Categorías
Noticias

Advertían que se venía un “tsunami” sanitario y evacuaron a 7.500 adolescentes en todo el mundo

Nunca lo olvidarán. Era el viaje de su vida: convivir con una familia distinta a la que no conocían antes, un nuevo colegio, una cultural diferente y una lengua que no era el español. Pero la pandemia los obligó a salir de esos países sin tiempo a despedirse de todos, para emprender la vuelta que era una odisea. Con vuelos que se cancelaban sin preaviso, fronteras que se cerraban al paso e incertidumbre en todo el mundo, la organización American Field Service (AFS Intercultural Programs) logró repatriar a 12 chicos tucumanos y devolver a sus familias a 13 extranjeros, sanos y salvos.

Una semana antes de que la OMS declarara la pandemia, la organización de intercambio cultural decidió suspender todos sus programas e iniciar un proceso de evacuación de sus participantes. AFS tenía 7.500 adolescentes de entre 15 y 17 años dispersos por todo el mundo. Entre ellos había 200 argentinos y 400 extranjeros en nuestro país. De Tucumán había cinco chicos en Italia, cinco en Estados Unidos, uno en Inglaterra y otro en Indonesia, cuenta a LA GACETA Juan Médici, director ejecutivo de AFS para Argentina, Uruguay y Brasil, junto a Mitch Thibaud, director de Relaciones Institucionales.

“Cada día significaba encontrar una solución a muchos obstáculos. Durante el proceso de crisis nuestro objetivo principal era asegurar el bienestar de los participantes y darles contención a los chicos y a los padres. Una de las cosas más difíciles fue explicar a los padres lo qué estaba pasando, cuando nadie lo sabía en ese momento, y decirles porqué habíamos tomado ciertas decisiones. Al principio ellos mismos pensaban que exagerábamos al resolver la evacuación total de los programas. Pero a nosotros nos llegaban informaciones de organismos a los que consultábamos que nos advertían que se venía un tsunami sanitario. Ahora ellos comprenden y están agradecidos, pero en esos momentos fue difícil. Había que sacar a los chicos de lugares seguros, como eran las familias donde estaban, para trasladarlos en momentos en que los gobiernos empezaban a fijar restricciones a la circulación. Hubo que hacer un proceso logístico tremendo”, reconoce Médici.

En la emergencia el trabajo de las embajadas fue clave. “El problema era que los chicos no constituían una prioridad para las embajadas por la que considerararan ponerlos primeros en los vuelos. Nos decían: ‘pero si el chico está bien cuidado, no tiene problemas de salud ni angustia económica y la organización le resuelve todo, yo tengo casos más urgentes’”, cuenta.

Desde el lado de los adolescentes se vivía todo lo contrario. Cero ganas de volver a la Argentina y nada de miedo al coronavirus. “Si hubiera podido me hubiera quedado en Indonesia”, dice maravillada Nicole Beckmann (16 años) que se ganó una beca de la institución. “Fue una experiencia maravillosa, la espiritualidad de su gente, fue muy hermoso. Al principio me costó porque me tocó una familia musulmana y chocamos un poco. Después me buscaron otra familia, pero no tenía suficientes medios económicos así que pasé a una tercera. Lo bueno aunque estuve menos tiempo conocí mucho”, cuenta.

Carla Omodeo (17) solo alcanzó a estar un mes en el pueblo siciliano de Regalbuto, Italia, cuando se tuvo que volver. Tenía que estar seis meses. “Por suerte pude disfrutar de lo mejor que fue el carnaval y las comidas”. Pedro Caram (17) debió regresar a los nueve meses de Bransom, Missouri, EEUU, donde tenía pensado quedarse un año. Daniel Leiva (17) se despidió dos meses antes de lo planeado de su familia de Kidsgrove, Inglaterra, pero aún así dice que la experiencia le sirvió para madurar y “acomodar” su cabeza. “Recomendaría a todos que si pueden la hagan ”, concluye.

Fuente: lagaceta.com.ar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *