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Manzur y Maley

El gobernador de Tucumán, Juan Manzur, recibe golpes de la opinión pública y de las declaraciones políticas de la oposición por la creciente inseguridad que se vive en la provincia. El último caso que conmovió a los habitantes de esta tierra estropeada por la pobreza, la desocupación y la corrupción es el desolador, absurdo y brutal asesinato del sacerdote de 67 años Oscar Juárez.

El presbítero, que estaba al frente de la parroquia de San Martín de Porres, encontró la muerte dentro de las instalaciones donde concurría una gran feligresía a escuchar sus sermones cargados de conocimientos sobre la Doctrina de la Iglesia, valoraciones y propuestas de virtudes cristianas. Castro Barros al 100 el nuevo escenario de la muerte, en un Tucumán desbordado por la delincuencia de toda laya.

Más de una docena de puñaladas terminaron con la virtuosa y generosa vida de este sacerdote, predicador incansable del evangelio y que llevaba una vida ejemplar, según reconocen los parroquianos, quienes derramaron litros de lágrimas frente a este suceso irreversible. Quedaron huérfanos del magisterio de un hombre de Dios.

El rezo del rosario dirigido por el Arzobispo de Tucumán, Monseñor Carlos Sánchez, y los cánticos solemnes de los jóvenes acompañaron el dolor y la congoja de los fieles de la parroquia que tenía al padre Oscar Juárez al frente desde hace 13 años.

Frente a esta árido panorama el gobernador de la provincia, Juan Manzur, solo atinó a pedirle a la Justicia que encuentre rápido a los autores y agregó que habló con la presidente de la Corte Suprema, Claudia Sbdar, para ponerse a su disposición “en todo lo que podamos ser útiles”. Mientras tanto mantendrá en el cargo al cuestionado Ministro de Seguridad, Claudio Maley.

Manzur, un opaco reflejo del ex gobernador José Alperovich, pareciera estar imitándolo con éxito. Nada lo conmueve ni lo exalta. Siempre utiliza el mismo tono de voz y la escasa gesticulación aún en momentos complicados y difíciles.

Como reflejo de su mentor pareciera privilegiar el bienestar particular por encima del bien común. Los funcionarios solo se remueven si son infieles o no abundan en expresiones de “elogios pagados” hacia su figura. No califica ni evalúa a sus colaboradores por la fidelidad a la sociedad o por la eficiencia en sus políticas públicas. Esa no es la vara con la que se mide la gestión.

Este gobernador millonario en tierra arrasada por la corrupción y la miseria que alcanza a la mayoría de la población de la provincia, le dijo frente a un discreto “micrófono abierto” a la mismísima Ministra de Seguridad de la Nación, Sabina Frederic, que ella debía escuchar a todos y después hacer lo que se le dé la gana. El pasado 13 de Febrero de este año Juan Manzur ignoraba que acababa de hacer pública su doctrina de “nada de lo que digan los demas me importa”.

Por eso no hay que esperar nada bueno de quien pone por encima del bien común el bien particular.

De Nuestra Redacción

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