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Semana Santa. Monseñor Melitón Chávez cuestionó las “disputas políticas”

En su mensaje de Semana Santa, monseñor José Melitón Chávez, obispo de Concepción, invita a sus eles a pensar “¿cuál debería ser nuestra pascua? Es decir, ¿de qué muerte tendremos que ser resucitados?” Y más específicamente, como argentinos y tucumanos, sugiere: “¿no necesitamos, acaso, una Pascua verdadera, una Resurrección de tantos males que nos tienen retenidos en la pobreza creciente, en la violencia también creciente y en el triste espectáculo de las disputas políticas que sólo pueden mostrar una insaciable búsqueda de espacios de poder, en la que parece que todo vale, hasta la mentira y el desprecio por la justicia?”
A diferencia de la típica exhortación de los obispos, el padre Melitón prefiere las preguntas, quizás, porque ya no está tan seguro de qué quieren y en qué creen, realmente, los argentinos. “Tampoco olvidemos que somos un país en el que, de una manera u otra, hemos permitido que se instale como ley la muerte de los inocentes por el aborto”, saca tarjeta amarilla.
Al recordar el mandamiento del Amor, del Evangelio de ayer, monseñor recuerda las palabras de Jesús: “No hay mayor amor que el que da la vida por sus amigos” (Jn15,3). Y también se cuestiona si realmente estamos demostrando amor por nuestros amigos en esta pandemia. “Ese amor cuestiona hoy nuestras conductas, pensamientos y actitudes personales y sociales. Porque, en verdad, esta situación de la enfermedad, que envuelve al mundo entero, así como despertó mucha solidaridad y entrega de mucha gente, también abrió un escenario en el que se puso en evidencia la mezquindad y la dureza de corazón que no dejan paso al Amor que
todo lo cambia y hace nuevas todas las cosas”, advierte.
A continuación el mensaje completo de monseñor Chávez:
“Si morimos con Cristo, también viviremos con Él” 2 Tim 2, 11
Queridos hermanos todos: Ya estamos caminando juntos esta Semana Santa 2021 que como siempre es una invitación a volver a la fuente misma de nuestra vida cristiana. Hacemos memoria viva de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor y actualizamos nuestra pertenencia a Él renovando nuestro Bautismo y volviendo a creer en la inocencia de
la que fuimos revestidos para que ése sea siempre nuestro horizonte, nuestra referencia permanente.
El testimonio del Amor grande de nuestro Dios lo manifiesta Jesús dando la vida como amigo: “No hay mayor amor que el que da la vida por sus amigos” (Jn15,3).
Ése amor cuestiona hoy nuestras conductas, pensamientos y actitudes personales y sociales, porque en verdad esta situación de la enfermedad que envuelve al mundo entero así como despertó mucha solidaridad y entrega de mucha gente, también abrió un escenario en el que se puso en evidencia la mezquindad y la dureza de corazón que no dejan paso al Amor que todo lo cambia y hace nuevas todas las cosas.
Es oportuno por eso que nos preguntemos en esta Pascua cuál debería ser ‘nuestra pascua’, es decir, de qué muerte tendremos que ser resucitados. Lo pensemos todos: ¿qué hay en mí, qué hay en nosotros, quizás muy en el fondo de nuestras vidas, desde hace mucho tiempo, que necesite ser cambiado, que deba resucitar para ser en verdad hombres y mujeres nuevos, qué hay en nosotros como miembros de la comunidad cristiana que debamos dejar atrás como un sepulcro vacío para caminar los nuevos caminos de Iglesia en una auténtica conversión pastoral.
Como argentinos y tucumanos, ¿no necesitamos acaso una Pascua verdadera, una Resurrección de tantos males que nos tienen retenidos en la pobreza creciente, en la violencia también creciente, en el triste espectáculo de las disputas políticas que sólo pueden mostrar una insaciable búsqueda de espacios de poder, en la que parece que todo vale, hasta la mentira y el desprecio por la justicia? Tampoco olvidemos que somos un país en el que de una manera u otra hemos permitido que se instale como ley la muerte de los inocentes por el aborto.
Estamos en deuda, hermanos. Todos. Nos debemos una resurrección verdadera, la necesitamos, con hechos y no sólo con palabras vacías y ritos superficiales.
Porque el que murió por nosotros entregando de verdad su vida en la cruz,
verdaderamente ha resucitado. Nos debemos la belleza. Nos debemos la alegría una convivencia de auténticos hermanos, todos, sin excluir a nadie, para ser hermanos de verdad.
Aprovechemos esta Pascua para dar el salto y ponernos a caminar juntos hacia esa meta que llena de luz nuestras vidas y nos da una esperanza cierta.
Que San José nos anime con su ejemplo de fe manifestada con hechos, más que con palabras, y que María, la protagonista amorosa de la Pascua de su Hijo, nos ayude a vivirla con mucho fruto. ¡Felices Pascuas!”

Por: Magena Valentié/Lagaceta

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