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Artistas cubanos piden el fin del comunismo en la isla

“Queremos un país inclusivo, democrático, soberano, próspero, equitativo y transnacional” es el reclamo del flamante movimiento 27N, integrado por decenas de artistas, periodistas e intelectuales, y sobre todo jóvenes, que rechazan continuar viviendo bajo un régimen que restringe sus libertades e impone un Estado policial, que ha emitido un manifiesto político cuya difusión en el mundo no ha demorado nada.

El movimiento se identifica con la fecha en que jóvenes artistas y artivistas se manifestaron frente al Ministerio de Cultura cubano para exhibir el respeto de libertades civiles y derechos humanos, todo lo cual –curiosamente– fue reconocido en la última reforma de la Constitución de Cuba, pero en los hechos no se cumple por lo menos para los disidentes.

Como ya informó Clarín, a partir de testimonios de integrantes del Movimiento San Isidro y del Grupo Anima de artistas independientes, los jóvenes ya no se identifican con los preceptos revolucionarios de las generaciones precedentes.

Foto: Punto de Partida

Exigen que cesen las persecuciones, las detenciones arbitrarias, las acusaciones sumarias de músicos, poetas, periodistas, artistas, actores, para quienes sobrevivir se hace muy difícil.

Sobre todo porque con el argumento de la pandemia y el Covid, la dictadura cubana vigila a los disidentes con los servicios de inteligencia, según diversos relatos de los protagonistas.

La reconocida y premiada periodista Yoani Sánchez, la bloguera que atrajo hace unos años la atención de la opinión pública internacional y de la prensa mundial a partir de sus denuncias, reveló en su cuenta de Twitter: “Luz Escobar, periodista de @14ymedio, tiene este domingo por enésima vez vigilancia en los bajos de su casa, para impedirle salir. Además le han cortado su móvil”.

Este caso se suma a reconocidas artistas de trayectoria mundial como Tania Bruguera que ha sido vigilada, detenida ilegalmente e incomunicada solo por expresarse críticamente en relación con la cercenamiento de libertades por el régimen cubano.

Foto: Punto de Partida

¿Cambiará algo sin Raúl Castro?

La reciente renuncia del Raúl Castro, hermano del difunto Fidel, a su posición dominante en el Partido Comunista Cubano (PCC) tras 62 años de liderazgo alienta la expectativa de la disidencia artística, pero para otros, no pasa de ser una utopía que vaya a darse una apertura de libertades en la isla.

El manifiesto de 27N ha calentado el debate político en Cuba que tiene un alto nivel intelectual. No son reclamos de bolsones de comida ni de vacunas contra el Covid, sino que se trata de una generación que exigen un diálogo en la isla que considere en la agenda la cultura como un espacio de libertad, tolerancia política, respeto a los derechos civiles, tolerancia política y cese de las muchas formas de violencia que el PCC ejerce hoy sobre la libertad de expresión de la sociedad civil.

La artista cubana Tania Bruguera fue detenida tres veces por su postura contra el régimen.  Foto Reuters/ Alexandre Meneghini

La artista cubana Tania Bruguera fue detenida tres veces por su postura contra el régimen. Foto Reuters/ Alexandre Meneghini

En otro tramo del Manifiesto, el 27N reclama “una nación donde expresarse libremente no constituya un acto de valentía, sino que sea una consecuencia natural del pensamiento autónomo. Donde no exista el odio político, la violencia policial, la represión, la censura, la manipulación mediática, la violación de la privacidad, los actos de repudio; en fin, las prácticas abusivas de poder ejercidas por una dirección política centralizada, militar y partidista, que discrimina y anula a quienes disienten, violando sus derechos humanos”.

El arte como espacio de libertad

Desde Estados Unidos donde vive, la prestigiosa artista Coco Fusco dijo a Clarín: “El manifiesto del 27N representa un paso crucial para el arte y el activismo en Cuba. Con este documento, el 27N realiza una importante transición, pasando de ser reactivo a la represión estatal a establecer una posición proactiva. El grupo ha esbozado su visión de un futuro mejor, no sólo para el arte en Cuba, sino también para la ciudadanía. Es importante señalar que los miembros del 27N conciben su proyecto como ciudadanos de su país”.

Coco Fusco recordó que “no es la primera vez que colectivos de activistas e intelectuales cubanos presentan una agenda formal de cambio. Hubo importantes esfuerzos realizados también en los años 90 por los intelectuales de Criterio Alternativo y también por Osvaldo Payo y el Proyecto Varela, por señalar un par de ejemplos. En el pasado, el gobierno cubano no ha respondido favorablemente a las demandas de cambio. Pero la situación política y económica del gobierno cubano es ahora mucho más frágil y volátil, lo que puede hacer que reconsidere su larga intransigencia”.

Madrid, 1992. Esta performance de la artista cubana Coco Fusco satiriza el descubrimiento de América y la colonia.

Madrid, 1992. Esta performance de la artista cubana Coco Fusco satiriza el descubrimiento de América y la colonia.

Desde BerlínHamlet Lavastida –que acaba de inaugurar la muestra individual “Cultura Profiláctica” en el Künstlerhaus Bethanien, en la que echa mano a un término sanitario que según el artista revela muchas estructuras del sistema de salud en Cuba y en otras partes del mundo–, dice a Clarín que a partir de la nueva Constitución cubana, dictada en 2019, hay un impulso por hacer respetar la legalidad.

Dicha Carta Magna “consagró las libertades civiles y el Estado socialista y de derecho. Pero esto es hasta cierto punto. Lo que está ocurriendo es que a partir de la Constitución grupos de la sociedad civil, artistas y artivistas tienen un marcado interés en introducir un cambio. Y la sociedad ya comprende que el respeto de los derechos civiles son el núcleo para el respeto de los derechos políticos. Hay una necesidad de entender la justicia social tan utilizada por la izquierda, el Partido Comunista y los militantes. El tema legal es complejo porque por un lado está la Constitución pero también se dice que el PCC es la fuerza rectora de la sociedad cubana”.

La justicia social, dice Lavastida, “ha sido muy entronizada por las distintas izquierdas cubanas. Pero la sociedad ya entendió que ésta no es un elemento dado por el socialismo sino algo inherente a la representación popular, a la República, que es el el origen de Cuba como entidad política”.

El artista subraya que tanto el Movimiento 27N como el San Isidro no está solo integrado por jóvenes, sino que son transgeneracionales hoy.

“Sus integrantes quieren ir hacia elementos que están tipificados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Constitución cubana. Quieren una sustitución institucional de un régimen sin legitimidad porque no ha sido votado por la ciudadanía, por otro que sí tenga representatividad. Que haya derecho a los derechos. Son movimientos con mucha vitalidad que reclaman que Cuba vuelva a ser cosmopolita, transnacional, multicultural, multiétnica. ¿Qué ha hecho el gobierno? Sacar decretos de facto que suspenden las libertades artísticas y culturales, los medios de comunicación digitales y se ha desatado un clamor”, dice Lavastida, que exhibe un amplio conocimiento sobre la situación jurídico-política de la isla.

Lavastida trata de sintetizar los complejos debates abiertos hoy en Cuba: “Estos movimientos reclaman la independencia de la historia dentro de la historia; la independencia de la educación dentro de la educación, la desideologización, que se detenga el adoctrinamiento político en las esferas civiles. Porque lo que hay que entender que en Cuba el Ministerio de Cultura o el de Educación o cualquier otra estructura no representan los intereses de la sociedad sino del PCC”.

Lo llamativo, dice el artista, es que muchos actores culturales no vienen de las academias o las escuelas de arte, sino que reclaman que la cultura sea un espacio de libertad total. Han ganado por eso mucha simpatía en la sociedad cubana. San Isidro habla con otro discurso, que es el de la periferia, las personas más humildes y ha fraguado muy bien entre la gente”.

Lo más interesante, concluye Lavastida, es que comienzan a incorporarse a la agenda de la sociedad civil palabras como ciudadanía, libertad de expresión, cultura y libertad, y se reclama que la cultura esté descentralizada de las estructuras del aparato estatal, que solo ha servido para adoctrinamiento ideológico de la sociedad cubana.

Estos movimientos “no quiere destruir la institucionalidad sino que buscan una más renovada con un verdadero sentido de representación pública. Somos once millones de cubanos y el PCC tiene 600 mil miembros. Lo que los movimientos 27N y San Isidro, entre otros, persiguen es las estructuras centrales del Estado no sean funcionales al PCC sino a la ciudadanía. Hoy hay mucha injusticia en Cuba y detrás de todos estos reclamos hay una necesidad de rescatar el republicanismo y hacerlo en todas las esferas de la cultura”./Clarin

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