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Moto-taxi: “Estoy sin trabajo, atrasado en la moto, no hay colectivos y se me ocurrió la idea”

Luis Chavarría estaba en su casa, al lado de su padre enfermo, con las cuentas atrasadas de la moto, sin trabajo, con deudas acumuladas, las alacenas vacías y una única certeza: “Hoy ya no comí”.

La situación personal de Luis es la que viven muchos tucumanos y tucumanas, en un contexto general marcado por el conflicto del transporte público, con puentes cortados, humo, gomas quemadas, choferes enardecidos, pasajeros varados y pocas opciones para llegar al trabajo.

Una opción que se estrenó en la capital esta mañana fue la docena de combis custodiada por camionetas de la Municipalidad. Otra opción son los taxis. Y está la de la movilidad propia. Fue ahí cuando Luis, luego de rezar y pedirle a su Dios que no lo deje bajar los brazos, pensó en otra opción.

“Estoy sin trabajo, estoy atrasado en la moto, no hay colectivos y se me ocurrió la idea: llevar a un pasajero en mi moto. Una mano lava a la otra. Los empresarios no se dan cuenta que perjudican siempre a la gente. No hay que esperar a las elecciones para que se solucione todo”.

“Si no tenés colectivos, ¿cómo vas a hacer? Sé que hay que quedarse en la casa, pero también hay que ponerse en el lugar del otro, en el que tiene hijos y tiene que darles de comer. Yo tengo cuatro hijos y quiero verlos, pero no tengo plata”.

 

“Un pasajero me pregunta cuánto le cobraría por llevarlo y está  difícil la situación. Me pide que lo busque en una zona lejana. No quiero abusar, ni aprovecharme de la situación del colectivo. Sé que uno se arriesga, pero cuando hay hijos en el medio y bocas que dar de comer, ya no se piensa en la seguridad de uno, esa es la verdad”, explica Luis, quien de alguna manera, ideó el primer mototaxi de Tucumán.


“Más allá de que hoy no hay colectivo, haya o no, se demoran. La idea de llevar a un pasajero en la moto justamente no es algo pasajero: quiero ofrecer un buen servicio, los dos con cascos. Se sabe que ir en moto es más ligero: si hay un corte de calle, un auto o un colectivo se demora más. Ojalá que otros chicos, con todos los cuidados del caso, se sumen y le metan para adelante. Insisto: una mano lava a la otra y más cuando se trata de trabajar”.

Así como hay choferes de larga distancia que durante la pandemia no han trabajado y han agarrado un taxi, o maestras jardineras que pusieron una casa de comidas, o estudiantes universitarios que se calzaron la mochila de PedidosYa, el ingenio y el sacrificio de miles de tucumanos y tucumanas sale a la luz.

“Yo no cobro ningún plan. Lo único que me ayuda en estos tiempos tan difíciles, cuando siento que no puedo más, es mi Dios: me despierto y le pido a mi Dios, me acuesto y le pido a mi Dios. No te voy a mentir: de verdad que no tenemos para comer hoy. Hoy lo pasamos con mate, hoy no comimos, mi padre tiene cáncer, mi padre trabajó mucho tiempo en el Siprosa, sufrió abandono de persona, sinceramente a veces tengo ganas de bajar los brazos, le pido fuerzas a Dios y sigo adelante”.

“Es como cuando la gente te pregunta: ‘¿Cómo estás?’ Vos les respondés: ‘Bien, gracias a Dios’. Pero si hablaras un segundo con el otro, sabés cómo está la mano: sé que hay gente a la que le debo plata, a la que me gustaría pagarle, no es que no me gustaría no pagarle, es que no puedo. No sé qué más hacer. Las cosas aumentan y ya nadie reclama”.

“Dios quiera que la gente no se olvide de las raíces de donde viene. Que no se olvide de dónde sale. Somos tucumanos y nos tenemos que dar entre todos una mano. Más que nunca. Yo tengo una moto. Puedo llevar a otra persona adonde necesite ir. Una mano lava a la otra. Es hora que entre todos nos ayudemos. Ya es hora”. /eltucumano

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