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Falta educación financiera

Lo mejor del producto «tarjeta de crédito» es la parte de la tarjeta. Lo de crédito mejor mirarlo con cuidado. La tarjeta nos saca de apuros en más de una ocasión. Pero más allá del juego de palabras, financiarse con la tarjeta, o como se ha mencionado tanto en estas semanas, hacer rollover de vencimientos, puede terminar siendo un dólar de cabeza para las personas que no tienen ejercitado el músculo de la buena conducta financiera.

El problema con las tarjetas de crédito es que las tasas de interés que cobran los bancos suelen ser “picantes” por decirlo suavemente. Y el nivel de tasas está asociado a un montón de variables: si la tarjeta está asociada a una cuenta sueldo, si forma parte de un paquete de productos; pero sobre todo a que con la tarjeta la gente -dentro de ciertos límites- hace lo que quiere, y entre esas cosas, endeudarse cuando uno quiere. Y pagar como uno quiere. Esas facilidades tienen un costo.

La financiación con tarjeta es mucho más cara que si uno quisiera financiar el mismo saldo deudor con un crédito personal. Entre otros motivos, porque el cliente que toma ese crédito tiene establecidos de entrada plazos y montos de cuota. Esa certeza le baja el costo al crédito. A cambio, el deudor sabe fehacientemente que tiene que apartar un monto conocido de dinero para pagar esa cuota.

Con la tarjeta, en cambio, el usuario va pagando lo que quiere, mientras puede. Esa libertad de acción se paga.

Lo que ocurrió con la pandemia-cuarentena es que muchas cuentas familiares sufrieron un descalabroimportante. A eso se suma la poca educación financiera que -en promedio- tienen los usuarios argentinos. El argentino promedio es rápido para el puré del dólar oficial pasado a dólar blue, pero desprolijo para manejar su deuda personal. El pago del saldo mínimo es un alivio pasajero, a cambio de acumular más deudas, que devengan intereses a una tasa muy alta.

La realidad de los vencimientos llega. Y eso obliga a un fuerte recorte de gastos o a buscar una salida menos dolorosa, como un crédito personal.

No hay soluciones fáciles cuando los apremios económicos de millones de hogares aún no pudieron recomponerse.Cada familia deberá procesar a su manera su propio ajuste del gasto.

Fuente: Clarín.com

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