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Muros de plástico y más virtualidad: el impacto de la nueva normalidad de la pospandemia

Un padre despide a su hijo con distancia social y tapabocas para su regreso a clases, en un “aula burbuja”. Una pareja alemana se va de picnic a un parque, sin salir del círculo blanco que designa el espacio destinado para ellos. Un matrimonio en Amsterdam celebra su aniversario en un restaurante de alta gama y se sienta en un coqueto box vidriado, alejado de los demás. Un gimnasio en Los Ángeles separa las máquinas y las áreas de entrenamiento con una cortina transparente. Un párrafo digno de ciencia ficción describe un escenario real y post pandémico, que tiene a la “realidad plástica” de protagonista. 

El 31 de diciembre de 2019 no solo marcó otro fin de año, sino el fin del mundo tal cual lo conocíamos. Desde China llegaba la noticia que en la ciudad de Wuhan se habían registrado casos de una particular neumonía similar al SARS y un mes después el nuevo coronavirus tenía un nombre, SARS-Cov-2, así como también la enfermedad que causaba: Covid-19. En tiempo récord, el planeta debió adaptarse para mitigar la propagación del patógeno y a faltas de vacunas y tratamientos específicos, apeló a la antigua “cuarentena”. Ahora, para salir del confinamiento, distintos países ensayan una “nueva normalidad”, que incluye, además de pantallas, mucho plástico de por medio. 

Por el mundo circulan fotos de distintos escenarios mediados por el acrílico y la distancia. Y Argentina también piensa cómo diseñar su futuro tras la pandemia. Una de las instancias más avanzadas es el regreso a las clases presenciales previstas para después de las vacaciones de invierno en los departamentos bajo la modalidad de Distancia Social Preventiva Obligatoria (DISPO). A su vez, diversos sectores presentan protocolos para reiniciar sus actividades ¿Pero cómo nos impactará esta “realidad plástica” en el aspecto psicológico y por qué es necesario adaptarse para protegerse, según los infectólogos?

La doctora Florencia Cahn, presidenta de la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología (SAVE), explicó que “estamos en una situación con un virus altamente transmisible y una población en su mayoría susceptible a él, por lo que hasta que no tengamos vacuna o tratamiento se debe hacer un uso muy adecuado de las medidas de prevención y las estrategias que sirvan para mitigar la transmisión”.  Más allá de que por ahora queden en el camino costumbres muy ligadas a la argentinidad, como por ejemplo la ronda de mate, “hay otras que llegaron para quedarse y no están mal, como lavarnos las manos con frecuencia y no estar todo el tiempo hacinados, conductas que son útiles para prevenir otras enfermedades típicas del invierno, por ello no es casualidad que este año tuvimos una fuerte disminución de otros virus respiratorios”.

Pero esta nueva rutina “con separadores” puede provocar un impacto psicológico que dependerá de las características de personalidad de cada individuo o del sostén afectivo con el que cuente. Así lo aseguró la licenciada María Fernanda Rivas, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

“La distancia social, el encierro, el tapabocas, las separaciones con plásticos y otras medidas se presentan como formas de imponer controles a ciertos hábitos y conductas habituales de las personas, de manera que éstas quedan desprovistas de espontaneidad. Por ejemplo, la obligación de refrenar el impulso de besar, abrazar o dar la mano a alguien con quien nos cruzamos y con quien tenemos un lazo de afecto”, indicó la psicoanalista. A su vez, destacó de que como hoy “la vida cotidiana se ha llenado de perímetros virtuales, se inscribe en nuestra mente la idea de que el semejante puede ser peligroso”. Por ende, “las consecuencias psicológicas de este período de extrema protocolización de conductas podrían ser que parte de nuestro ‘yo’ ha comenzado a funcionar ‘robotizado’ y se empobrecen las manifestaciones afectivas”.

En psicología se utiliza el término “sobreadaptación” para designar la necesidad de incorporar con rapidez pautas que vienen desde el exterior sin el tiempo necesario como para procesarlas, comprenderlas y hacerlas propias. Como la situación actual se instaló casi de forma repentina, Rivas expresó que “estamos recién saliendo de la etapa de ‘estupor’ para entrar en la de ‘comprensión’ de algo de lo que sucede, lo que quizás nos permita reinventarnos y encontrar nuevas opciones”. 

“El mayor o menor impacto traumático dependerá de si nos quedamos con una sensación sólo de pérdida y añoranza, con una expectativa angustiada del retorno de la normalidad anterior, o si podemos encontrar nuevas formas de adaptación activa a un mundo en profunda transformación”, indicó la psicoanalista.

Regreso a clases

Los niños tienen las mismas chances de enfermarse de Covid-19 que los mayores, pero por razones aún no demostradas, suelen presentar formas más leves o incluso asintomáticas y así transmitir el virus. Por ese motivo, las escuelas debieron cerrar y ahora preparan la reapertura para las regiones del país en modalidad DISPO.

Florencia Cahn indicó que “la SAVE trabajó con el Ministerio de Educación para el protocolo de vuelta a clases”, que contempla una primera etapa de preapertura que consta en preparar tanto a los chicos como al personal del colegio para la nueva normalidad.  “Los niños deben saber que van a volver a una escuela diferente, que van a tener que usar tapabocas desde primer grado, que van a haber menos bancos” y que incluso se puede combinar una asistencia mixta entre presencial y virtual. “Es importante prepararlos con antelación porque el impacto puede ser grande”, dijo Cahn y advirtió que esta modalidad todavía no podrá aplicarse en el área metropolitana de Buenos Aires (AMBA) porque implicaría “un aumento de al menos 30% en el uso de trasporte público”. 

Por su parte, Rivas indicó que si bien el exceso de pantallas no es recomendable para los niños ya que puede inhibir la creatividad, “en las circunstancias que estamos viviendo, este recurso es la única posibilidad de contacto con pares que tienen algunos chicos, una forma de sostener la socialización y la continuidad del aprendizaje, por lo tanto hoy debemos tener más en cuenta sus ventajas y no sus déficits”.

Por último reflexionó que “las separaciones en distintos grupos en una posible futura asistencia al colegio o por plásticos pueden producir la sensación de temor ante los pares, por considerarlos peligrosos, incluso pueden presentarse cuadros que pueden tomar la apariencia de ‘fobias’ y tendencia al aislamiento”. Pero “si estos protocolos son acompañados de explicaciones adecuadas y del apoyo emocional de los adultos, los niños podrán incorporar con naturalidad pautas de esta índole y respetarlas”.

Reinvención de los rituales

“Hasta que tengamos una vacuna o un tratamiento, agrupar a muchas personas en un mismo espacio es un peligro. Y si bien una boda o una fiesta de cumpleaños pueden posponerse, nos preocupan los funerales, que hoy admiten muy poca asistencia. Habría que ver como podrían hacerse con todos los cuidados y con distanciamiento, porque ante una muerte, lo que se quiere es estar cerca de los seres queridos”, indicó Florencia Cahn.

Rivas, por su parte, explicó que los rituales como funerales, casamientos o cumpleaños son creaciones culturales que ayudan a procesar las pérdidas que se suscitan al pasar de una etapa a otra del ciclo vital y ellas dan cuenta de la importancia del acompañamiento y reconocimiento de los otros ante eventos conmocionantes.  “En este tiempo de pandemia, estas expresiones colectivas se encuentran ‘en pausa’. Se han encontrado formas virtuales de compensarlos y, en algunos casos, causan mucha frustración porque se comparan con lo que ‘debería’ o ‘podría’ haber sido en la normalidad. Pero considero que el daño emocional es menor cuando puede pensarse no en una pérdida sino en una ‘redefinición” temporaria’ o ‘adaptación activa’ a la coyuntura”, concluyó la psicoanalista.

Fuente: ámbito.com

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