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La gestión del cambio, la clave de las universidades en pandemia

El covid-19 obligó a muchas industrias y sectores a readecuarse de cara a la “nueva normalidad”. En este contexto: ¿la educaciónsuperior es capaz de responder a las necesidades actuales? Las universidadesdesempeñan un papel fundamental en cualquier perspectiva de desarrollo del país.

Sin embargo, los números son alarmantes: la pandemia afectó a 23,4 millones de estudiantes universitarios y a 1,4 millones de docentes en América Latina y el Caribe (IESALC-UNESCO). Según la International Association of Universities, dos terceras partes de las universidades del mundo pasaron sus clases a la virtualidad para asegurar continuidad educativa, y nuestra región se caracterizó por haberlo hecho de manera homogénea, completa e intempestiva.

“Las Universidades tienen el desafío central de la reflexión pedagógica con coordinación y sentido. Es clave la gestión del cambio: la atomización de decisiones individuales marea a los estudiantes. La centralización excesiva oprime a los/as profesores. Hay que lograr un balance que genere un rumbo practicable y un ecosistema de retroalimentación horizontal. Todos estamos aprendiendo en medio del vendaval, atravesados por la angustia y la ansiedad de la pandemia. Hay que encausar ese proceso desde la comprensión humana del trabajo docente, desde las vivencias dispares de los/as estudiantes y con una buena dosis de experimentación reflexiva, con mucho intercambio entre colegas sobre qué funciona y qué no”, opina Axel Rivas, profesor-investigador y director de la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés.

Para Marcelo Rabossi, profesor del Área de Educación en la Escuela de Gobierno, Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), “superada la cuarentena y retornando a la modalidad presencial, un desafío que enfrentará la universidad es lograr un equilibrio que le permita funcionar dentro de una modalidad híbrida, incorporando las mejores prácticas y herramientas que cada instancia, presencial y en línea, ofrecen”.

Lograr un mayor aprovechamiento de la modalidad remota para ofrecer cursos cortos de extensión más allá de los límites nacionales es otro de los retos. “El sistema universitario argentino aún goza de buena reputación académica, lo que se presenta como una oportunidad para aumentar el nivel de internacionalización de sus alumnos, el que actualmente se encuentra por debajo del 5%”, apunta Rabossi.

El sistema remoto ofrece la oportunidad para transformar el sistema universitario en un espacio más equitativo en términos del perfil socioeconómico de sus alumnos. Según estadísticas oficiales, hoy, por cada 5 estudiantes del quinto quintil del ingreso que asiste, solo 1 del primer quintil ingresa a la universidad. Al no imponerle al alumno barreras geográficas o de traslado, la educación remota debe transformarse en una opción igualadora que permita democratizar el espacio universitario aún más.

“Esto implicará reformar los programas de estudio los que, durante los dos primeros años de cursada, deberán incluir ciclos comunes para todas las carreras. Dichos ciclos, en su totalidad, deberán también ofrecerse en opción remota. Esto, asimismo, implica mejorar la conectividad en todo el país así como facilitar el acceso a internet de banda ancha a aquellas familias de bajos recursos. Por otra parte, deberá llevarse adelante un plan racional de distribución de computadoras a su costo real, y con planes de financiamiento para los alumnos universitarios con verdaderas necesidades”, continúa Rabossi.

Control de calidad

Desde el 2017 la oferta académica en línea se regula a través de un marco normativo definido por la Secretaría de Políticas Universitarias. Actualmente, cerca de 100 universidades de las 135 existentes cuentan con carreras virtuales validadas por el Estado. “Así, un desafío es profundizar el control de calidad de las carreras a distancia, tanto de las existentes como las que se supone se crecerán a partir de la experiencia que han ganado las universidades luego de haberse reconvertido para enfrentar la pandemia impuesta por la covid-19”.

Problemas financieros

Otro tema complejo es el económico. Se espera que muchas universidades privadas en la región enfrenten problemas financieros, lo que implicará su cierre definitivo o fusión con otras. El problema mayor lo enfrentarán aquellas instituciones a las que asisten alumnos pertenecientes a los sectores de menores recursos económicos.

“En la Argentina, dicho problema se verá acotado dado que el sector privado, producto de una alta regulación pública en cuanto a la habilitación de nuevas universidades del sector no estatal, presenta una cierta solidez financiera relativamente mayor a la de sus contrapartes de la región. De cualquier manera, deberá pensarse en algún tipo de beneficio o acceso a créditos subsidiados para aquellas que demuestren cierta debilidad económica producto de una caída en la demanda. En este sentido, el Estado debe pensar el sistema universitario como un todo, lo que implica evitar la toma de decisiones basada en prejuicios ideológicos”, afirma Rabossi.

Según Santiago Bellomo, doctor en Filosofía y profesor de la Universidad Austral, “la adaptación fue rápida (aunque no sencilla) porque la virtualidad no es algo extraño para el sistema superior latinoamericano. Cabe suponer que la pospandemia alentará la extensión de la virtualidad dentro del sistema”.

En este sentido, “las universidades e institutos buscarán capitalizar la experiencia recogida en estos meses, incorporando instancias acotadas de virtualidad en sus programas presenciales o transformándolos integralmente en formato híbrido o enteramente ubicuo. Esto último tendrá un impacto notable en la dinámica del sistema argentino, fuertemente caracterizado por la territorializa ción”, argumenta Bellomo.

“Estamos frente a un escenario crecientemente competitivo no sólo en la escala local sino también en la regional y global”, acota el docente de la Universidad Austral. Según datos de la OCDE, de los más de 5 millones de estudiantes universitarios que estudian fuera de su país de residencia, el 50% se distribuye sólo en 5 países (EE.UU., Inglaterra, Francia, Alemania y Australia). Los expertos anticipan impactos radicales en los sistemas superiores de estos destinos.

Precios más accesibles

“En EE.UU. varias universidades de segundo o tercer nivel temen por su continuidad y requerirán de subsidios estatales para sobrevivir, y fuertes reconversiones. No será de extrañar que varias salgan a captar nuevos mercados en nuestra región, ofreciendo estancias presenciales a precios más accesibles o programas 100% virtuales para compensar sus pérdidas. Esto se hará notar especialmente en el nivel de posgrado. De hecho, algunas universidades norteamericanas de primera línea ya están ofreciendo programas ejecutivos en idioma español en nuestro país”, sostiene Bellomo.

Queda claro que la fuerte competitividad pondrá en evidencia brechas importantes en términos de la calidad de la experiencia educativa. “Del lado del alumno, se harán sentir las inequidades residuales del sistema escolar argentino, que se habrán visto recrudecidas durante este año. A la habitual ‘mala base’ de los estudiantes más desfavorecidos se le sumará una ‘mala base’ de conectividad y preparación para el uso de tecnologías educativas. Si bien nuestro país posee niveles de conectividad a Internet muy altos (superiores al 80%), ésta suele estar vinculada al uso de dispositivos móviles y sus especificaciones no necesariamente se ajustan a las necesidades educativas”, afirma Bellomo.

Para los docentes involucrados en este proceso de reconversión, el desafío será transitar desde la Enseñanza Remota de Emergencia (ERT, por sus siglas en inglés) a una auténtica educación virtual personalizada y de excelencia. “La ERT suele consistir en un intento de traducción o réplica virtual de la experiencia presencial. Sirve para una crisis, pero no para el mediano o largo plazo. La buena educación (presencial, virtual o híbrida) supone excelencia académica y actualización pedagógica. Lo primero está asociado a la investigación y lo segundo capacitación permanente, el compromiso de acompañamiento y tiempo de preparación de clases”, explica el especialista.

Bellomo concluye que “para las instituciones, la pospandemia será un escenario de decisiones estratégicas profundas en contextos restrictivos. La economía hará sentir privaciones. Sobresaldrán aquellas organizaciones que logren un posicionamiento estratégico tal que les permita direccionar los recursos y destacarse en el escenario nacional e internacional ofreciendo una experiencia educativa diferenciada, con docentes de alta calidad pedagógica y académica. El principal activo a preservar, potenciar y estimular será, precisamente, el claustro. Los ‘fierros’ ocuparán un lugar importante pero subsidiario”.

Edgardo Zablotsky, Rector de la Universidad del CEMA y miembro de la Academia Nacional de Educación, es una de las voces más calificadas a la hora de opinar sobre la problemática educativa.“A mediados de marzo pasado, pocos días antes de comenzar el ciclo lectivo, el mundo que conocíamos fue brutalmente alterado por la irrupción del coronavirus. La migración hacia una enseñanza y aprendizaje a distancia fue indispensable, y requirió un cambio rápido y sustancial de pensamiento y de prácticas”, aclara el académico.

“Hoy, frente a la posibilidad de retornar a las aulas, el desafío que enfrentamos es complicado. ¿Cómo, preservando el necesario aislamiento social, hasta tanto sea disponible una vacuna, se habrá de dictar clases? A nuestro entender, colocar cámaras en las aulas, de tal forma que rotativamente grupos de alumnos asistan presencialmente y otros lo hagan virtualmente, atenta contra el proceso mismo de enseñanza. Por ello, en UCEMA hemos decidido considerar una estrategia alternativa: ampliar el tamaño de las aulas, a costa de reducir la cantidad de ellas, lo cual permitirá que semanalmente los cursos completos cursen materias presenciales u online, en forma rotativa”, cuenta Zablotsky.

El rol de la escuela secundaria

“El segundo desafío que enfrentamos lo constituye la articulación con la escuela secundaria. Es claro que muchos ingresantes a nuestras universidades accederán con un menor capital humano, en virtud de la crisis educativa que ha provocado la pandemia.

Finalmente, es imposible no reconocer el efecto de la crisis económica generada por la cuarentena. Es claro que muchos buenos estudiantes que hubiesen, en un escenario de normalidad, aplicado a nuestra universidad, no podrán hacerlo sin contar con apoyo económico. Por ello, en UCEMA hemos decidido enfrentar este desafío expandiendo considerablemente nuestro programa de becas, con el objeto que todo joven calificado (más de 8 de promedio en la escuela secundaria) que desee estudiar en nuestra universidad pueda hacerlo, independientemente de cómo haya afectado a su familia la crisis económica que lamentablemente nos toca vivir”, concluye Zablotsky.

Fuente: ámbito.com

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