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Malvinas: recrear el espíritu de la paz

En 2022 se cumplirán 40 años de la guerra en el Atlántico Sur; sin embargo, sus consecuencias están mas presentes que nunca. A pesar que nuestros dos países restablecieron las relaciones diplomáticas en 1992 y que Argentina se comprometió a no usar nunca más la vía militar para recuperar la soberanía del archipiélago el Reino Unido sigue bloqueando la venta de equipos militares de terceros países para nuestras FFAA, impide la llegada de vuelos de bandera argentina a las Malvinas, entre otras medidas, que solo están presentes entre países no confiables. Contradictoriamente, el primer ministro británico Boris Johnson sostuvo hace días que Argentina es un “socio estratégico”.

Si bien el Reino Unido se presenta en el mundo como el campeón del cumplimiento del Rule of Law (Imperio de la Ley) varios ejemplos demuestran una política es sentido opuesto: el recientemente anuncio en el incremento de más del 40% de su arsenal nuclear lo cual configura una clara violación de los compromisos asumidos en el marco del Tratado de No Proliferación Nuclear; la inobservancia de las resoluciones de las Naciones Unidas que llaman a que nuestro país y el Reino Unido se sienten a negociar pacíficamente el tema Malvinas; incumple y reescribe el acuerdo del Brexit sobre el tema Irlanda o cuando la Corte Internacional de Justicia decidió que la separación de Chagos no fue válida, constituyó un hecho ilícito que involucra responsabilidad internacional por parte del Reino Unido y sostuvo que ese país tiene la obligación de poner fin a esa administración y debe permitir que se complete la descolonización de Mauricio. En algún momento, todas estas violaciones del Derecho Internacional comenzarán a tener costos para Londres.

Nuestro país viene buscando recrear las condiciones que regían previamente a la guerra del ´82 en las cuales los habitantes de las Malvinas venían a atenderse en hospitales del continente, maestras viajaban al archipiélago continuamente, había vuelos de LADE, entre tantas otras herramientas materiales y políticas que unían a los polos en conflicto todo ello en el marco de la Declaración Conjunta sobre Comunicaciones de 1971.

El Reino Unido que según su reglamentación tiene en su poder la Defensa y las Relaciones Exteriores de archipiélago ocupado siga haciendo imperar el fantasma de la guerra para impedir la resolución del conflicto según lo exige la normativa internacional. Londres nos pide cooperación en temas de pesca, hidrocarburos, vuelos de terceras banderas, pero impide que los argentinos inviertan en las islas, entre otras medidas.

Desde el restablecimiento de la democracia nuestro país tuvo políticas activas y militantes en el tema Malvinas como la de Alfonsín, Néstor y Cristina Kirchner y Alberto Fernández y otras pasivas como las de De la Rúa y Macri todas con idénticos resultados sobre la cuestión de fondo.

Bajo la presidencia de Menem se sacó la discusión del tema de soberanía de las Malvinas del ámbito de la Asamblea General de la ONU dejando solo el reclamo activo en el Comité de Descolonización.

Esto ya no alcanza. Sería una buena ocasión que en el marco de la próxima reunión de la Asamblea General donde se cumplirán cuatro décadas de la guerra nuestro país más los miembros de G 77+China (que en total son 134 Estados de los 193 miembros de la ONU) promuevan una resolución con el mismo espíritu de la 37/9 de 1982.

Esta se aprobó cuatro meses después del fin de la contienda y pide a la Argentina y al Reino Unido que reanuden las negociaciones para encontrar una resolución sobre el tema de la soberanía de las Islas Malvinas respetando el interés de sus habitantes.

Agustín Romero es Director del posgrado en Asuntos Argentinos en la UBA y autor de La Cuestión Malvinas: una hoja de ruta. Herramientas para la política exterior argentina (EUDEBA)/Lanacion

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