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Inseguridad, las consecuencias de la pandemia en el delito y las proyecciones poscoronavirus

En un par de meses estaremos cumpliendo un año desde que el COVID 19 empezó a modificar la vida de todos los argentinos sin excepción. Impactó de forma muy negativa en la economía produciendo el cierre de miles de PYMES y puestos de trabajo destruidos luego de cuarentenas muy rigurosas; también el tejido social se vio fuertemente deteriorado arrojando a más compatriotas bajo la línea de pobreza y afectando a una clase media que en muchos casos quedó sin herramientas para mantener ese status. Sin dudas exigió el sistema sanitario al máximo de sus capacidades; la educación se relegó como nunca antes a pesar de las modalidades virtuales establecidas; y en este sentido podemos decir que el delito y la inseguridad también modificaron sus dinámicas, empeorando por supuesto los ya deteriorados estándares que traíamos a cuesta los tucumanos. Un cuadro muy similar a la otra gran catástrofe argentina, como fue la crisis de 2001. Recordemos que de esta época heredamos cifras históricas de criminalidad, a las cuales de a poco nos estamos acercando, o en algunos casos, como es el de homicidios ya rompimos el récord.

En este sentido nos podemos preguntar si estamos frente a un posible aumento del delito dadas las coincidencias situacionales con el 2001, y en este punto es necesario destacar que en los primeros meses de cuarentena estricta la inseguridad disminuyó, no solo en la provincia sino a nivel nacional también, no por efectividad de las políticas públicas implementadas, sino porque los delitos de “oportunidad” como robos, hurtos, motoarrebatos, lógicamente estaban limitados. No había victimas circulando en las calles, y por otro lado se había desplegado un gran esquema de vigilancia especialmente urbana a cargo fuerzas policiales en toda la provincia. Si hubo homicidios más de tipo intrafamiliar, dada la mayor crispación de las relaciones domésticas debido al encierro extremo, provocando más situaciones de violencia. Pero a pesar de esto tuvimos una ralentización de la frecuencia incluso en este tipo de delitos.

Podemos afirmar entonces que el COVID-19 y las cuarentenas, en una primera etapa, modificaron la dinámica criminal de forma positiva. El Laboratorio sobre Crimen de la Universidad Torcuato Di Tella a través de relevamientos, pudo comprobar disminuciones en la población victimizada en los meses posteriores al establecimiento del aislamiento. Sin embargo, cuando se empezaron a flexibilizar las restricciones, y la circulación de la población tomó intensidad, rápidamente se pudieron observar cifras delictivas pre pandemia, y aún peor, una escalada en la violencia en robos y homicidios, con gran empleo de armas de fuego, finalizando 2020 con un nuevo récord de asesinatos en nuestra provincia, dando un total de 157. Tucumán en este sentido más allá de la pandemia, está inmersa en una situación epidémica de inseguridad por las cifras de muertes violentas, según estándares de la OMS.

Proyecciones a futuro

Sería muy arriesgado vaticinar cómo puede ser el comportamiento delictivo en 2021 debido a que los factores de la crisis (desempleo, desigualdad, marginalidad, dimensión de mercados ilegales) aún no toman dimensión definitiva. Lo que es seguro, es la evidencia histórica que demuestra que grandes crisis como las de 1989 y 2001, continuaron con picos de inseguridad en los años subsiguientes con tasas nunca antes vistas en homicidios y delitos contra la propiedad, y que a pesar de que en esos años hayan mejorado los índices socio-económicos, el delito continuó en aumento con persistencia por mucho tiempo más. Ejemplo: los homicidios que en 2001 eran 60, actualmente duplican ampliamente esa cifra.

De hecho, el efecto arrastre de la crisis de 2001 tuvo su pico en 2002, no en el mismo año, lo que por lógica indicaría que el pico de inseguridad de la crisis de 2020, lamentablemente la viviremos los tucumanos en este 2021. Y a pesar de leves disminuciones, nunca se vuelve a los indicadores pre crisis, lo que plantea enormes desafíos al gobierno provincial para revertir esta historia, aplicando estrategias innovadoras y actuales, al contrario de lo que se viene haciendo hace 20 años (solo limitado a aumento de personal, mayor encarcelamiento, inversión en tecnología, capacitaciones), y que claramente nos llevó a estar en emergencia en seguridad, carcelaria y de adicciones.

Por lo tanto, es de esperar un fuerte aumento de la actividad delictiva, crecimiento de mercados ilegales, “nuevos delincuentes” jóvenes que ingresan en el ámbito criminal y que difícilmente salgan del mismo si no se les ofrece oportunidades, que rompan esa tendencia y generen reinserción. Eso quedó demostrado en los años 2005 al 2012, en los cuales, a pesar de las mejorías en la economía, niveles de pobreza y desempleo, el delito aumentó sin pausa. Quizá la única cuestión que puede llegar a “salvar” este mal escenario es que estamos en año electoral, y generalmente convergen acciones desde los gobiernos para mejorar los indicadores de seguridad, volcando más recursos y nuevas medidas, por supuesto, por oportunismo electoral. Lamentablemente la duración de estas mejoras es muy limitado.

Crisis que se extienden demasiado en el tiempo como la del COVID-19, son difíciles de revertir en lo que a inseguridad se refiere, debido a que a mayor duración, mayor ingreso de delincuentes en actividades ilícitas, como también mayor fidelización de estos al crímen. Y peor aún, esta prolongación genera evoluciones en los tipos de delitos, comenzado con hurtos, y pudiendo llegar a homicidios si el Estado no interviene de forma rápida e inteligente. Esto nos demuestra el 2001, cuyas consecuencias en inseguridad aún siguen vigentes.

Federico Agustín Pelli |Especialista en Seguridad. Licenciado en Administración del Colegio Militar de la Nación. Ex teniente del Ejército Argentino con participación en misiones internacionales.

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