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Bitcoin. Muchos más ruidos que nueces en el mercado argentino

La polémica por las criptomonedas aumenta pero el inversor promedio en el país tiene entre 22 y 40 años y gasta entre $1.500 y $20.000.

Una vez más, la escalada del precio del bitcoin en el inicio del año sorprende hasta a sus más fervorosos defensores. La más popular de las criptomonedas pegó otro fuerte salto en enero, cruzó la barrera de los US$41.000, récord absoluto, lo que representa una suba del 41% en estos primeros días de 2021. Considerada una inversión de alto riesgo por su extrema volatilidad, el furor por el bitcoin es muy contagioso. En medio de abruptos cambios de valor, muchas criptomonedas acompañan la tendencia registrando subas muy pronunciadas. Por caso el Ethereum, la segunda más reconocida, subió más del 70% en solo una semana y hoy ronda los US$1.200.

A 11 años de su lanzamiento, el bitcoin genera fuertes debates. Especialmente cuando cambia abruptamente su valor, con una lógica imposible de adivinar para el común. Las discusiones, principalmente en las redes sociales, son mucho más elevadas que la inversión promedio. “En general, las transacciones rondan los 5.000 pesos, pero los que recién se inician arrancan con $1.500”, explica Juan José Méndez, de Ripio, la mayor plataforma de compraventa de criptomonedas en el país.

Ripio acredita 1 millón de usuarios y es una de las pioneras en el negocio. En la Argentina compite con Satoshi Tango, Bitex, la chilena CryptoMarket y la mexicana Bitso, que desembarcó en el país a principios de 2019. Como ocurre habitualmente en los períodos de alzas pronunciadas, las operaciones se incrementan, atrae nuevos interesados y el trabajo se multiplica. “Esto ya lo vi a fines de 2017, cuando el bitcoin rozó los US$20.000. La gente enloquece y se produce una especie de sicosis colectiva”, describe Matías Bari, fundador y CEO de Satoshi Tango. Por otro lado, agrega que las transacciones aumentaron 200% en estos días, “una cantidad absurda”.

En su caso, añade Bari, el ticket promedio oscila entre $17.000 y $20.000, computando la “inflación”, es decir, las dos variables clave: el precio del dólar y del bitcoin. En Ripio, la unidad cotizaba este viernes cerca de los $6,5 millones. Méndez asegura que “en Ripio se registran 30.000 cuentas nuevas por semana y se realizan arriba de 10.000 transacciones de compra y venta de criptomonedas por día”. Por otro lado, dice que el 80% de los usuarios tiene entre 25 y 40 años y que “a mayor edad, mayor el monto de la inversión”.

La envergadura de las operaciones contrasta con la elevada temperatura de los debates. En general sus protagonistas son anónimos, pero los argumentos en ambos lados de la grieta son muy conocidos. A veces, incluye notorias celebridades de la economía, como Nouriel Roubini, que predijo con exactitud la crisis de 2008 dos años antes. Un crítico crónico, no pierde oportunidad para descalificar a las criptomonedas. Las llama directamente “shitcoins”. Warren Buffett rechazó participar del negocio. “Si compras algo como bitcoin no tienes nada que produzca nada. Solo esperas que el próximo tipo pague más”, señaló en una entrevista reciente con Yahoo Finance.

Con el mismo ímpetu, sus defensores contraponen que las criptomonedas llegaron para quedarse, que su valor es determinado por el libre juego de la oferta y la demanda y que el bitcoin es una nueva revolución tecnológica, incomprensible para las mentes conservadoras que predominan en el mundo financiero tradicional. “Lo que hace atractivo al bitcoin y otras criptomonedas es que operan sin regulaciones de los bancos centrales y las autoridades de bolsa”, opina Gabriel Hermida, socio del departamento de impuestos de la consultora Auren. Por otro lado, rechaza que la subas recientes sean una burbuja y descartó posibles manipulaciones en el precio. “Como demuestra la historia, cada 4 años se producen subas muy grandes”, subraya.

Como Buffet, muchos creen que el bitcoin es una nueva manía especulativa. Y que las subas replican un esquema Ponzi, tal como se denomina a las estafas piramidales como la que propició Bernie Maddoff, condenado a perpetua por un fraude multimillonario en 2009. “Somos conscientes de que es un activo extremadamente volátil. Puede subir o bajar. Lo que sí puedo decir es que el bitcoin tiene una adopción muy fuerte como reserva de valor frente a las devaluaciones de monedas como el dólar”, opina Andrés Ondarra, country manager de Bitso en Argentina.

Roubini y muchos otros contradicen a los que aducen la transparencia en la operatoria del bitcoin. Lanzada el 3 de enero de 2009 (poco después de la crisis de Lehman Brothers), su anónimo creador (Satoshi Nakamoto) la postuló como una alternativa al dinero tradicional, libre de regulaciones de bancos centrales y gobiernos, y su salida al mercado generó más curiosidad que preocupación, al menos en sus inicios. Nunca logró establecerse como moneda (casi ningún comercio la acepta), ni tampoco para valorar bienes (precisamente por sus cambios constantes en la cotización). Sus impulsores creen, eso sí, que sirve como reserva de valor. Como el oro, pero con las ventajas del mundo digital.

Sin embargo, todo está por verse. El jueves pasado, en una columna publicada en el influyente Financial Times, la analista Jemima Kelly señaló que muchas de las sospechas que recaen sobre el bitcoin son ciertas. Dijo que la falta de regulación implica también falta de respaldo y que unos pocos grandes inversores (2,8% de las direcciones concentran el 95% de los bitcoins) manipulan su precio. “Si alguien vende 150 bitcoins su precio cae 10%”, escribió. Señaló también “su valor se basa en la pura fe. La diferencia es que con las monedas fiduciarias (dólar, euro o yuan), esa fe se deposita efectivamente en los gobiernos de los Estados nacionales que las emiten, mientras que para bitcoin, la fe se deposita en … la esperanza de que otras personas sigan teniendo la fe. Una fe en la fe, por así decirlo”./Clarin.com

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