, y es la que me crió durante la adolescencia. Tuvo que aprender a apoyarme. Yo la escuché hablar mal de los homosexuales durante toda mi infancia. Eso era algo muy común en una señora de su generación. Cuando la pobre vio que su nieto preferido se estaba convirtiendo en nieta, tuvo que transformar ese concepto malo en algo bueno.

-¿Tenés alguna anécdota con tu abuela de esas que no se te borran más?

-Mi abuela me hizo pasar muchos papelones. Siempre digo que ella es la culpable de todo mi egocentrismo. Algo que nunca conté es que cuando llevé por primera vez a Nico a presentar a mi familia yo estaba muy nerviosa. Y ella lo agarró del brazo, lo llevó a un pasillo de la casa y le mostró una foto mía de cuando tenía 13 años. Yo era una pelota, tenía exceso de peso, el pelo muy corto y estaba con el uniforme del colegio, camisa y corbata. «Mirala a Marian cuando era varoncito», le dijo ella divertidísima. Yo me quería matar. Tenía esa cosa de humor medio ácido.

-Decís que le costó aceptar también que ibas a cambiar de género al principio

-Sí, eso sólo se logra desde el amor. Me acuerdo cuando empecé a usar calzas ajustadas para ir a bailar a los boliches. Mi abuela le decía a las vecinas: «Mi nieto tiene re buen gusto para vestirse, parece un bailarín de flamenco» y yo en realidad estaba toda producida, toda fajada y con el pelo largo hasta la cintura, empezando a vestirme como mujer.

-¿Y cómo te llevás con tus padres ahora?

-Ahora me llevo muy bien, pero durante la adolescencia fue un caos. Mi rebeldía era la misma que la de cualquier chico o chica. Pero a eso sumale el plus de mi sexualidad. Hoy está todo bien, con mis hermanas y con mis viejos.

– También se te ve feliz junto a la familia de tu marido

-Totalmente. Amo a la familia de Nico. Es como si todo hubiera conspirado para vivir este gran sueño. Estudié el traductorado de inglés hace mucho y después terminé viajando con él a Estados Unidos. Trabajé en dos obras de teatro en Nueva York. Gané un premio de mejor actriz en el marco de un festival. No fue un Oscar pero fue todo un desafío.

Viaje al 2015: la nueva pareja de Hollywood de la que todos hablan

Si hubo un momento en que Genesio irrumpió en la escena mediática argentina fue cuando su marido ganó el Oscar en el rubro de mejor guion por el film Birdman. Cuando se los vio en cámara dándose el clásico beso de festejo, muchos quisieron saber quién era la pareja del flamante galardonado.

-¿Cómo recordás hoy lo que pasó con los Oscar?

– Fue muy raro y hasta un poco incómodo. Nico ganó y al día siguiente los medios estaban hablando más de mí que de él. Y si bien lo hacían desde un lugar de respeto, me molestó que no se le diera mayor importancia al trabajo de Nicolás. En vez de destacar que un guionista argentino ganó un Oscar, lo único que resaltaban era que estaba saliendo con una chica trans. Me pareció que no era el momento.

-De repente todos querían saber de vos.

-Sì, buscaban a esa mujer trans. Claro que siempre esperé una oportunidad para ser más conocida en los medios, pero no imaginé que fuera de esa forma. Yo llegué a Buenos Aires y estaba convencida de que ser reconocida me llevaría miles de años. Pasó lo del Oscar y de la noche a la mañana se me empezó a relacionar con «la chica trans». Y sabía que me iban a llamar por ese hecho puntual. A nadie le iba a importar si estaba haciendo teatro, si tenía talento. Yo iba a los programas y sólo les interesaba ese costado.

-Entonces se puede decir que tu nuevo personaje salvó a la persona…

-Sí. Por suerte apareció Emma. Y por fin me puedo lucir yo misma y mostrarme tal cual soy.

-¿Y ya estás trabajando en nuevos proyectos?

-Voy a hacer teatro. Ya empiezo con los ensayos de una gran obra clásica, Don Juan de las calzas verdes, en el Teatro San Martín. Es un desafío inmenso. Ya estoy con ataques de pánico [se ríe]. Es muy complicado, todo en versos, hay que tener una memoria importante. No tiene nada que ver a lo que hacés en una tira. Además de estar en tremendo escenario. Son salas grandes. Estoy un poco asustada, pero súper comprometida. Es un registro actoral nuevo para mí. También tengo propuestas de cine y televisión.

-¿Volvés a sentir ese vértigo del principio?

-Y…estoy como cuando me hablaron por primera vez de Pequeña Victoria. Vamos paso a paso, viviendo el día a día. Después de firmar el contrato te cuento. Ahí me llamás y me volvés a entrevistar [risas].

Fuente: www.lanacion.com.ar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *