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Errores que cometemos como padres

«Mi mamá y mi papá no entienden que no tienen que hacer siempre lo mismo», me dice una nena de 7 años con toda la sabiduría del planeta.

En cuanto al desafío de la paternidad y maternidad responsable, tengo una buena y una mala noticia. El 90% de lo que sucede con nuestros hijos es responsabilidad de los padres. Esa es la mala, la buena: el 90% de lo que sucede con nuestros hijos es responsabilidad de los padres.

Esto es, somos responsables (no culpables, la culpa la dejo para otros ámbitos del vivir) de lo que sucede con ellos.

En el camino de acompañarlos en el tránsito del vivir, padres y madres cometemos desaciertos previsibles, frecuentes, que dañan (y a menudo mucho) los aparatos psíquicos de los pequeños.

En nombre del amor (porque ninguna duda hay que de eso se trata) hay mucho por corregir.

Mafalda le decía a Guille (su hermanito) señalando a los padres: «Vos tenés que entender, Guille, que esta gente antes de nosotros nunca educó a nadie». Y no es sencillo, claro que no.

Es cierto, no vienen con manual de instrucciones, aprendemos a medida que crecen, nos equivocamos, y es imposible no hacerlo.

El problema no son los errores de crianza, desde el amor y la mejor de las voluntades, el problema se genera cuando los padres y madres naturalizan conductas y maneras de gestionar el vínculo con sus hijos que los dañan, pero desde la negación, el desconocimiento o la resignación no dan lugar a la modificación o reparación de los errores cometidos.

En esta nota quiero hacer lista de aquellos errores más frecuentes, sin intenciones de señalar con el dedo, porque todos nos equivocamos.

Pero si me interesa aumentar la capacidad de los padres para poder modificar aquellas actitudes que dañan y provocan sufrimiento en nuestros niños.

Los hijos están absolutamente indefensos frente al accionar de los adultos. Si hacemos las cosas bien los cuidaremos, acompañaremos y llevaremos de la mano para que entren al mundo adulto con la mayor cantidad de herramientas posibles.

Si hacemos las cosas mal, generaremos sufrimientos, traumas y conflictos que les llevará mucho tiempo poder resolver.

No es sencillo, claro que no, lo digo siempre, es difícil, difícil pero no imposible.Play VideoAlejandro Schujman errores padres

«Somos un desastre como padres, no nos sale una. Somos los Tres Chiflados criando hijos, el sin-sentido común. Cuando tenemos que decir blanco, decimos negro, cuando tenemos que decir NO decimos SI. Todo al revés». Confesiones de una joven pareja de padres de niños pequeños, con dos elementos esenciales a la hora de ejercer el arte de criar: humor y mucho sentido autocrítico.

Veamos y quienes se sientan tocados por estas líneas quedan invitados a recalcular como el GPS y así cuidar a lo que más queremos en esta vida, nuestros hijos, nuestras hijas. Pasen y vean cuales son las 10 cosas que los padres no deberían hacer, pero hacen…

1- Resolver todas las situaciones que se les presentan a nuestros hijos antes que sean siquiera problema para ellos.

En este deseo primordial de que los hijos sean muy pero muy felices (¿quién no quiere tal cosa?) los padres se olvidan de dejar que se equivoquen, que se frustren, que aprendan del error. Se anticipan, van a taponar como la ardillita de la «Era del hielo» todos los agujeros que se les presentan a la hora de vivir.

Construyen el «síndrome de álbum lleno» y el resultado:

-Chicos con umbral de frustración cero

– Capacidad de espera ninguna

– A los 22 años quieren ser gerentes.

2-«Trasmitirles nuestras frustraciones en la leche templada y en cada canción»

Y qué difícil no dejarles la mochila de aquello que NO pudo ser en nuestras vidas para que ellos SI puedan. Sepamos los padres que una de las mayores cargas que tienen nuestros hijos es la de sentir que pueden «decepcionarnos». No nos oyen todo el tiempo pero no dejan de mirarnos. Y el trabajo que tienen por delante no debe ser cumplir nuestros sueños, deseos y que seamos felices. No, por favor, el desafío es intentar ellos algo parecido a la felicidad, sin que importe nuestros fracasos. Poder separar esa carga es uno de los desafíos más complejos que tenemos por delante.

3- Ponerles etiquetas

Happy Feet era un adorable pingüino protagonista de una película. Este personaje no sabía cantar, y eso lo excluía de la comunidad. Pero bailaba hermoso, y eso lo hacia diferente; único.

Y todos somos únicos, todos tenemos nuestra marca de agua, que puede ser el trampolín que nos permita volar o el ancla que nos hunda en lo profundo de una vida opaca. Los padres podemos hacer la diferencia evitando rotular a nuestros hijos y permitiendo que brillen en donde sean plenos y felices.

Manejemos los miedos que nos impiden dejarlos ser. Una vez más, cerca para cuidarlos, lejos para no asfixiarlos.

4 –Tomar la palabra por ellos

Pregunto en el consultorio: «¿Qué tal las vacaciones?» Miro al pequeñín, la madre al lado. «La pasó genial, pero algunos días se portó muy mal». Tarjeta amarilla para la mujer, que tiene prohibido hablar el resto de la sesión salvo que yo le dé una pelotita que uso para tales fines.

Padres y madres que se anticipan, en una vorágine ansiosa, a la palabra de sus hijos. Hijos que por supuesto, se inhiben frente a mamá o papá tornado.

La tarea: «La lechuza hace shhhh», como cantábamos en el jardín, y dejamos que ellos tomen la palabra y construyan su identidad.

5 -Resignarnos a que estos son los tiempos en los que nos toca ser padres y sentir que nada podemos cambiar

Una de las cuestiones más arduas en la posición de los padres estos últimos años tiene que ver con la naturalización de distintos disparates que se han instalado en la cultura de los adolescentes.

«Todos toman, todos van, todos fuman» y tantas trampas más de estos tiempos líquidos que hacen que nuestros jóvenes queden en una cornisa más que peligrosa.

Parecen hombres y mujeres, pero siguen siendo chicos, y nos precisan firmes y amorosos, cuidándolos y diciendo que NO cuando es preciso.

6- Ser «cancheritos arrepentidos»

El maravilloso Hugo Midón decía en la voz de papá Fernández en la bella obra La familia Fernández: «Chicos, se van a la cama sin postre». Pero le daba pena y un minuto después se oía: «Acá está el flancito». Y los hijos le cantaban: «Sos como padre un cancherito arrepentido, que dice NO y después dice SI».

Si dejamos sin efectos los límites que nosotros mismos ponemos, por hartazgo, cansancio, pena o impotencia con un: ”Dale, hacé lo que quieras, total…” Entonces, los dejamos solos con un poder mucho más grande que el que pueden manejar.

Sostengamos los límites en el tiempo; ordenan, dan pautas, esto NO pero todo esto otro SI , y los hijos agradecidos.

7-Ser padres «copados»

A los padres se les ha caído una letra en el último tiempo. Se ha escapado la letra D y esto los transforma en pares.

Ser «amigos» de nuestros hijos no nos hace padres copados, nos transforma en padres y madres patéticos, que avergüenzan a sus hijos y los alejan de la posibilidad de tenernos como referencia para crecer. Nos precisan padres, no amigos, así de complejo, así de sencillo.

8-Taponar sus emociones

Educar el libre y saludable fluir de las emociones es uno de los ejes más importante de la crianza. Muchas veces los adultos por las urgencias cotidianas taponan las manifestaciones espontáneas de los hijos.

«No estés triste», «no te enojes», «secate las lágrimas y anda a hacer la tarea» y otros hits.

Que estén tristes cuando sea momento, que hagan lugar al enojo, (sin lastimarse ni ellos ni a nadie) que aprendan a que las emociones fluyan libremente y hagamos lugar los adultos a que nuestros hijos aprendan a identificar emociones y a canalizarlas saludablemente, el desafío.

9- No prestar atención a las señales que nos dan cuando algo grave les sucede

Los hijos siempre dan señales antes de comenzar un proceso depresivo, un cuadro adictivo, o cualquier trastorno importante. Pero muchas veces los padres están pendientes de que el cuarto este ordenado, el boletín de calificaciones al día y dejan de escuchar lo importante porque lo urgente lo tapona e invisibiliza. Ojos y oídos abiertos, nuestros hijos nos precisan.

10- Gestionar los conflictos entre la pareja de padres con los hijos como testigos o mensajeros

Del decálogo creo que esta es una de las armas más filosas que tienen los padres. El sufrimiento de los hijos cuando padre y madre tironean, pelean una y otra vez y los llenan de mensajes espantosos respecto del otro progenitor es inconmensurable.

«Deciles a mi papá y mi mamá que no se peleen más, me quiero morir cada vez que se gritan por teléfono. Si tanto me quieren que dejen de tratarse así».  6 años y todo el dolor.

¿Clarísimo, no?

Y se va terminando esta necesaria aunque dolorosa lista de errores en el arte de criar. Y no es poco entender y verse identificado en alguno o varios de estos ítems.

Respiremos hondo y veamos qué podemos hacer distinto, qué podemos cambiar, qué podemos intentar para que el vínculo recupere el disfrute que quizás quedó debajo de la montaña de reproches que a veces nos hacemos sin sentido, o de la vorágine en la que vivimos que nos impide cuestionarnos nuestro trabajo de padres..

De nada sirve la queja si nada hacemos para modificar aquello que nos preocupa o angustia.

Pedir perdón es una buena manera de empezar, decirles a nuestros hijos las cosas que nos resultan difíciles de manejar, pedir ayuda profesional, intentar que algo distinto suceda.

Y disfrutar, sobretodo disfrutar la maravilla de verlos crecer, y nos seguiremos equivocando, no nos castiguemos por eso, simplemente intentemos no repetir viejos errores.

Una vez más, y ahora con más fuerza que nunca, difícil pero de ninguna manera imposible.

*Alejandro Schujman es psicólogo especializado en familias. Autor de No huyo, solo vuelo: El arte de soltar a los hijos, Generación Ni-Ni, Es no porque yo lo digo y Herramientas para padres.

Fuente: clarin.com

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