Categorías
Noticias

Claves del «artivismo»: personas con distintas miradas buscan un mundo mejor


«¿Cómo podemos ejercer una influencia ante este panorama tan desolador?» La pregunta de Gabriela Rangel, directora artística del Malba, inició días atrás una charla por Zoom con Hans Ulrich Obrist, su par en las prestigiosas Serpentine Galleries de Londres. Se refería a los aportes creativos desde el sistema del arte para enfrentar una crisis tan urgente como la del coronavirus: la que amenaza no solo a la humanidad, sino al planeta entero.

Ese «punto de no retorno» que marca el cambio climático fue el eje del diálogo intercontinental, uno de varios impulsados en las últimas semanas por las instituciones culturales locales. Desde arteBA y Bienalsur hasta RAME, la nueva alianza de museos argentinos, se procuró dar respuestas a una inquietud central: cómo será la era postpandemia.

"El agua y la vida valen más que el litio", fue el mensaje aportado por los pueblos originarios al primer vuelo humano sin combustibles impulsado por Saraceno este año en Jujuy

El trabajo en red parece ser, de hecho, una de las claves de esta «nueva normalidad». Mientras las fronteras físicas se cierran para prevenir la expansión del Covid-19, las del conocimiento están más abiertas que nunca: muchos artistas, devenidos etnógrafos, se unen a expertos de diversas disciplinas para diseñar acciones que tengan un impacto concreto sobre el medioambiente. El trabajo de esos «artivistas» inspira a construir nuevos vínculos en un mundo que demanda un cambio de paradigma: el pasaje de la competencia a la colaboración.

Entre los más conocidos se cuentan el argentino Tomás Saraceno y el danés Olafur Eliasson, ambos radicados en Berlín, ciudad pionera en generar conciencia sobre formas de vida más sustentables. Ambos fueron convocados por las Serpentine Galleries para participar del proyecto Back to Earth («Volver a la Tierra»), destinado a celebrar sus cincuenta años con la mirada puesta en el futuro, a través de campañas ecológicas promovidas por más de sesenta artistas, arquitectos, poetas, científicos, cineastas, pensadores y diseñadores.

Tomás Saraceno en su estudio de Berlín, con la mochila que permite transportar "esculturas solares" y un paraguas diseñado para cocinar con energía solar

«¿Qué tipo de investigaciones y recursos compartidos, y prácticas de trabajo colaborativas se necesitan para dar respuestas complejas a problemas complejos?», se pregunta una de las instituciones artísticas más prestigiosas del mundo, que impulsa desde 2014 iniciativas interdisciplinarias relacionadas con la preservación del medioambiente y el impacto de las nuevas tecnologías. Los resultados pueden rastrearse en el sitio serpentinegalleries.org, que incluye una serie de podcasts dedicados al tema y da algunas claves de lo que pueden sumar los artistas al conocimiento científico: su capacidad de «imaginar y transformar» el entorno, y de mostrarnos otras formas de percibirlo.

El artista danés señala el sol, una de las obras creadas con realidad aumentada durante la cuarentena para generar conciencia sobre el cuidado del medioambiente

Escuchar o no escuchar, esa es la cuestión

«El concepto de la escucha es particularmente pertinente hoy en día, algo que tenemos que aprender en lo cotidiano», le respondió Ulrich Obrist a Rangel, mientras decenas de personas de distintos países silenciaban sus micrófonos del otro lado de la pantalla. Se refería a una de las lecciones aprendidas de su mentor, el filósofo francés Édouard Glissant (1928-2011), cuyo legado sirvió también de inspiración para la actual edición de la Bienal de San Pablo.

«Él decía que había que abogar por la ‘mundialidad’, un concepto que se aleja de la homogeneización globalizadora: un diálogo global que tuviera por objeto cambiar en base a la escucha y al intercambio con el otro, sin perder la propia identidad», sostuvo el director artístico de las Serpentine Galleries al referirse al «kit de herramientas para el siglo XXI» propuesto por este escritor nacido en Martinica y formado en La Sorbona. «Quería crear una institución que pudiera no solo hablar de las urgencias -agregó-, sino que también nos dijera cómo podemos responder a esas urgencias».

Hans Ulrich Obrist, director artístico de las Serpentine Galleries e impulsor de proyectos como Back to Earth

Esas mismas ideas inspiraron a Jacopo Crivelli Visconti, curador general de la 34a edición de la Bienal de San Pablo, a diseñar un formato expandido en tiempo, espacio y profundidad. «Lo que hemos vivido en la última década es una polarización brutal de las posiciones y un rechazo del diálogo, de la confrontación. Partimos desde el punto de vista de que es imprescindible crear una relación con el otro, por conflictiva y difícil que sea», dijo Crivelli Visconti a LA NACION el año pasado, cuando la pandemia aún no había radicalizado la crisis en Brasil. «Glissant y otros pensadores -agregó- son muy claros en el sentido de proponer una visión no monolítica, un pensamiento más rizomático, plural y diverso».

Generar un vínculo con el contexto cercano es fundamental, según el filósofo francés. «Tenemos que intentar ser más locales: viajar menos, circular menos», dijo en esa misma línea Crivelli Visconti días atrás en un encuentro virtual, convocado por arteBA para reflexionar sobre el futuro de las bienales. «Las propuestas más interesantes -agregó- responden a una necesidad local sin dejar de mirar al mundo».

"Las propuestas más interesantes responden a una necesidad local sin dejar de mirar al mundo", dice Jacopo Crivelli Visconti, curador de la actual edición de la Bienal de San Pablo, inspirado en las ideas de Édouard Glissant

El error que cometemos al hablar en plural «sin tener en cuenta las desigualdades» es algo que Saraceno señala muy a menudo. Lo hace una vez más en uno de los podcasts sobre arte y activismo disponibles en arteba.org, donde se refiere al proyecto Aerocene como «una nueva era para coexistir de otra forma».

Esa convivencia que «apunta a una ecología social, mental y ambiental» dio el ejemplo más reciente en Jujuy, a comienzos de este año, cuando el reclamo de los lugareños por la explotación del litio se elevó al cielo sobre un globo que permitió por primera vez a un humano volar sin combustibles fósiles. «El cambio climático está afectando a todo el mundo y de una forma mucho más violenta que este coronavirus. Las consecuencias van a ser mucho peores de lo que está pasando ahora», advirtió en abril a LA NACION este artista y arquitecto formado en la UBA, que ya trabajó con instituciones científicas como el MIT, la NASA y la Sociedad Max Planck.

La artista neoyorquina Joan Jonas y su obra en Moving Off the Land II, la muestra actual en Thyssen-Bornemisza Art Contemporary (TBA21)

Reciclar, generar nuevas formas de intercambio y construir acuerdos interdisciplinarios para transformar la sociedad son otras claves señaladas en los podcasts de arteBA por creativos de distintas disciplinas: el diseñador de moda Martín Churba, el estudio de arquitectura a77 y el grupo Cromoactivismo. Una tendencia que crece, según se pudo comprobar en varias obras y proyectos presentados en diciembre en Art Basel Miami, y dos meses después en Madrid, con la presentación a la prensa mundial de la muestra de Joan Jonas en la sede de Thyssen-Bornemisza Art Contemporary (TBA21).

Esta institución, que impulsa a través de TBA21-Academy «expediciones de descubrimiento colaborativo» a cargo de artistas, científicos y pensadores, cuenta con Eliasson y Ulrich Obrist en su consejo asesor. Desde la cuenta de Instagram @tba21academy advierte en estos días sobre la elevación de los niveles del mar en las superpobladas costas de Asia, lo que está obligando a diseñar ciudades para un futuro próximo. Un futuro que, también, ayudan a imaginar los artistas.Por: Celina Chatruc

www.lanacion.com.ar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *