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Dólares en el colchón antes que en el banco

Los repetidos casos de entraderas y violentos robos en hogares recuerdan a diario lo riesgoso que puede ser guardar en casa los ahorros de toda la vida. Dejarlos en cajas de seguridad ultra vigiladas es más tranquilizador, aunque también costoso. Mucho más barato es tener los dólares depositados en un banco. Y sin embargo, en los últimos 12 meses, los argentinos evitaron a toda costa esa opción. Desconfiados, retiraron una impresionante cantidad de «verdes» de sus cuentas, los llevaron al «colchón» o a cofres alquilados, y ahí los dejaron.

Se está cumpliendo un año del batacazo que, en las elecciones primarias del 11 de agosto de 2019, adelantó que los K volverían al poder. Tras ese resultado, el dólar se disparó, estalló una nueva crisis y gran cantidad de ahorristas, por temor a un «corralito», hizo largas colas en los bancos para llevarse sus ahorros -lo que, en Argentina, equivale a decir «sus dólares»-.

Aunque el sistema soportó sin colapsar esa corrida, fue muy intensa. De los US$ 32.570 millones que la gente tenía depositados el día de las PASO, al asumir Alberto Fernández el 10 de diciembre quedaban sólo US$ 18.042 millones (44,6% menos). Lo llamativo es cómo continuó la secuencia. Porque la calma financiera de a poco regresó, pero los depósitos no: cayeron otro 4,5%. Ahora quedan poco más de US$ 17.200 millones, según datos del Banco Central.

Así, en estos 12 meses entre las PASO y la semana pasada, la población redujo casi a la mitad (un 47,1%) el ahorro en dólares que tenía en cuentas y plazos fijos. La disminución, según calculó Clarín, ocurrió a un ritmo de US$ 29.593 por minuto o US$ 493 por segundo​, con el gran pico entre agosto y noviembre de 2019.

“En el último año, la gente retiró casi la mitad de los dólares que tenía depositados. Pero esa es sólo una parte de la película. La otra es que también se llevó prácticamente todos los billetes que le dejaron comprar: esos tampoco los dejó en el sistema”, apuntó Gabriel Caamaño Gómez, economista de la Consultora Ledesma.

Esa «otra parte» cobra relevancia porque, aun con el tope de US$ 200 por mes y el «impuesto PAIS» del 30%, los dólares adquiridos por la vía oficial vienen siendo cada vez más. Según los últimos datos oficiales, de junio, un récord de 3,3 millones de ahorristas compró moneda extranjera en el mes: casi el triple que en abril (1,2 millones) y casi siete veces más que en marzo (435 mil). Se hicieron, además, del mayor monto desde octubre pasado.

«Lo ahorrado y lo comprado, todo se fue todo al ‘colchón’, a cajas de seguridad o al exterior, y ahí sigue», remarca Ledesma. La gran pregunta es por qué. Y aquí los analistas aluden a los viejos «traumas» que la crisis post PASO hizo recordar, y a una desconfianza que esta vez no se fue junto con el pánico, sino que quedó instalada. Un permanente vivir a la defensiva, «por las dudas» de que una nueva crisis inesperada -por enésima vez- nos sorprenda mal parados.

“La aversión a tener dólares depositados, así como las brechas cambiarias, muestran que este gobierno no ha logrado revertir la desconfianza que el mercado le tuvo ya desde la previa. Al resistir semejante corrida, el sistema probó su solidez: todos los que quisieron pudieron llevarse sus dólares. Y pese a eso, la gente siguió a la defensiva, como si aún creyera posible que una medida inesperada le impida acceder a sus ahorros. Hay un temor de índole jurídica”, considera Ledesma.

Mariano Otálora, director ejecutivo de la Escuela Argentina de Finanzas Personales, coincide: «Muchos dólares se fueron de las cuentas a la vista al ‘colchón’ o a cajas de seguridad, y un año después el Gobierno aún no ha podido generar las condiciones para que reaparezcan».

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El síntoma más claro es el auge que vive el negocio del alquiler de cajas de seguridad, que desde las PASO están a pleno, tanto en los bancos mismos como en empresas especializadas en resguardo de valores.

Hausler, una de estas últimas, está sin disponibilidad y con lista de espera en el Microcentro. Su sucursal de Belgrano, inaugurada en diciembre, tiene ya el 90% de los cofres tomados. En Pilar están al 80% y aceleraron el plan para abrir más sedes. «Sigue muy alta la demanda», confirma a Clarín Jorge Gatto, el CEO de esta firma, que cobra desde $ 2.178 al mes por las cajas más chicas (10x15x60 cm).

Con los cofres que ofrecen los bancos, sin el requisito de explicar lo que se guarda en ellos, el panorama es similar. El Santander informa una ocupación de «cerca del 100% o con lista de espera» en el AMBA, y de más del 80% a nivel país, que se mantiene estable. En junio, el Ciudad tuvo 87% de ocupación (vs. 78% de un año atrás) y las locaciones crecieron 14% interanual.

Las del Hipotecario estuvieron tomadas en un 90% este año: «La demanda se mantuvo prácticamente inalterada», cuentan en esa entidad, que cobra entre $ 8.200 y $ 15.000 anuales por el uso de una caja, según su tamaño. «El año pasado la ocupación llegó al pico y se mantuvo entre el 92% y el 96%. Tenemos sucursales con lista de espera, y se da prioridad a clientes conocidos», agregan fuentes de otro banco privado.

Por supuesto que la pandemia, la cuarentena y la nueva crisis no contribuyeron a que la gente vaya al banco, y menos a depositar sus billetes verdes. Otálora, sin embargo, guarda cierto optimismo respecto del futuro próximo.

«En los últimos meses los depósitos no han caído tanto. Se estabilizó. Lo esperable sería que, en la medida en que la situación sanitaria se normalice, los dólares empiecen a volver al sistema. Será así cuando la gente, tras largos meses de consumo reprimido, salga a gastar ahorros ante oportunidades. Por ejemplo, para adquirir vehículos importados o invertir en la construcción», cierra.

Fuente: clarin.com

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