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La retirada del país de un fondo

El rumor corre fuerte entre los grandes operadores locales. Uno de los principales fondos de inversión mundiales, y que más protagonismo tuvo en el país durante los primeros meses de renegociación de la deuda (tanto emitida bajo legislación local como extranjera) ya habría vendido la mayor parte de sus posiciones en el país. Y, en consecuencia, estaría ya casi retirado del mercado de títulos públicos de la Argentina. Se trata de Fidelity Investment, una de las casas de inversión que más participó en el país desde los 90 en adelante, y que durante los gobiernos de Carlos Menem y Mauricio Macri apostó fuerte por la deuda soberana local. El fondo ya habría vendido la mayoría de sus pertenencias, las habría llevado a pérdida dentro de sus carteras, y dejado de operar de manera importante en el mercado argentino. Al punto de haberse convertido en un actor semimarginal, y cuyas operaciones se realizan a través de terceros. Y con una orden que trae pena y nostalgia entre los históricos del mercado de capital local: “que se pierda lo menos posible”.

Según lo que se dice entre los brookers locales, este protagonista habitual de las compras y ventas de bonos en el mercado argentino, entre comienzos de junio y la primera semana de agosto, habría operado a destajo en ventas de sus posesiones locales y desaparecido desde hace unas jornadas. Las ventas, según lo que se comenta entre los operadores locales, comenzaron en sus tenencias de papeles de la Provincia de Buenos Aires y otras gobernaciones, y terminó con la deuda local a punto de ser reestructurada. Aparentemente Fidelity no esperó al final de las negociaciones, y salió de sus tenencias antes de llegarse a un acuerdo, apostando quizá a que no habría fumata blanca entre el Gobierno y sus exsocios del grupo Ad Hoc. En total, se habrían vendido unos u$s3.000 millones en su cartera de bonos combinados, en una operación que comenzó tenuemente a fines de febrero, y que se aceleró en julio. Se calcula que aún tiene un puñado de dólares en sus carteras, pero de manera marginal, y correspondientes a alguno de sus clientes que específicamente haya pedido mantener los bonos a la espera de mejores noticias.

Las primeras sospechas de la retirada de Fidelitylas tuvo la gobernación de Axel Kicillof. El fondo se había puesto firme a comienzos de febrero del año, y trabado la primera propuesta de reperfilamiento del BP21 impulsada por la provincia, y que buscaba liquidar un 30% del papel en febrero (unos u$s75 millones) y otros u$s250 millones el 1 de mayo. Fidelity se negó, bloqueó la operación y exigió que el pago al contado del 50% para aceptar la propuesta. En esos momentos, Fidelity detentaba el 16,5% del total de la emisión del bono, y comandó una embestida contra la propuesta de Kicillof liderando un bloque que también integraban BlackRock, JP Morgan el Royal Bank of Canada y el NV Group. Como el resto de los inversores, especialmente los particulares, estaban atomizados, Buenos Aires no logró llegar al porcentaje mínimo del 75% de aceptación y el “reperfilamiento” fracaso, lo que derivó en la decisión de Kicillof del 4 de febrero de pagar el vencimiento de u$s250 millones y evitar el default. Se dijo en esas jornadas que la liquidación en tiempo y forma fue una presión de Martín Guzmán sobre el gobernador, en días en los que la Nación mantenía sus pagos según el cronograma establecido y armaba la primera oferta del Palacio de Hacienda a los acreedores. Y, además, la pandemia no existía. Fue la primera pulseada real entre los grandes fondos de inversión y las autoridades argentinas, con resultado a favor de los privados. Sin embargo, en las posteriores negociaciones entre la provincia y los acreedores, la presencia de Fidelity se fue apagando, hasta llegar el dato que ya habían vendido la mayor parte de sus títulos públicos bonaerenses.

Algo similar se vivió en Hacienda. Fidelity fue uno de los fundadores del grupo Ad Hoc, compartiendo cartel con BlackRock y firmando el documento de los bonistas rechazando la primera oferta de abril que sólo logró el 18,6% de adhesión. Había sido incluso uno de los impulsores de la contratación del estudio White & Case, una de las casas especialistas en reestructuración de deuda y defensa de los acreedores; y de los pocos fondos que presentaban planes alternativos a la oferta argentina. Sin embargo, también comenzó a diluirse su actuación en el grupo y para fines de julio, el protagonismo era ya para BlackRock, Ashmore, Autonomy y similares. Finalmente, firmó el documento conjunto de Ad Hoc y Exchange Bondholders del 6 de agosto, donde los dos grupos bendijeron su adhesión al acuerdo final; con lo que se confirmó que aún detentaban alguna tenencia de deuda en dólares emitida bajo legislación internacional, ya no hubo mayores novedades de su participación. Lo que se supone en el mercado local es que sus posesiones en el mercado argentino son ya marginales, y que se delegó su representatividad en Templeton y PIMCO, los principales fondos de inversión que aún mantienen títulos públicos emitidos bajo legislación local.

Fidelity es una de las mayores empresas de manejo de activos financieros de ciudadanos y mutuales norteamericanas. Y de las más clásicas. Fue fundada en 1946 en Boston, Massachusetts, por un histórico Edward C. Johnson II; y hoy maneja unos 1,5 billones de dólares. Y que, en uno de sus opciones de carteras de mediana exposición, apostó durante décadas por los títulos públicos locales. Fue uno de los protagonistas principales de la gran expansión de la emisión de deuda soberana argentina de los 90, lo que derivó en que se convirtieran en interlocutores habituales en las conversaciones para salir del default en el llamado del canje de 2005. Eran comunes las largas jornadas negociadoras entre los ejecutivos del fondo y Guillermo Nielsen, el viceministro de Economía de entonces, lo que luego derivó en que Fidelity sea uno de los primeros en aceptar la propuesta del Gobierno de Néstor Kirchner.

La estrategia de desprenderse de activos como los bonos argentinos no tendría que ver directamente con una desilusión particular con el país, sino con un cambio de rumbo general luego del estallido de la pandemia en el mundo. Según aclara la página del mismo fondo, su mayor exposición está concentrada en acciones de empresas de cotización abierta, distribuido en un 15% en tecnológicas, y 14% finanzas. Según la agencia Bloomberg, por región geográfica, sus exposiciones actuales más grandes se encuentran en América del Norte (81,5%) y Europa Occidental (9,5%), con lo que su apuesta latinoamericana sería ahora más que marginal.

Fuente: ámbito.com

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