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Conmovedor gesto de una enfermera que dejó a un joven despedir a su madre

Florencia Rumi (38) permitió al chico abrazar a su madre antes de partir. Le dio el traje especial y tomó todos los recaudos para que pudiera estar con ella en el instante final. La historia abre el debate sobre la falta de protocolos existentes para garantizar “el derecho al último adiós” a los familiares.

Desde hace más de cinco meses Florencia pelea en el Hospital Rossi de La Plata en contra del COVID-19. En medio de sus extenuantes días de trabajo donde el cansancio físico, mental y emocional golpea al personal de salud, se detuvo para ocuparse de un joven atravesado por el dolor de la pandemia.

Sobrepasada por la situación pero conmovida por el duelo, hizo lo que tenía a su alcance (y más) para reconfortar la pérdida de un joven que tenía a su madre enferma y que, además, estaba haciendo el duelo por la reciente muerte de su padre.

Florencia lo contó en Twitter. Y su historia se hizo viral.

“Hoy me tocó recibir una paciente con Covid+, entró a terapia pidiendo que se comuniquen con su hijo, la calmé y le dije que yo misma lo llamaba, fue lo último que dijo antes de conectarle un respirador”, empieza su relato.

“Después de estar casi dos horas trabajando con ella, por fin salgo de la habitación y preparo sus pertenencias porque el hijo, al cual ya habían llamado, estaba afuera esperando por el celular, unas pastillas y una SUBE de su madre”.

“Abro la puerta y era una pibito, una humildad tremenda, con los ojos llenos de lágrimas me dijo que venía a buscar lo que quedaba de la mamá. Le dije que estaba con un respirador y le expliqué por qué y qué se podía esperar… me pidió disculpas por llorar: ‘vengo de cremar a mi viejo’”, le contó el joven en pleno duelo.

”Me clavó un puñal tremendo”, admite Florencia. “Desde que lo internamos no supimos más nada y solo nos llamaron para decirnos que había muerto… que teníamos que ir a buscar el cuerpo”, continuó el joven sobre la muerte de su padre.

Indignada, hace una pausa y se pregunta: “¿No aprendimos nada de esta pandemia?”.

Florenia Rumi trabaja desde hace 17 años como enfermera y pasó por distintas instituciones. Hoy cumple su labor en Terapia Intensiva del Hospital Rossi adonde llega cada día a las seis de la mañana. Ama su profesión y jamás pierde su espíritu de servicio, inclusive en situaciones difíciles. Está casada y tiene dos hijos.

Se convirtió, sin buscarlo, en un ejemplo de la sensibilidad que no se debe perder. La historia abre el debate sobre la falta de protocolos existentes para garantizar “el derecho al último adiós” a los familiares, como sucedió hace uno días con Solange, la joven enferma de cáncer que su padre no pudo despedir.

“Lo hago público porque me hago cargo, lo dejé pasar a ver a su madre”, explica. Con los cuidados necesarios lo vistió con todos los elementos de protección y lo acompañó. “Que le dé la mano y le hable, aunque quién sabe si ella escucha, yo quiero creer que sí. Es inhumano no despedirse”.

“Lloré por dentro”, reconoce sensibilizada por los hechos. Y continúa con su descargo en redes: “Yo humanizo y que venga alguien a decirme lo contrario”.

La legislatura porteña tratará mañana el proyecto de ley, impulsado por la legisladora por Córdoba Leonor Martínez Villada, que busca “avanzar en la humanización y permitir realizar el último adiós a sus seres queridos afectados por la pandemia”, expresó un comunicado del bloque de la CC, que integra la coalición opositora Juntos por el Cambio.

Distintas organizaciones como el Conicet y la Red de Cuidados, entre otras, buscan elaborar un programa especial para este tipo de situaciones.

Infobae pudo constatar que el Hospital Rossi diseñó un protocolo para terapia intensiva. Florencia es clara en lo que piensa respecto del último adiós. “Durante la carrera nos enseñan la distancia, el manejo de la empatía, del dolor ajeno, pero sabés que no es así, porque un ser humano sufriendo es muy difícil que no te afecte. El tema es qué podés hacer vos para aliviar desde tu lugar. Eso es inmenso e impagable y te acompañará siempre”.

ambién muestra el costado más humano de los enfermeros: “Son profesionales que cuidan, y no soy la única que lo hace, sé que muchos de mis colegas hacen lo mismo de manera invisible”.

Frente a la repercusión de sus posteos, Florencia explica que no responde los mensajes porque no puede tener el teléfono mientras trabaja por los estrictos protocolos de la pandemia. Pero escribió sus sensaciones hace unas pocas horas en Twitter. “La verdad es que no estoy acostumbrada a todo esto, mi cel no para de sonar. Una locura, estoy feliz de la respuesta de tanta gente, pero prefiero continuar así, anónima y agradecida”.

Fuente: Infobae

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