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“La depresión es también una consecuencia del dramático estilo de vida que venimos teniendo”

Más de 300 millones de personas en el mundo viven con depresión, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se trata de la psicopatología ligada al trastorno de ánimo que arrastra mitos y estigmas sobre quienes la padecen. Mariano Alló es un prestigioso científico argentino que investigó con otra mirada la temática y se animó a relatar su propia experiencia con la enfermedad en su libro “Cuando el cerebro dice basta (La trampa de la evolución o el porqué nos deprimimos)” de reciente aparición en nuestro país.

“El cerebro humano es el sistema biológico más complejo que existe de todas las especies que habitan el universo y, pese a la infinidad de estudios sobre la mente, sigue siendo una caja negra”, admite Alló de entrada, que es biólogo molecular radicado en la ciudad de Heidelberg, Alemania. Con un largo camino batallando su propia lucha contra la depresión, que comenzó, aunque sin saberlo, allá por 1995, a sus 20 años, con la inesperada muerte de su padre. A la tristeza y culpa que lo invadía se le sumaron dormir y descansar mal, falta de energía, problemas de memoria, confusión mental, entre tantos síntomas. Como hombre de la ciencia, decidió investigar.

-Define a la depresión, en base a su experiencia, como si se encontrara en una habitación oscura, algo se acerca y no sabe como defenderse. ¿Qué imaginaba que era hasta entonces?

Sin dudas cargaba con muchos de los estigmas sociales que rodean a la depresión. Me refiero, por ejemplo, a pensar que se trataba de una dolencia puramente psicológica, una alteración en el estado de ánimo que la gente no podía o incluso no quería controlar. Y sí, imaginaba a la persona con depresión estando las veinticuatro horas de cada día del año tendida en una cama o a punto de saltar de un ultimo piso. Esta visión es terrible desde todo punto de vista y esta fundamentada en el desconocimiento. Es una especie de karma que acarreamos en el seno de nuestra sociedad occidental y que no nos permite empatizar y ayudar a un ser querido, pero también es una trampa que nos envuelve a nosotros mismos, impidiendo que identifiquemos los problemas a tiempo y busquemos ayuda. La depresión es un trastorno que tiene tanto componentes biológicos como ambientales. Debería ser menos estigmatizada y ponerla como prioridad en la salud mental de la población en general.

-Recién mencionó cierta imagen común que hay sobre la persona con depresión. ¿Hay mucha ignorancia o mitos?

Lamentablemente esta idea de ver a una persona depresiva como débil, perezosa, oscura, negativa, incapaz de hacer frente a su vida y sufriendo por elección, no podría estar más alejados de la realidad. Una persona que padece depresión es, en realidad, un luchador. Alguien que vive con el dolor físico y mental de haber corrido una maratón todos los días. Es una persona que aún sin poder salir de la cama pelea con monstruos reales, que no pueden verse desde afuera, pero que allí están… aunque puedan sonar irreales para quienes nunca vivieron experiencias de este tipo. No se trata de una figura abstracta, o anclada al mundo exclusivo de la psique. Hay estructuras del cerebro que se encogen y pierden volumen durante la depre. Otras que cambian funcionalmente, en particular circuitos específicos se ven afectados. También otros sistemas se ven modificados, como el endocrino, metabólico o inmune.

-¿El paciente con depresión se siente poco comprendido?

Claro, porque se tiene una imagen de la persona que lo sufre completamente alejada de la realidad y muy fundada en la incomprensión lamentablemente. Por eso considero que cada persona que padece depresión es un héroe, porque están peleando con gigantes las veinticuatro horas del día todo el año sin que desde afuera se pueda percibir ese combate dramático con el gasto de energía física mental, los dolores, el sufrimiento involucrados.

-Está presente la hipótesis que la depresión es parte de la trampa de la evolución, dado que se viven situaciones estresantes a cada instante…

Es el eje absoluto del problema. Más allá de que existen componentes genéticos y diferentes predisposiciones, la realidad es que no nacemos con un cerebro defectuoso quienes padecemos depresión. Nuestro sistema nervioso cambiará, pero lo hará como consecuencia de numerosos factores, muchos de los cuales están asociados directamente al estilo de vida moderno. Hemos cambiado hábitos que eran antidepresivos naturales, como la alimentación sana, la actividad física, el contacto con la naturaleza. En ese contexto los estresores hacían referencias a peligros reales y aparecían de vez en cuando. Hoy disparamos la respuesta al estrés decenas de veces en un mismo día. Entonces nos sentimos agotados, doloridos, sin ánimo, ni energía, sin apetito, confundidos mentalmente, con el sueño alterado, sin deseo, sin ganas de hacer cosas que normalmente disfrutamos. Bueno, algunos de esos cambios llevan a la depresión y se dan como consecuencia de una respuesta proinflamatoria sostenida en el tiempo en nuestro cerebro.

-¿Es decir que se vive todo el tiempo en alerta?

Exacto. Nuestro cerebro está en llamas y la trampa de la evolución es que la depresión es también consecuencia del dramático estilo de vida que venimos teniendo. La paradoja es que alguno de los antidepresivos que se usan buscan retrotraer nuestra vida a la de nuestros ancestros, por eso se necesitan hacer cambios y revertir este estilo de vida actual.

-En Argentina se habla de un incremento importante de trastornos de salud mental a causa de todo lo que genera el Covid. ¿Cuál es su mirada desde Alemania?

El impacto de la pandemia ha sido medido en 2020 en varios estudios realizados en muchos países diferentes, incluyendo la Argentina. No hay dudas respecto a los resultados: el impacto es muy fuerte sobre la salud mental y lo será aún más con el paso del tiempo. La incidencia de la depresión ha crecido muchísimo en todos lados. Los niños y adolescentes representan, sin duda, la población más vulnerable de nuestra sociedad sobre todo a mediano y largo plazo. Es importantísimo que los sistemas de salud protejan a estos grupos que podrían sufrir las peores consecuencias en un tiempo.

Señas particulares

Mariano Alló tiene 46 años, nació en Carhué y estudió en Trelew, Chubut, la licenciatura en ciencias biológicas en la Universidad San Juan Bosco. Se radicó primero en Buenos Aires, donde realizó un doctorado en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA con el prestigioso científico Alberto Kornblihtt. En el 2012 se mudó a Alemania para un postdoctorado en EMBL (European Molecular Biology Laboratory) y actualmente trabaja en una empresa multinacional que produce equipamientos para los laboratorios de genómica y otras áreas relacionadas con ciencias de la vida. Escribió “Cuando el cerebro dice basta (La trampa de la evolución o el porqué nos deprimimos)”. Publicó también dos libros de divulgación científica sobre biología molecular./Clarin

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