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Pesca ilegal. Una ciudad en el Mar Argentino

“Lo dije en Twitter. Sobre el mar procedente de Ushuaia con destino a Ezeiza, lo que parece la luna es la luna y lo que parece la costa de Nueva York es la flota pesquera“. This is your captain speaking. Y no es cualquier comandante el que habla.

Es Enrique Piñeyro, que deja el control de su propio Boeing 787 a los otros dos pilotos, se acerca al grupo de periodistas a bordo y anticipa en altitud de crucero lo que se verá al sobrevolar “las 200 millas”: el punto más caliente de la pesca ilegal en el Mar Argentino.

Representa un robo de recursos de US$ 2.000 millones al año por la pesca ilegal. Más las consecuencias ambientales.

Ahí es donde terminan nuestras aguas y comienzan las internacionales. Ahí es donde se acaba la llamada Zona Económica Exclusiva, que los buques extranjeros cruzan sin control para llevarse el calamar a sus países. Y no es sólo China. También vienen de Corea y de España.

Piloto de línea, médico aeronáutico, investigador de accidentes aéreos –es ex comandante de LAPA y conocido por haber anticipado la tragedia–, empresario gastronómico –dueño del restaurante Anchoita–, actor, director de cine en Whisky Romeo Zulú (2004), Fuerza Aérea Sociedad Anónima (2006), Bye Bye Life (2008) y El Rati Horror Show (2010), Piñeyro conoce muy bien de luces en la noche.

Desde la cabina de mando del Boeing, así se ven los pesqueros ilegales. Foto Andrés D'Elía
Desde la cabina de mando del Boeing, así se ven los pesqueros ilegales. Foto Andrés D’Elía

El video que tuiteó el 31 de enero para mostrar esta “falsa ciudad” en el Mar Argentino, tuvo más de 200.000 visualizaciones. Y es un espectáculo que, dice, “odia”. A tal punto que quiso hacer algo muy mediático para oscurecerlo.

Como quien organiza un asado, él organizó “de repente” este vuelo nocturno para 30 periodistas. “Quiero volar sobre la cabeza de esta gente”, dijo a su equipo de comunicación. Tres días después de esa idea, despegamos. Hisopado mediante. Poco después de las 20 del jueves, desde la terminal FBO VIP del Aeropuerto de Ezeiza, donde salen los vuelos privados.

Hora y media de vuelo, aparece lo que no debería aparecer. En esta zona -mucho más abajo de los 43.000 pies, los 13 metros de altura- emerge esa flota lumínica. Parece un show de cruceros con distanciamiento social. Está la inmensidad del agua y esta industria, agolpada, justo arriba de un nuevo tesoro argentino robado. Las luces atraen a los calamares, que se capturan con anzuelos, no con redes.

“Lo que vemos es una cantidad de barcos realmente impresionante. Inicialmente te confundís esas luces con Bahía Blanca, de pronto empezás a decir ‘No, no está ahí” y ves que no es una ciudad. Después agarrás tu iPad y ves que de los buques que están declarados, que tienen el AIS (Sistema de identificación automática) encendido, una especie de transponder —como en los aviones para identificar posición–, no coinciden para nada con el número de embarcaciones que vimos. Decirte que hay una cuarta parte de lo declarado es mucho. Todo el resto es ilegal“, dice Piñeyro a Clarín.

Piñeyro con los periodistas, en el sobrevuelo que muestra el impacto de la prensa ilegal. Foto Andrés D'Elía
Piñeyro con los periodistas, en el sobrevuelo que muestra el impacto de la prensa ilegal. Foto Andrés D’Elía

Desde el cockpit (la cabina de mando), este diario es testigo de la diferencia entre lo que ve la tecnología, con sus radares y satélites, y lo que ven los ojos. “Apagan la identificación, cruzan y pescan. Cuando ven que nos acercamos y giramos para avistar este espectáculo odioso desde la derecha, se van corriendo. Eran muchísimos barcos”, detalla.

No hay datos oficiales pero se estima que los barcos –algunos, de 70 metros– tienen la capacidad de pescar 50 toneladas de calamar por noche. No son “barcos fantasmas”, son barcos que parecen tiras de led.

Ahí ya no hay ley nacional ni global que pueda combatir la depredación de superficie y del fondo, que según un monitoreo de Greenpeace, en 2019 ya mostraba signos de agotamiento por la sobre explotación de recursos.

Una ciudad en el mar. Pesqueros ilegales en el Mar Argentino. Foto Andrés D'Elía
Una ciudad en el mar. Pesqueros ilegales en el Mar Argentino. Foto Andrés D’Elía

A mediados de enero, Cancillería rechazó la ayuda de un buque de los Estados Unidos para combatir la pesca ilegal. Impidió un operativo conjunto ofrecido por Washington, al que Prefectura, encargada de estas observaciones en la milla 200, esperaba sumarse. Sólo fue autorizada una visita “protocolar” de la nave al puerto de Mar del Plata.

¿Qué hace el Gobierno por “apagar” esta ciudad? “La verdad es que no hace nada. Pero no hizo nada el Gobierno anterior, ni el anterior. Hace 40 años que vuelo y estoy viendo que lo que anteriormente era una ‘manchita’ ahora es una ciudad. Estas cosas sólo pueden pasar si nadie controla. Hasta ahora nadie hizo nada. Ojalá que todo esto sirva para que se tome la decisión política de asignar presupuesto y logística para poder detectar, primero, controlar, después, y sancionar, por último. Es posible decomisar todo, secuestrar los barcos. Si no hay control, es ‘piedra libre'”, responde Piñeyro.

La trayectoria del vuelo del que participó Clarín. Foto Andrés D'Elía
La trayectoria del vuelo del que participó Clarín. Foto Andrés D’Elía

En el trayecto de regreso, parado entre las filas de la clase turista de su Boeing, este hombre muestra la faceta más activista de sus “mil” profesiones. Pero el cineasta siempre gana. Piñeyro usó sus propias luces para visibilizar las otras.

Fueron cinco horas de vuelo y un aterrizaje de nuevo en Ezeiza. En ese tiempo, en el aire, con todos los PCR negativos y barbijos puestos, la pandemia del coronavirus parecía estar en un impasse. Pero había otro enemigo, que ya es mucho más visible./ clarin.com

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