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Las 72 horas de Guzmán con el Presidente, Cristina y Blackrock para cerrar el acuerdo


No fueron 24 horas de sobresaltos sino algo más de 72.
 El acuerdo final por la deuda externa atravesó una arriesgada montaña rusa el fin de semana pasado, que terminó en la madrugada del martes. Pasó del congelamiento presidencial de las negociaciones, el viernes a la noche, a las amenazas de ruptura un día después. Se reactivó luego con conversaciones entre Martín Guzmán y Alberto Fernández hasta la madrugada del lunes en la Quinta de Olivos y avanzó luego de una visita relámpago del ministro, el lunes, a la vicepresidenta Cristina Kirchner. La última milla -ya virtual- la recorrió Guzmán a las 2.40 am del martes junto con la representante del fondo Blackrock.

Sin la adhesión necesaria de los bonistas para activar las Cláusulas de Acción Colectiva y arrastrar a todos, el comunicado de extensión de las negociaciones estaba listo el viernes a media tarde. «¿Cuándo cumple años Clarín?», ironizó una fuente en el Palacio de Hacienda para no confirmar la fecha de prórroga directamente. Ese diario se fundó un 28 de agosto. «Frená todo», le dijo telefónicamente Fernández esa noche a Guzmán. El ministro acató. Ese primer movimiento generó optimismo entre los fondos de inversión, que creyeron ver en esa movida la decisión del Gobierno de mejorar la oferta tras una adhesión que entonces rondaba el 35%. «Van a arreglar este finde», dijo uno operador. Apostó: US$54,5 a US$ 54,9 por cada 100, sería la oferta final.

Las primeras horas del sábado dejaron entrever que el Ministerio de Economía todavía analizaba la posibilidad de extender la negociación a último momento, el lunes. Sin embargo, ya entonces comenzó a crecer un temor que se expandió durante el domingo. Dada la «imperturbabilidad» de los bonistas privados, el Gobierno podía pedir un standtsill (un paréntesis temporario acordado entre las partes) y encarar directamente negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por un nuevo programa sin cerrar el acuerdo con los privados. El optimismo entre los acreedores dio paso al pánico. «No pueden ser tan irresponsables», se quejaron allí. Negaron la posibilidad de otorgar un standstill y comenzaron a hacer oir las amenazas por la posibilidad de una aceleración de la deuda o cross default. Algunos intuían en el movimiento oficial la intención de generar presión para lograr adhesiones de último momento.

Las advertencias desde ambas trincheras aceleraron los contactos. Esa misma tarde se profundizaron los encuentros -vía Zoom- con varios fondos de inversión, todo luego de las reuniones de trabajo que mantuvo Guzmán con su propio equipo, en las que estuvieron, como siempre, el secretario de Finanzas, Diego Bastourre; el encargado de la relación con el FMI, Sergio Chodos, y el subsecretario de Financiamiento, Ramiro Tosi, entre otros. El contacto más importante, con el fondo que dirige Larry Fink, ya se había concretado.

El ministro de Economía estuvo hasta la una de la madrugada del lunes en la Quinta de Olivos con el Presidente analizando todas las opciones y los pedidos de los privados. Ambas partes deberían ceder para que hubiera un acuerdo. En el Palacio de Hacienda afirman que se desempolvó una opción de agosto para sumar valor sin ceder en las quitas de capital y en el cupón (tasa de interés) promedio: las fechas de pago, dentro del mismo año presupuestario. Los acreedores bajaron sus pretensiones, aunque por allí algunos también reclamaban la autoría de la idea que acortó las diferencias. Los estudios de abogados White & Case y Cleary, Gottlieb, Steen & Hamilton ya venían trabajando en un acuerdo sobre las diferencias en los indentures (los contratos de cada bono).

Ese lunes, Guzmán visitó a Cristina Kirchner en su departamento de la calle Juncal, en Recoleta. Las versiones de un posible arreglo comenzaron a crecer fuertemente, sobre todo entre los acreedores privados. El Palacio de Hacienda no desmentía la posibilidad. Guzmán participó de un encuentro virtual con Máximo Kirchner y Sergio Massa, diputados del Frente de Todos. Habló de acercamiento, pero no confirmó el acuerdo. Entrada la tarde, en Casa Rosada, se encontró con el ministro del Interior, Wado de Pedro, con su par de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, y con el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, con el objetivo de facilitar créditos no reembolsables a las provincias en el contexto de la pandemia.

Para esa hora, los tres comités de acreedores -con la carta en la mano para bloquear cualquier canje oficial- anunciaban por lo bajo la salida de un comunicado conjunto hablando de un «entendimiento preliminar». Para los negociadores oficiales ya era más que preliminar, pese a que preferían mantener la cautela en público. Se trabajaba entonces en consensuar la letra chica del acuerdo. A eso de las 22, el comunicado de los privados ya estaba en manos de Guzmán. El ministro revisó cada punto y coma y se trabajó cuidadosamente también la estrategia de comunicación. El Gobierno debía salir primero. Luego, los acreedores.

Guzmán y Chodos trabajan en la madrugada del Palacio de Hacienda
Guzmán y Chodos trabajan en la madrugada del Palacio de Hacienda

Chodos y Bastourre acompañaron, en el Palacio de Hacienda, a Guzmán toda esa noche de coordinación entre más de 50 fondos de inversión privados. El retraso también estuvo en los detalles: el ministro buscó asegurar que la forma de agregar valor a la propuesta de la Argentina no generara obstáculos administrativos en el futuro. «Era clave que dentro del esquema del adelantamiento de las fechas de pago que se terminó acordando se pudiera asegurar que mecánicamente se pudieran realizar los pagos sin mayores inconvenientes, teniendo en cuenta las características propias de enero en la Argentina y evitando que caiga en la primer semana», contaron fuentes oficiales. Finalmente, se optó por elegir el 9 de enero.

A las 2.40 de la madrugada del martes se hizo un zoom con los fondos que encabezaban la resistencia. Estuvieron Jennifer O’Neill, por BlackRock, -calificada como «profesional, creativa y constructiva» por el ministro de Economía- e Ian Glastein, por Monarch. Con ellos se cerró el acuerdo final. Apenas pasadas las 3 de la madrugada se difundió el comunicado (el mercado en Londres ya estaba por abrir). «No comí, laburamos hasta las 4 y a las 7 estaba arriba de nuevo. Ahora hay que hacerlo pasar», contaba a la mañana un negociador que estaba allí esa noche.

A las 18.30 del martes, luego de que los focos se apartaran del Presidente, Guzmán dio una conferencia de prensa. «Esta madrugada hemos alcanzado un acuerdo con un grupo mayoritario de acreedores de la Argentina», comenzó el ministro de Economía.Por: Francisco Jueguen

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