Categorías
Noticias

Causan resfríos comunes y podrían ser decisivos en la reacción del cuerpo frente al Covid-19

Todos esos otoños, los inviernos y primaveras; todas las veces que con los mocos colgando y a la voz de “¿no tendrás una carilina?” arrojaste livianamente “es un catarro”, “una gripe”, “es alergia”. Todos los resfríos de tu vida hoy cobran sentido. Varios equipos científicos están considerando que esos cuadros respiratorios “altos” podrían ser decisivos en la eficacia con que el cuerpo responde al coronavirus. Lo que no está definido es si para bien o para mal.

Ocurre que el 30% de los resfríos comunes son causados por cuatro tipos de coronavirus, algo así como los “primos mayores” del SARS-CoV2: son una camada más vieja de la misma familia, sí, pero hay un punto en que no se parecen en nada. Cerca del 90% de la población se enfrentó a por lo menos tres de esos cuatro virus. 

Lo interesante es que el paso de estos patógenos por nuestro organismo deja una marca. Esa cicatriz inmunológica hoy cobra especial protagonismo, ya que es capaz de reconocer al menos un pedacito del virus del Covid-19. Ese reconocimiento podría ser plenamente beneficioso al momento de combatir el patógeno. Sin embargo, como se explicará debajo, está penosamente matizado por un efecto “detrimental”. 

En este punto, más de uno se estará preguntando si -además de la cuestión de la edad y las comorbilidades del paciente- esta variable (haber tenido otros coronavirus, y en consecuencia, contar con esa «marca inmunológica») explicaría un poco mejor la inentendible brecha entre el 80% de la población que transita el coronavirus casi sin notarlo, y el 20% que la pasa entre mal, muy mal o directamente no la pasa.

“La respuesta es sí”, afirmó Jorge Quarlieri, virólogo, investigador de la UBA-Conicet, en el Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y Sida (INBIRS).

Quarleri puso a disposición de Clarín cinco papers que detallan esta novedad. Todos fechados entre fines de abril y julio de este año. Dos se pueden leer en las prestigiosas revistas Nature y Cell (“SARS-CoV-2-specific T cell immunity in cases of COVID-19 and SARS, and uninfected controls”, de científicos singapurenses; y “Targets of T cell responses to SARS-CoV-2 coronavirus in humans with COVID-19 disease and unexposed individuals”, de estadounidenses), mientras que tres no fueron publicados todavía, pero son resultado de trabajos en universidades respetadas: la de San Diego (Estados Unidos), la de Berlín (Alemania), la de Erasmus (Holanda) y las inglesas Southampton y Liverpool.

“Lo que está en juego es nuestra historia inmunológica: cómo puede influenciar de forma determinante en el curso de la infección, una suerte de biblioteca que se vuelve un condicionante, dando mayor o menor énfasis a la respuesta del organismo», introdujo.

Puntualmente, «estas investigaciones hablan de cuatro coronavirus (OC43, HKU1, NL63, 229E) cuya prevalencia en la población es altísima, ya que causan resfríos comunes, que son de fácil contagio. Y la cuestión es que pueden haber generado una respuesta inmune celular adaptativa, que en este momento estaría dando una reacción cruzada contra el coronavirus”, resumió.

Antes de ir a los vericuetos del tema, un aviso parroquial, a solicitud del virólogo: “La investigadora Gabriela Turk lidera un proyecto de investigación en el Biobanco de Enfermedades Infecciosas (BBEI), dependiente del INBIRS (inbirs.org.ar). Están estudiando la respuesta adaptativa de la población argentina al Covid-19, para lo cual se necesitan muestras de sangre de donantes con sospecha de infección o infección confirmada. Es ideal que quienes puedan colaborar con el proyecto se contacten con el instituto, siempre preservando su identidad”.

Batalla celular

Volviendo a los resfríos, el cuerpo humano responde a los agentes externos de dos maneras. La sistematización quizás aburra, pero conviene seguirla para entender el fondo de la cuestión.

Está la respuesta inmune innata, “que carece de especificidad y memoria; es más bien una respuesta general a cualquier cosa extraña, como podría ser la acidez del estómago para terminar con los microorganismos de los alimentos”. Y cuando se reconoce el objetivo, cuando se visualiza un agresor, surge una respuesta inmune adaptativa, que es específica y tiene memoria. A su vez, se diferencia en dos “brazos”.

“De un lado está la respuesta inmune adaptativa humoral, que está en los ‘humores’, los líquidos del cuerpo. El ‘efector’ que lleva adelante esa acción inmunológica o antimicrobiana son los anticuerpos, proteínas solubles que viajan en nuestros líquidos. En este proceso participan los llamados linfocitos B”, detalló Quarleri.

Por otro lado hay un respuesta inmune adaptativa celular, la que nos importa ahora: “Está mediada fundamentalmente por linfocitos T, el componente que lleva adelante la acción inmunológica son células y los efectores que dan esa respuesta inmune son esos linfocitos en particular. Estos linfocitos T luego ‘ayudan’ a los otros, los linfocitos B, que intervienen en la generación de anticuerpos”.

La clave está ahí: “Lo que vieron estos investigadores es que en muchos casos de pacientes que no habían tenido coronavirus, al tomar sus linfocitos T y enfrentarlos en el laboratorio con pequeños pedacitos de proteínas del virus SARS-CoV2, la respuesta mostraba que había una memoria, como si esos linfocitos ya hubieran enfrentado el coronavirus en el pasado. Lo que pasó, en realidad, es que los otros coronavirus dejaron una cicatriz inmunológica, que en este contexto genera una reacción cruzada con el SARS 2”.

¿Se puede decir entonces que la mayoría de la población está más o menos “armada” para responder al nuevo coronavirus, en sintonía, tal vez, con el 80% de «leves y asintomáticos»? Quarleri dijo que sí, en principio, pero nada es tan lineal porque, al mismo tiempo, los investigadores reportan una reacción opuesta: un efecto adverso, “detrimental”, lo que Quarleri llamó “pecado original antigénico”.

Contracara

Esta parte es más sencilla. Según el repaso de Quarleri, “hablamos primero de un aspecto beneficioso, personas que muestran una memoria dirigida. Es decir, Juancito en los ’80 se infectó con un coronavirus de resfrío. En 2020 se enfrenta con el SARS 2. Como esos virus ‘comparten’ pedacitos pequeños de estructura, la respuesta inmune tras la agresión del segundo es rápida y enfática, por ese ‘recuerdo’ del encuentro anterior con los coronavirus del resfrío».

Sin embargo, siguió, «la macana es que podría ‘confundirse‘ e interpretar que esa agresión es otra vez causada por el agente del resfrío, lo que daría lugar a una respuesta indeseada, débil, dirigida al agresor que ahora no está pero que había roto la ‘virgnidad’ inmune. De ahí la expresión ‘pecado original antigénico’”.

Qué personas, o más bien, qué organismos ya partir de qué variables respondenhaciendo productiva esa «memoria» y cuáles se retrotraen llevando el sistema inmune hacia atrás, es lo que investigadores de todo el mundo intentan desambiguar por estas horas.

El desarrollo de una vacuna exitosa no está exento de esta problemática. “Respecto de las pruebas de vacunas en individuos con esta inmunidad, es decir, con la fortaleza de los otros coronavirus, hay quienes advierten que esos estudios podrían tener algún sesgo, es decir, que la respuesta de esas personas a la vacuna podría ser confusa”, explicó.

Al mismo tiempo, como las vacunas “imitan” artificialmente la forma natural de la infección que se intenta combatir (de modo de estimular la producción de anticuerpos), no puede eludirse el conflicto (“del cual, no dudo, los expertos que trabajan con RNA mensajero están al tanto”, subrayó Quarleri) de que el organismo reaccione yendo «hacia atrás», como si combatiera un simple resfrío. Y cometiera, entonces, el indeseable pecado original antigénico.

Fuente: clarin.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *