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Manzur de turismo por «El Sifón»

El Gobernador de la provincia de Tucumán, Juan Manzur, fue al asentamiento conocido como «El Sifón» que recibió hace más de una década el nombre de Juan Pablo II.

Estos lugares que se multiplicaron en los últimas dos décadas en nuestro país. En Tucumán hay varios asentamientos precarios. Son espacios de baja urbanización, informalidad laboral y precariedad habitacional. Hay familias sin baño y sin acceso a la red pública de agua potable. Las gran mayoría trabaja haciendo changas, de donde obtienen diariamente su escaso sustento. Las adicciones crecen indefinidamente, al igual que la prostitución. El Estado para ellos es un ficción.

Allí fue el gobernador para demostrar preocupación por los 12 casos positivos de coronavirus. Algo de por sí preocupante. Y es una buena noticia que Juan Manzur haya ido. Pero la cuestión central es que no registró la realidad dramática de esa barriada pauperizada. Ni asumió el compromiso de cambiar esa penosa y angustiante realidad.

El mensaje que se llevó hasta ese lugar fue que deben tomar la prevenciones de bioseguridad para evitar contagios de Covid-19: uso de barbijo, distanciamiento social, lavado frecuentes de manos y sanitización de superficies. Qué ironía.

En ese barrio muchas familias no tiene conexión a la red pública de agua potable, muchas no tienen ni siquiera baño (utilizan el de los vecinos), les resulta imposible el distanciamiento social porque viven en una situación generalizada de hacinamiento, y el alcohol en gel es económicamente inalcanzable porque no tienen asegurada la alimentación diaria. Del uso del barbijo ni que decir, no lo podrían mantener en las condiciones higiénicas necesarias.

El gobernador Manzur fue por unos minutos al Caps Eva Duarte y regresó a sus comodidades de magnate. Seguro que el nombre del centro asistencial más las prebendas preelectorales se asegurarán un buen resultado electoral en 2021.

Una vecina se quejó porque «estamos a siete cuadras del Caps y todavía no vino nadie para explicarnos la situación y repartir elementos de seguridad e higiene».

Otra mujer del barrio afirmó que a media cuadra de su casa llevaron a una personas con síntomas de coronavirus, pero a ninguno de los vecinos les tomaron la temperatura. «Somos pobres vivimos a la par de las vías pero no somos animales: que nos digan qué ocurre y cómo debemos manejarnos» agregó.

Los vecinos afirmaron que si tienen que quedarse en sus casas, no tendrían los alimentos porque la mayoría son changarines. Otras mujeres son empleadas domésticas y con su trabajo sostienen a sus familias.

Una vecina del barrio afirmó que ella es diabética y que su marido sufre hipertensión, y que no había recibido el alcohol que distribuyeron en algunas cuadras.

Finalmente, otra vecina se quejó porque los casos de coronavirus crecieron pero a su familia no le tomaron la temperatura y estaba asustada.

Visitar un barrio con semejante realidad adversa preocupado por los contagios de Covid-19 es necesario pero absolutamente insuficiente. Estas realidades demuestran que la pobreza y la miseria son cuestiones sanitarias también, como lo dijo el gran sanitarista argentino Ramón Carrillo. Lo sabrá el sanitarista que gobierna la provincia?

De Nuestra Redacción

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