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Uruguay: era un país modelo y ahora sufre un crecimiento de muertes por Covid-19

Fue un modelo a envidiar cuando la pandemia estalló. Uruguay, con sus 3,5 millones de habitantes, había superado airoso los embates del coronavirus allá por principios de 2020. Hoy es uno de los países con más muertes por covid por cada millón de habitantes. ¿Qué pasó?

Un dato objetivo pone negro sobre blanco la realidad del país: los 19 departamentos (provincias) uruguayas están en nivel “rojo”, un color asignado por el Global Health Institute de Harvard que significa que por cada 100 mil habitantes hay más 25 contagiados frente al “verde” que baja a 5.

El número de muertos también habla de la gravedad: según Our World in Data, el país registra 17,31 personas fallecidas por millón de habitantes, ubicándose en el podio mundial de muertes por covid. En Argentina, el índice es de 9,22.

Las razones

La debacle tiene varios “padres” o “madres”. Para empezar, la variante P.1 llegada desde el vecino Brasil. El 80 por ciento de la mutación que está circulando en Uruguay es la de Manaos.

Una prueba de que la cascada tóxica proviene del norte es la situación en el departamento de Artigas, limítrofe con Brasil, donde los contagios por 100 mil habitantes trepan a 162,65.

En Rivera, otro departamento fronterizo donde la única barrera física con Brasil es una calle, los contagios llegaron a nivel de desastre solo contenido con la llegada de las vacunas. Allí la vacunación fue masiva. Se vacunó al 60% de la población, y los casos cayeron dramáticamente.

El otro “padre” de la “criatura” es la movilidad.

Una mujer espera en un pasillo del área de Cuidados Intermedios del Hospital Público de Rivera. Foto: EFE
Una mujer espera en un pasillo del área de Cuidados Intermedios del Hospital Público de Rivera. Foto: EFE

“Hay movilidad. El transporte de colectivos sigue funcionado y van llenos”, explicó el periodista uruguayo Antonio Ladra.

La decisión de reducir la cantidad de autobuses para bajar la movilidad de la gente solo condujo a hacinar a los pasajeros en los pocos vehículos que siguieron rodando.

Por eso, Montevideo llegó a un acuerdo con el gobierno nacional para una inyección de dinero para poner en funcionamiento al 100% de la flota de buses para que la gente que sale a trabajar lo haga en condiciones saludables, explica Ladra.

El transporte interdepartamental también sigue funcionando normalmente. Y otro factor que alimenta contagios es la gente que sale a trabajar porque no tiene otra opción.

“Las oficinas están cerradas. Pero la gente que hace la limpieza concurre normalmente”, pone como ejemplo Ladra.

Cuarentena, no

La movilidad y la cepa de Manaos explican en gran parte los contagios en un país donde no hay cuarentena estricta. El presidente Luis Lacalle Pou se niega a decretarla a pesar de los pedidos de la oposición y de las sugerencias del Grupo Asesor Científico Honorario que aconsejó cerrar durante un tiempo y acelerar el proceso de vacunación.

“Eso está descartado por completo“, afirma Ladra, aún si el escenario se agrava.

La cuarentena no es el único punto de roce entre el gobierno y la oposición.

El gobierno aprobó en su primer año de gestión la “Ley de Urgente Consideración” de 135 artículos, donde desmonta muchas de las políticas del Frente Amplio. La oposición ahora junta firmas para convocar un referéndum derogatorio. Para ello deben conseguir antes del 9 de julio, al menos 680 mil firmas, el 25% del padrón.

Las chances de que la oposición alcance las firmas son altas, según los sondeos.

Lacalle Pou descartó decretar una cuarentena. Foto: AP
Lacalle Pou descartó decretar una cuarentena. Foto: AP

Esto, según explicó Ladra, llevará al país “durante los próximos meses a partir de julio y en plena pandemia a una campaña electoral anticipada, porque la gente cuando sea convocada a votar, lo que plebiscitará no será la ley sino la gestión de gobierno”.

Los protocolos​

Pero Uruguay no vive al ritmo de “libres todos”. Hay protocolos que deben ser cumplidos aunque no hay multas para quien decide no usar barbijo.

Los protocolos dictan que solo una persona por grupo familiar puede entrar a un comercio y no podrá hacerlo si no lleva tapabocas. Los clubes deportivos están cerrados. No hay partidos de fútbol. Los cines y teatros también están cerrados. Los encuentros sociales deben ser al libre libre y en grupos de no más de diez. Medidas que suenan familiares de este lado del Río.

Y las clases, suspendidas, recomenzarán de manera presenciales en etapas y lentamente.

En general la gente cumple con los protocolos. Incluso lleva barbijos cuando no es estrictamente necesario, por ejemplo, cuando anda en bicicleta por la Rambla a orillas del río, donde la brisa protege.

Pero el virus, tal como ocurrió en otra partes del mundo como en Italia, esquiva protocolos, corre más rápido y gana la partida. La clave está en vacunar.

Vacunación, la esperanza

Uruguay lleva adelante una exitosa campaña de vacunación. Y allí están puestas las esperanzas. El país trabaja con tres vacunas. Una es la de Pfizer que se destinó al personal de salud y a los mayores de 70 años. Esto provocó una drástica caída de contagios entre médicos y enfermeros.

Una persona recibe una vacuna contra la covid-en el Hospital Público de Rivera. Foto: EFE
Una persona recibe una vacuna contra la covid-en el Hospital Público de Rivera. Foto: EFE

Las otras dos vacunas son la de Sinovac y AstraZeneca. La china aún carga con cierta polémica sobre su efectividad, al menos con la primera dosis. Y la de Oxford, que llegó al país a través del sistema de Covax, fue resistida por varios uruguayos que decidieron no aplicársela, lo que dio por resultado que algunas dosis se perdieran.

Más de un 20 por ciento de la población ya fue vacunada, a un ritmo diario de 1,04 dosis cada 100 personas. Se realizan por día además unos 13.000 testeos. El siguiente paso es empezar a vacunar a los jóvenes, en especial porque el movimiento antivacunas es fuerte en Uruguay (20%), y si este colectivo no es vacunado la inmunidad de rebaño quedará lejos de alcanzarse.

Ladra se muestra especialmente sorprendido por el número de muertes. En un país de pocos habitantes, un promedio de unas 50 muertes por día asusta. Las terapias intensivas no están saturadas, pero su distribución a lo largo del país no es uniforme y esto obliga al traslado de pacientes críticos de UCIs saturadas a otras con camas libres.

Hoy se estima que entre el 60 y 70 por ciento de las camas de terapia intensiva en Uruguay están ocupadas por enfermos de covid.

Seguro de desempleo

El gobierno de Lacalle Pou flexibilizó en tiempos de pandemia las reglas para otorgar un seguro de desempleo, que en tiempos normales suele durar un año y cubre el 60% del salario.

Con la pandemia, se otorgan seguros parciales que pueden ser renovables. Pero este remedio solo sirve para el trabajador en blanco.

La gente de la Cultura por ejemplo, como los músicos, no tiene paliativo. “Se han visto muy complicados”, dice Ladra.

Estudiantes realizan sus tareas a distancia luego de la suspensión de las clases presenciales. Foto: Xinhua
Estudiantes realizan sus tareas a distancia luego de la suspensión de las clases presenciales. Foto: Xinhua

Varios comercios como bares y restaurantes han tenido que cerrar. En la ciudad Vieja de Montevideo el paisaje de persianas bajas es desolador. La gente que trabajaba en las oficinas del centro y que ahora está en sus casas ya no baja a almorzar.

Se ve más gente en situación de calle. “Gente que se cayó del sistema”, lo describe Ladra. Familias con la vida a cuestas recorre las calles. “Ves gente que se armó su casita en la calle, van con la valija, y las ves leyendo, escuchando la radio”, dice.

Pero a pesar de todo, la popularidad de Lacalle Pou está invicta y goza de niveles de aprobación del 60%.

El ex presidente Tabaré Vazquez dejó su gobierno con 61% de aprobación, una cifra inédita al término de un período de gobierno./ clarin.com

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