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La inflación en los EE.UU.: su impacto en nuestra economía

En mi columna del mes pasado me preguntaba si los peligros de inflación en los Estados Unidos eran reales o una mera falsa alarma; los datos publicados el pasado miércoles confirmaron que el peligro era real y nos obligan a preguntarnos cómo afectará a la economía argentina si esta tendencia se consolida.

Los datos del mes de abril mostraron la mayor tasa de incremento de los precios desde 2009 (0,9% en el mes), pero mucho más preocupante fue la suba de la tasa anual al 4,2% (supera la meta implícita de la Reserva Federal) y la tasa cuatrimestral anualizada se elevó al 6,5%.

A pesar de ello, algunos miembros de la Reserva Federal dijeron no estar preocupados por esta suba, y la propia secretaria del Tesoro Janet Yellen afirmó que consideraba que la actual política económica era la adecuada.

Al contrario de estas declaraciones, en mi última columna expresé mi preocupación por la oportunidad y magnitud del último paquete de apoyo fiscal de Biden. Las cifras de ingresos y gastos de las familias del mes de marzo confirmaron mis temores.

Los ingresos totales alcanzaron un valor anualizado de 24,2 billones de dólares, cuando antes de la pandemia eran equivalentes a 18,9 billones (un incremento de 28,2%) impulsado por transferencias del gobierno de 6,6 billones, a pesar de que los ingresos por salarios y renta de la propiedad fueron superiores a los niveles pre-pandemia.

Estos ingresos se destinaron mayormente al ahorro, pero los gastos se elevaron. Las ventas minoristas alcanzaron en marzo niveles records con un crecimiento interanual del 18%.

Es de esperar que los datos de abril muestren una disminución de las transferencias, pero la gran pregunta es qué harán las familias con sus niveles máximos de ahorro (los que en los últimos doce meses se incrementaron en 3,4 billones contra 1,2 billones en los doce meses anteriores) y con niveles de ingresos que son récord también.

Mi intuición me dice que en EE.UU. se repetirán los “años locos” de la década de 1920 en materia de gastos en cuanto se flexibilicen las restricciones a la movilidad. Los datos sectoriales ya lo muestran.

La pregunta es ¿cómo se distribuirá ese incremento de gastos entre actividad y precios? Las cifras del primer trimestre muestran una aceleración del crecimiento (6,4%) y de la inflación, pero el temor es que este equilibrio se rompa y que se acelere la inflación; la principal razón es lo que está sucediendo en el mercado laboral.

El empleo está creciendo (contribuyendo a satisfacer uno de los objetivos de la FED) pero cada vez son más frecuentes los reclamos del sector empresario que dicen tener dificultades para conseguir empleados, a pesar de la elevada tasa de desempleo. La competencia entre los cheques de los paquetes y los salarios podría estar siendo contraproducente para la recuperación del mercado laboral.

De continuar el crecimiento de la demanda final de bienes y servicios necesariamente habrá incrementos salariales y de precios. Otro sector que está experimentando crecimientos importantes de la demanda (y de precios) es el de las viviendas.

Si no se actúa a tiempo, el principal peligro es que siga la escalada inflacionaria, obligando a la FED a endurecer su política monetaria subiendo las tasas de golpe y dejando de comprar títulos públicos. Esta situación podría reflejarse en una baja importante del precio de todos los activos que afectaría la recuperación de la economía mundial.

Lo sorprendente de la actual situación es la velocidad con la que está subiendo la inflación, luego de un largo período de inflación muy baja. Esta situación tiene muy poco que ver con el período de alta inflación entre 1965 y 1982 (con picos del 14%) que llevó a Paul Volcker a subir las tasas hasta el 22% para combatirla.

Su política fue exitosa (tardó cuatro años en bajarla a niveles aceptables) pero a costa de una baja en el PBI de los EE.UU. Estos acontecimientos también afectaron negativamente a la economía mundial y al precio de las materias primas, dando inicio a la “década perdida” en América Latina.

La magnitud de la actual suba de los precios sorprendió a los mercados, los que reaccionaron de manera errática. Las tasas de interés están subiendo (muy lentamente), pero las acciones alternan bajas (martes y miércoles) con subas (jueves). El oro sube (protección contra la inflación) pero bajan el cobre y los productos agropecuarios. El dólar se fortaleció marginalmente en relación al conjunto de las demás monedas.

¿Cómo afectan estos acontecimientos a la economía argentina? ¿Podría repetirse la situación de comienzos de la década de 1980? La respuesta a este último interrogante es no, pero algún efecto negativo puede tener. Al no tener acceso a los mercados de capitales la suba de la tasa no lo afecta directamente, pero sí indirectamente.

Si esta situación se refleja en una huida de capitales de los países emergentes podría afectar a los bonos argentinos y al mercado cambiario. Una desaceleración de la economía mundial se reflejaría en mayores dificultades para vender nuestros productos al mismo tiempo que se podrían deteriorar los términos del intercambio (lo que nos perjudica).

En resumen, la FED debe monitorear bien de cerca la situación para actuar a tiempo y suavizar la tendencia inflacionaria. Es poco probable que la Fed actúe tarde, pero las últimas declaraciones generan preocupación. Cuanto más tarde en reaccionar, más bruscas deberán ser sus medidas, y podría afectar de manera significativa a la economía mundial.

En el escenario más probable, el contexto internacional tendrá efectos negativos sobre la economía argentina, pero no dramáticos, y la evolución de nuestra economía seguirá dependiendo mucho más en lo que nosotros hacemos que de lo que pase en el exterior.

Para que nuestra economía mejore, debe restaurar los equilibrios macroeconómicos (donde hubo algún progreso en los últimos meses aunque con muchas distorsiones) y fortalecer la confianza

Por: Ricardo Arriazu/Lanacion

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