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Nación niega trabas en la importación de autos

«No hay ninguna demora en la importación de autos», aseguró Kulfas al ser consultado al respecto. En su edición de hoy, Ámbito da cuenta del malestar del sector automotor brasileño por las trabas a las importaciones de 0km que está aplicando el gobierno de Alberto Fernández y que ya es un tema que salió del ámbito empresarial para convertirse en una cuestión de Estado en ese país. Su vicepresidente Hamilton Mourao, por ejemplo, advirtió ayer que el Mercosur vive un “momento complicado” y puntualizó el atraso en la aprobación de las licencias de importación por parte de la Argentina como uno de los problemas.

Tal como publicó Ámbito, la asociación que agrupa a las automotrices vecinas (Anfavea), estima que hay exportaciones de autos brasileños paradas en la frontera por unos u$s100 millones, según reveló en un artículo la periodista del diario O Globo, Janaína Figueiredo, en el que citó duras declaraciones del titular de la entidad, Luis Carlos Moraes. En esa cámara empresaria hay mucho malestar por la política que lleva adelante la Argentina a la que cuestionan por condicionar la liberación de importaciones al incremento de las exportaciones propias o de anuncios de inversión. Básicamente, el punto central de las críticas que se están realizando se centra en la decisión del gobierno de Fernández de aplicar restricciones a las importaciones ante la falta de dólares. 

Kulfas explicó al respecto: «Tenemos un mecanismo de intercambio compensado con Brasil, las terminales fabrican autos en los dos países. Estamos generando un acuerdo muy grande con las terminales, las autopartistas y los sindicatos para tener un desarrollo del sector para que tenga un nivel de intercambio equilibrado». 

Asimismo, el ministro consideró que «donde vamos a poner mucho énfasis, con mucho financiamiento a tasa subsidiada, es en la fabricación de autopartes nacionales». «En el Gobierno anterior, por falta de políticas, se fueron muchas autopartistas», insistió. 

Tal como cuenta hoy Ámbito, si bien desde el Ministerio de Desarrollo Productivo que comanda Kulfas se habla de “administración” del comercio, en la práctica funciona como un sistema de cupo. Esta palabra es muy sensible porque este tipo de medidas es contrario al acuerdo automotor con Brasil como también a las normas que fija la OMC.

Desde el otro lado de la frontera tienen claro que, más allá de la discusión semántica de los funcionarios, esa política puede encuadrarse dentro de lo que se piensa como cupo. Tanto es así, que en el entorno del ministro de Economía brasileño, Paulo Guedes, no se descarta que, en caso de no revertirse esta situación, podrían renunciar al acuerdo comercial con la Argentina,según pudo saber Ámbito de fuentes brasileñas. Esto sería –aclaran algunos funcionarios – una medida de “última instancia”. De concretarse, tendría consecuencias económicas muy fuertes ya que los autos que se importan, dentro de ese convenio bilateral, dejarían de tener preferencias arancelarias, lo que encarecería los vehículos al tener que pagar un derecho de importación del 35%.

Es cierto que esa posibilidad no parece hoy entre las más probables ya que el costo económico y político afectaría también a Brasil. Desde este país llega el 70% de los autos que se venden en la Argentina. Con un mercado como el que se espera para el 2020 de unas 290.000 unidades, Brasil pone en juego la venta de unos 200.000 vehículos. La Argentina, en general, por su falta de competitividad, no puede acceder a demasiados mercados fuera del socio del Mercosur pero tampoco este es un país muy eficiente en materia productiva por lo que no le sería sencillo reemplazar un destino como el local.

El temor de la escalada de este conflicto es que desde Brasil se empiecen a tomar represalia con medidas similares, no sólo en el sector automotor sino en otros rubros. No sería la primera vez en la larga historia de conflictos comerciales entre los dos países que esto sucediera. Cuando la Argentina o Brasil limitaron, por distintas cuestiones, el ingreso de vehículos de su socio, no pasó mucho tiempo para que el otro frenara las importaciones de vinos, lácteos o demás productos. En este tiempo, el dato que agrega mayor tensión es la relación fría y distante que mantienen Fernández y Jair Bolsonaro, algo que pondría en una posición remota la solución utilizada entre otras administraciones de apelar a una llamada telefónica de un mandatario a otro para encarrillar el tema.

Por el lado argentino, las críticas de Moraes causaron sorpresa entre algunos miembros de la asociación de fabricantes locales (ADEFA). Consideran que, pese a las demoras, las importaciones se van liberando lo que no genera un perjuicio de fondo sino operativo. Algunas empresas, en cambio, tienen una posición más dura. Esas diferencias pueden ser un nuevo foco de conflicto cuando el Gobierno, en las próximas semanas, comience a comunicarle a cada una cuál es el cupo que tienen para importar este año. En caso de haber tratamiento diferencial de una terminal a otra, sin duda va a haber polémica. Ya sucede con las autorizaciones de importación que, mientras algunas fábricas admiten no tener problemas, otras se ven perjudicadas.

Fuente: ámbito.com

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