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Coronavirus y tecnodiversidad: preguntas que desvelan al filósofo chino Yuk Hui, a un año de la pandemia

Yuk Hui tiene una perspectiva única. Principalmente por sus ideas, su particular concepción de la filosofía más allá de las tradiciones filosóficas, pero también de la tecnología: viene de la informática pero desarrolló un cuerpo analítico que atraviesa el arte y la ontología. Pero también por su formación y su punto de vista que cruza Hong Kong (donde está radicado y desde donde conversó vía Zoom con LA NACION) con prestigiosas universidades europeas y publicaciones en diferentes países. Cuando la pandemia declarada por la OMS cumple un año, y los efectos del virus llegado desde China aún desvelan a buena parte de la humanidad, el desafío de mirar el futuro hace destacar miradas agudas y desafiantes como la de Hui.

Un planteo: la filosofía entendida de manera Occidental, como una continuidad greco-europea, si no llegó a su fin, está en su límite. Asumiendo el curso acelerado que toma la modernidad, el filósofo se anima a proponer un nuevo campo de reflexión. Y el punto de partida es asumir una planetarización tecnológica simultánea o coincidente con una tecnologización planetaria. Desde allí, Hui se opone tanto a una visión naif de la llamada globalización como a los intentos de reacción de preservación o nacionalistas.

En plena pandemia, meses atrás, Caja Negra editó por primera vez una compilación de textos suyos en español: la editorial cumplió recientemente sus 15 años y la destacada colección Futuros Próximos se ofrece como un catálogo de nuevos abordajes y autores contemporáneos y poco transitados. Fragmentar el futuro, ensayos sobre la tecnodiversidad, uno de los mejores títulos de no-ficción editados en 2020, contiene un texto vinculado con la primera etapa de difusión del coronavirus desde Wuhan al resto del mundo en el que se cruzan Derrida, el rol de la ONU y los abordajes del control de la información de China y los Estados Unidos. Pero también recorre algunos de sus escritos más destacados, en los que desarrolla conceptos vinculados con la tecnología, la Ilustración, la inteligencia artificial, la recursividad o la cosmoténica, su propuesta para abandonar la tecnología como universal antropológico. Si ese es el eje sobre el que trabaja desde que publicó su fundamental ensayo sobre la tecnología en China (2016), en Twitter da cuenta de otra obsesión: la existencia de los objetos digitales (su perfil es @digital_objects).

Un volumen que compila los textos del escritor chino
Un volumen que compila los textos del escritor chino

-Uno de los artículos de Fragmentar el futuro relacionado con el coronavirus se refiere al siglo entero que nos separa de la gripe española, entre 1918 y 2019. ¿Volvimos a encontrar soluciones nacionales -de fronteras, de leyes, de restricción, de reparto de vacunas- para este tipo de problemas, con una idea de la inmunidad de los países?

-Esta pregunta es muy importante, sobre la respuesta global al llamado de la pandemia. Como saben, esto comenzó en China y luego se hizo mundial, y vimos que cada uno de los países quiso cerrar fronteras de inmediato: la más intuitiva de las reacciones, que cada país -o digamos un estado-nación- es como una célula, una célula biológica. Entonces hay que poner fronteras, hay que hacer una distinción entre el Yo y el Otro. E inevitablemente hay una especie de racismo, de discriminación. Esto fue muy visible al principio del brote y cuando se expandió en Europa, por ejemplo. Si pareces asiático, probablemente sospechen de vos. Esta es la forma más intuitiva de pensar la inmunología/inmunidad. La gente también repite que esta es la venganza de la naturaleza y demás, pero en realidad sabemos que el coronavirus es algo realmente artificial, en el sentido de que fue elaborado: es el resultado de todo el proceso de industrialización, modernización, que ya no sigue el ritmo de años atrás. Así que hoy en día vemos la explotación de la naturaleza por un ser humano que quería conseguir todo lo que pudiera alcanzar, a costa de movilizar todos los recursos. Para mí, el coronavirus -y quizás algunas otras catástrofes que pasaron antes, por ejemplo, Fukushima-, todo este tipo de accidentes, van a continuar en un futuro cercano. Entonces, ¿qué vamos a hacer en el futuro? Es una especie de situación de constante llegada de catástrofes. ¿Vamos a quedarnos así? ¿Vamos a utilizar la misma forma de inmunología/inmunidad? ¿Cada nación podría considerarse a sí misma como una célula? Tal vez esto continúe porque nadie va a gestionar el cambio. Prefiero pensar en el coronavirus como un promotor, como una posibilidad de abrir una nueva época. Había un orden y un desorden compartido por diferentes intereses (nacionales, políticos, económicos) y esto nos lleva a una situación muy difícil para nosotros a la hora de pensar en nuevas configuraciones. Lo que está pasando finalmente es que todo el mundo quiere retomar su rutina, recuperar nuestras economías. Estoy seguro de que esta es también una agenda importante en Argentina.

-Sí, siempre estamos intentando recuperar nuestra economía…

-Todos los países quieren volver a la economía anterior. Es difícil, si no imposible. Así que este es uno de los mayores desafíos para nosotros quienes debemos pensar estos temas. Quiero decir: por supuesto que hay muchos actores entre quienes deberían contribuir y quienes son responsables de estos cambios para repensarlos. ¡Sin embargo, probablemente no el Estado! Probablemente no el gobierno, porque el objetivo del gobierno es mantener o reanudar el orden. Entonces, tenemos que pensar en la movilización entre los intelectuales y demás actores para pensar en estas cuestiones. De hecho, también me sorprende bastante que no haya mucha gente hablando de eso.

-Me gustaría retomar esos focos: la relación entre un yo y el otro, la respuesta intuitiva desde los Estados-nación, y el frente científico, los desafíos que esta pandemia le plantea a la ciencia pero también a la filosofía.

-Estamos hablando del yo y del otro y esta idea de la inmunidad/inmunología, que es muy intuitiva. Deberíamos ser capaces de pensar en otro tipo de frente de inmunología/inmunidad. Lo mismo con el Estado: no creo que toda respuesta deba pasar por el Estado. Porque la base de los estados-nación es la idea de unidad. Dejemos que la comunidad científica también pueda crear algún tipo de red para compartir información, para trabajar juntos. Otra red de contactos, que tampoco se trata realmente de ONG como las conocemos desde finales del siglo pasado. Estoy hablando de algún tipo de solidaridad concreta en forma de redes, tal vez nuevas formas de intercambio de conocimientos. Esto es lo que trato de llamar “diplomacia epistemológica”, no la diplomacia existente entre ministros de Relaciones Exteriores. Esto me parece muy importante para el futuro.

-Desde su análisis, vinculado a la tecnodiversidad y a las diferentes aproximaciones a los problemas, ¿percibe que la mirada hacia y desde China es diferente? Ese es uno de sus temas de estudio.

-En China hubo medidas realmente estrictas en relación al virus. Por un lado hay una intervención del Estado realmente fuerte; por otro lado hay algo significativo, pero que fue muy ignorado: el rol de la familia y el tipo de orden que se establece desde allí. No solo en China, por ejemplo en Japón o en Corea, la generación más joven tiene más consideración por la generación mayor. Así que todo el mundo tiene que comportarse de manera adecuada. Por ejemplo, si yo me voy de fiesta, no me voy a pasar luego por lo de mis mayores. Pero esto no es algo que verá Europa fácilmente. Tanto en China como en toda Asia existe aún una especie de orden moral u obligación moral que proviene en gran medida de la familia.

-Es muy interesante. ¿Pueden enmarcarse esos comportamientos colectivos o ciertas reacciones ante fenómenos como el virus en su idea de la tecno-diversidad, tal como la plantea en sus artículos?

-Creo que podemos hablar de diferentes diversidades. La primera diversidad es la biodiversidad, que depende del medioambiente: diferentes especies necesitan alimentos, nutrientes por ejemplo, y éstos nos son proporcionados por el medioambiente determinado por el clima. Por ejemplo, las lluvias y el sol, pero también la relación entre humanos y no humanos. Porque el ser humano también es parte de la biodiversidad, es una de las especies y tiene una interacción intensa con los animales y otros seres vivos. Hemos perdido muchas especies en las últimas décadas. Entonces tenemos biodiversidad y el coronavirus, me parece, muestra una especie de desequilibrio. Es un tipo de problema de convivencia entre el ser humano y los seres no humanos. En este caso, se dice que el virus proviene del murciélago. No sé si esto es realmente así. Pero supongamos que lo es. Y si es realmente del murciélago, esto significa que fue un problema entre humanos y no humanos lo hizo mutar al virus y que se desplegase rápidamente. También tenemos una noodiversidad. Para resumir, el pensamiento es fundamental para la cuestión de la noodiversidad, pero también lo es la exteriorización del pensamiento, la exteriorización del lenguaje, del habla por ejemplo, la escritura, la pintura, el teatro, por ejemplo. Y la biodiversidad y la noodiversidad dependen de la tecnodiversidad, porque es en ella donde ambos se exteriorizan en un medio. Entonces, por ejemplo, si cambia la tecnología, también cambia el pensamiento. Y cambia la coexistencia de la relación entre humanos y no humanos. De una manera muy abstracta podemos decir que hay tres capas, pero podrían ser más.

"¿Cómo podemos crear una especie de inteligencia en las máquinas que nos permita volver a desarrollar una convivencia con ellas, y con los animales, las plantas y otros humanos? La convivencia debe estar en el centro de la cuestión de la inteligencia", piensa Yuk Hui
“¿Cómo podemos crear una especie de inteligencia en las máquinas que nos permita volver a desarrollar una convivencia con ellas, y con los animales, las plantas y otros humanos? La convivencia debe estar en el centro de la cuestión de la inteligencia”, piensa Yuk Hui

-Profundicemos en la tecnodiversidad, que uno de los temas centrales de su pensamiento.

-La cuestión de la tecnodiversidad está muy subestimada. Creo que en el pasado tendimos a pensar que la tecnología era neutral, sin duda porque es un objeto racional y objetivo. Eso es precisamente lo que quería cuestionar. Porque creo que la llegada de lo que llamamos tecnología moderna, cuando se popularizó, a finales del siglo XVIII y XIX, con la Revolución Industrial, por ejemplo, desde la perspectiva de la antropología, posibilitó diferentes formas de expresión. Esto permite diferentes formas de estética. También configuró las relaciones de diferencia entre un humano y con otros humanos. Creo que esto ha sido ignorado por muchos antropólogos porque aunque varios están interesados en la naturaleza, no muchos están interesados en la tecnología. La pregunta central de mi pensamiento, es si ha habido una tecnodiversidad, y si este tipo de diversidad todavía existe como una sombra de la tecnología moderna, por ejemplo. ¿De qué manera podemos imaginar un nuevo tipo de tecnodiversidad en el futuro?

-Desde ya eso excede el uso cotidiano que hacemos de las herramientas que nos brinda la tecnología…

-¿Puede sernos inspirador mencionar una nueva diversidad tecnológica que no es solo, por ejemplo, usar Facebook o Twitter? Para utilizar este software, presuponemos, hacemos muchos supuestos, supuestos ontológicos. Entonces esa es la cuestión de la tecnodiversidad que estaba tratando de articular en este trabajo.

-¿Los debates sobre la tecnología aplicada, sobre la inteligencia artificial o su alcance, tienen impacto sobre esa mirada desde la tecnodiversidad?

-Creo que esta es una pregunta muy intrigante y algo en lo que realmente tenemos que pensar mucho más en el futuro: el papel de una inteligencia artificial. Pero también creo que tenemos que usar nuestra inteligencia artificial, debe entenderse mejor. Porque, antes que nada, la inteligencia siempre es artificial en cierto sentido: si compara el cráneo de Homo sapiens con el del hombre moderno, hay mucha diferencia; la evolución humana ha sido extremadamente lenta. Y sin embargo, la historia de la humanidad es muy rápida. La civilización humana tiene lugar a través de la tecnología. Entonces, la tecnología es parte de la historia de la evolución desde el Homo sapiens. Y en este sentido, toda la idea de inteligencia es siempre artificial en el sentido de que decimos que las mentes o la inteligencia siempre dependen de aparatos técnicos, objetos, dispositivos. Mi inteligencia funciona ahora porque recuperé mi computadora. Si no tengo mucho espacio, no puedo escribir. Realmente no puedo organizarme sin mi computadora. Y tuve una catástrofe cuando un día dejé caer un poco de té en mi computadora y se apagó. La llevé a la tienda de Apple, y me dijeron que no podían arreglarla… Lo que digo es que el principal artificio de la inteligencia es artificial. Mucha gente se ha preguntado si la máquina podría tener mente. Creo que es un malentendido.

-¿Las máquinas podrían ser entonces más inteligentes?

-Cuando hablamos de que la inteligencia depende del uso de un aparato, es realmente difícil imaginar una computadora sentada allí y que pueda desarrollar algún tipo de inteligencia. Y creo que es uno de los grandes problemas que tenemos hoy. La cuestión no es preguntar si las máquinas tienen mente o si las máquinas pueden ser más inteligentes, porque no podemos rechazar esta posibilidad. La pregunta clave es cómo podemos crear una especie de inteligencia en esas máquinas que nos permita pensar o volver a desarrollar la convivencia con ellas, y con los animales, con las plantas y con otros humanos? Por tanto, la convivencia debe estar en el centro de la cuestión de la inteligencia. Para mí, el problema es que no entendemos bien qué es la inteligencia. Hay científicos informáticos especializados en inteligencia artificial, incluso cuando no sabemos cómo funciona la mente; se están haciendo experimentos que se basan en modelos teóricos de inteligencia. Y si se toma mi definición de inteligencia, que se ajusta mucho a mi perspectiva de la evolución creativa, o un enfoque organológico, vemos que la inteligencia no se puede reducir debido a este tipo de sustancialización. Para mí la inteligencia es siempre artificial en el sentido de que existe una dependencia mutua entre humanos y no humanos. Entonces, si queremos crear una inteligencia artificial, no es para crear un ser que será el más inteligente del mundo, sino para crear una inteligencia colectiva a través de estas máquinas. Eso nos permite pensar en la convivencia para pensar en la construcción de comunidad. Y eso también nos dará una economía diferente.

-Ha profundizado en este tema con un abordaje propio…

-En mis escritos no verá un pensamiento puro, existe una tensión entre las ciencias de la computación, entre la ingeniería y la filosofía, porque mi formación previa fue la informática. Lo que me interesa es la posibilidad de pensar por sí mismo, no la construcción de instituciones entre Oriente y Occidente. Por ejemplo, tengo mucha curiosidad por saber cómo se podría desarrollar esta cuestión de la tecnodiversidad en América Latina. Pienso en el pueblo amazónico, en diferentes tipos de culturas y sus técnicas.

-En algunos países, todavía existe la idea de proteger o recuperar la tradición, más reactiva, no tanto de entender la diversidad como sugiere usted. La idea de preservar culturas.

-La búsqueda de respuestas trae nuevos problemas. La pregunta clave es cómo el concepto de tecnodiversidad nos da la posibilidad de transformar estas tecnologías homogéneas hablando de la misma tecnología que tenemos ahora. Esta es realmente la pregunta clave que me interesa y también tengo mucha curiosidad por ver en los próximos años cómo podría evolucionar.

-¿Ha encontrado algún ejemplo interesante de esa expresión de diversidad para responder a sus preguntas?

-Hablemos de medicina. Justamente, la medicina china es muy diferente a la occidental. Por ejemplo, la forma en que se describe el cuerpo es exactamente como el cosmos. Ahora tienes el Ying y el Yang, el chis y así sucesivamente. Básicamente, existe una dimensión epistemológica y ontológica diferente en la medicina china. Lo interesante es que la medicina china no reniega de las técnicas modernas. Los hospitales chinos se apropian de las nuevas tecnologías para medir la presión arterial, por ejemplo, y las utilizan para seguir practicando su medicina. Entonces, la medicina china no es muy científica en el sentido de que no es demostrable. Así que esta es una epistemología muy diferente, pero no significa que la medicina china no sea científica porque es una ciencia empírica. Es una práctica de miles de años. Así que tienes mucha experiencia acumulada. Este es uno de los ejemplos en los que me interesa mucho pensar. De hecho, esta tecnodiversidad existía antes y todavía es posible.

Por: Ernesto Martelli/Lanacion

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