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Educación: más Sarmiento; menos Boudou

ADomingo Faustino Sarmiento lo desvelaba una sola cosa: educación para todos y no solo para la elite, una idea revolucionaria para la época. Viajó a Europa y apreció los sistemas educativos de distintos países, pero ninguno le terminó de cerrar: solo se instruían las clases más acomodadas. Por eso se maravilló en los Estados Unidos cuando vio con sus propios ojos que allí ya se impartía la instrucción básica a todo nivel.

Entusiasta por acelerar los pasos para implementar un sistema similar en nuestro país se propuso importar una red de docentes norteamericanos de calidad, en su mayoría mujeres (otro gesto de precursora modernidad para aquellos tiempos) para abrir aquí colegios nacionales y normales; también escuelas agrícolas y técnicas.

Era una época sin antibióticos y con tratamientos médicos precarios y aun siendo extranjeras fueron corajudas y no se amilanaron frente a la letal epidemia de fiebre amarilla para rehuir de sus tareas al frente de las aulas, incluso una de ellas murió por la enfermedad.

¿Qué dirían esas abnegadas maestras que dejaron atrás la comodidad de su país para venir a uno tan lejano, desconocido y atrasado como era la entonces incipiente Argentina, corriendo serios peligros sanitarios y de otro tipo, de haber podido observar cómo nuestro país se privó durante un ciclo lectivo completo de clases presenciales con la excusa de la pandemia?

Reticencia gremial que sigue en pie con paros intermitentes (cada vez menos acatados), a pesar de que en el comunicado de ministros de las 24 jurisdicciones educativas del país con el titular nacional de Educación, Nicolás Trotta, el martes último, se ratificó, no obstante el actual contexto de crecimiento de casos de Covid, continuar sosteniendo la presencialidad en las aulas.

Boudou el día que tuvo que declarar en el juicio
Boudou el día que tuvo que declarar en el juicio

Allí se consignó que sobre 5926 establecimientos activos, los casos positivos en 1.429.190 estudiantes llega apenas al 0,16%, en tanto que alcanza al 1,03% de 214.850 docentes y no docentes, señal de que los recaudos y protocolos implementados están dando resultados para seguir prestando tan vital servicio sin que los contagios se disparen. Una cosa es suspender temporalmente las clases, como ahora mismo sucede en Uruguay, y otra muy distinta es pretender eternizarse en la ausencia permanente de la presencialidad sin considerar sus devastadores efectos sobre los chicos. Utilizan el argumento falaz de que con la virtualidad alcanza, concepto escandalosamente elitista en materia económica y cultural porque perjudica a los más pobres, que, de mínima, tienen problemas de conectividad. Pero que también daña particularmente a las madres, que ven así alterada su vida laboral y personal. Una paradoja difícil de entender ya que los sectores más humildes y las cuestiones de género suelen ser banderas muy agitadas, al menos retóricamente, por los mismos grupos que se empecinan en querer cerrar las escuelas.

Pero volvamos a Sarmiento: da miedo de solo pensar cómo habría fruncido su clásico ceño de haberse enterado de que la prestigiosa Universidad de Buenos Aires ha cursado una invitación a disertar nada menos que a un condenado por la Justicia en todas las instancias (16 jueces, incluyendo a los miembros de la Corte Suprema) por negociaciones incompatibles con la función pública y cohecho. Se trata del exvicepresidente Amado Boudou, sentenciado por una causa iniciada mucho antes de la invención del lawfare.

No es nueva la creciente contaminación ideológica en cátedras y bibliografías en ciertas facultades de la UBA, especialmente en las carreras humanistas. En el pasado, la amplitud del docente que dictaba clases estaba muy por encima de su propia ideología, lo que implicaba un necesario esfuerzo por intentar alguna neutralidad, no en el espíritu crítico tan necesario de desarrollar en el alumnado, pero sí en dejar a un costado la militancia dura y el panfletismo fácil. Ya el título del seminario en el que se anuncia la intervención de Boudou (obviamente virtual, ya que purga su pena desde hace un tiempo en prisión domiciliaria) tiene una inducción burda y bestial: “El periodismo argentino en su laberinto: guerra mediática y jurídica, operaciones políticas, noticias falsas y otras delicias de la independencia”.

Los titulares de la cátedra que planificaron la presentación estelar del exvice alegan que los convictos tienen derecho a expresarse. Pero ¿sobre su propio fallo en firme y definitivo, y con el afán “didáctico” de contradecirlo?

Las autoridades de la UBA enarbolan ahora la inmaculada libertad de cátedra. ¿Será la misma que el año pasado impidió la disertación del exjuez y exministro brasileño Sergio Moro, aun no siendo presidiario de ninguna especie, en la Facultad de Derecho? ¡Vamos, señores, somos todos grandes!

Por: Pablo Sirvén/Lanacion

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