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Mercosur, una asociación sin perseverancia ni energía

El Mercosur y el Tratado de Paz y Amistad con Chile constituyen los logros más importantes de la política exterior del país. La firma del Tratado de Asunción en 1991, si bien dio continuidad a la Declaración de Fox de Iguazú firmada por Raúl Alfonsín y José Sarney en 1984, formuló un proyecto de integración que requirió audacia política para llevarlo adelante.

El contexto internacional era favorable. Las negociaciones de la Ronda Uruguay, la firma del NAFTA, la transformación de la Comunidad Europea en la Unión Europea, la disgregación de la Unión Soviética y la apertura de China auspiciaban un escenario favorable para la expansión del comercio internacional e inversiones externas.

Las exportaciones mundiales pasaron de 3,5 billones en 1990 a 18,3 billones en 2011. El flujo neto de inversiones externas fue de 0,4% del PBI Mundial en 1985, 1,3% en 1990 y 4,1% en 2000. La crisis de 2008 redujo el flujo al 3% en 2010.

El Tratado de Asunción convino la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos mediante la eliminación de los derechos aduaneros y restricciones no-arancelarias.

El bloque establecería un arancel externo común, la adopción de una política comercial externa común y la coordinación de las políticas macroeconómicas y sectoriales que asegurasen condiciones adecuadas de competencia entre los Estados partes.

Hubo decisión de crear un régimen especial por fuera de las normas del comercio regional para la industria automotriz. El objetivo era crear una unión aduanera para atraer inversiones y presentarse como alternativa ante otros conglomerados.

En los 30 años de existencia, el Mercosur avanzó a un ritmo lento afectado por las reticencias para efectivizar la Unión Aduanera pero también por sucesivas crisis económicas.

La devaluación del real en 1998, la crisis 1997/98 y el hundimiento de la economía argentina en 2001/2002 impidieron nuevas iniciativas para profundizar la integración y la apertura. En el año 2006 se dio impulso al Mercosur Social y Productivo, coincidiendo con la campaña del canciller Celso Amorim de ocupar un lugar entre las grandes potencias. Brasil priorizó el BRICS favorecido por un aumento nominal del PBI como consecuencia del alto valor del real, mientras la Argentina se acercó al ALBA como alternativa.

Los aniversarios constituyen siempre una oportunidad para realizar una evaluación y definir una proyección dentro de un contexto internacional.

La emergencia de China y del Sudeste Asiático fueron determinantes en la primarización de las economías de América Latina, y la próxima irrupción de India, establecerá el carácter productivo del Mercosur. Todo hace prever que la economía de los Estados Unidos crecerá 6,8%, China 6% e India 10% en 2021.

El Gobierno de Brasil afirmó en diversas oportunidades su intención de expandirse para insertarse en la economía global y volver a ser una opción para las inversiones externas.

La proyección internacional que busca el gobierno de Jair Bolsonaro no difiere de la posición histórica de todos los gobiernos brasileños (sin importar el color) de situar al país como un actor en la política mundial.

Brasil recibió 88.000 millones en inversiones externas en 2018, 72.000 en 2019 y 34.000 en 2020 que están modificando el perfil productivo.

La repetición de ese desempeño requerirá una mayor apertura y la ejecución del programa de privatizaciones. El PBI de Brasil cayó 4% en 2020 esperando un crecimiento del 3,5% en 2021.

La desconexión una vez más de los ciclos y expectativas económicas entre ambos países plantea un interrogante sobre las posibilidades de diseñar una estrategia común para avanzar y consolidar el Mercosur ante la reciente configuración de bloques a nivel mundial. El USMCA, RCEP, CPTPP, India e incluso el ACFTA serán los nuevos centros de atracción de inversiones y recuperación del comercio mundial en los años venideros.

La próxima reunión de los Presidentes de países del Mercosur, que se realizará en forma virtual una vez más, estará ante una difícil disyuntiva, pero la continuidad actual no será un aliciente para afrontar las transformaciones que sufrirá la economía mundial en los próximos años./Clarin

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