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Un maestro rural correntino dio clases por radio durante la cuarentena

Son los últimos días de marzo de 2020. La pandemia ya llegó a la Argentina. El coronavirus comienza a propagarse y los contagios van en aumento. La cuarentena es una realidad que se enfrenta con el temor de lo desconocido. El COVID-19 es percibido como un enemigo invisible. Casi nada se sabe sobre él y lo mismo ocurre con el encierro forzado, que trae consigo una incertidumbre que se refleja en comercios atestados de gente que busca abastecer alacenas. Son esos días en que las videollamadas afloran como un retrato de la nueva cotidianeidad. Y se convierten en la principal herramienta que en adelante tendrán los chicos para seguir en contacto con la escuela.

Se desconoce cuánto tiempo las aulas estarán cerradas. Y Colonia Pando, un pueblito de 500 habitantes ubicado al Sur de la capital de Corrientes, exhibe una realidad similar a la de cualquier paraje rural de la Argentina. La mayoría de los chicos que van a la escuela Madre Teresa de Calcuta son hijos de pequeños productores y viven en pueblos vecinos a los que se llega a través de caminos de ripio. La señal de los teléfonos suele ser deficiente, pero además no todos los alumnos tienen celular ni computadora. El maestro Daniel Bruno advierte que la brecha digital será difícil de sortear y que encontrará obstáculos para seguir enseñando. Hasta que se le ocurre una idea.

“Hace 23 años que estoy al mando de la FM 107.7 San Roque. Acá la radio es una tradición muy arraigada: en todas las casas hay una. Están arriba de las heladera, se las llevan a las chacras, la gente sigue el pronóstico para ver cómo va a estar el clima en el campo, o escucha chamamé”, le cuenta. El 16 de marzo, a Bruno le avisaron que el colegio iba a cerrar. “Lo primero que hice fue armar un grupo de WhatsApp con mis alumnos: de los 45 que tenía, había 18 que no usaban la aplicación. Empecé a notar también que varios me contestaban al otro día, a la semana o nunca. Algunos no tenían señal, otros no tenían crédito. Y ahí me pregunté: ¿y si doy las clases por radio?”.

El maestro -tiene 54 años y una hija, Fani, de 13- buceó por el buscador de Internet para ver si la idea tenía asidero. Y su curiosidad lo llevó a Radio Ecca, un instituto de las Islas Canarias (España) con una tradición de más de cuatro décadas de enseñanza a través de la radio. “Los llamé por teléfono. Amparo Osorio, la directora, me atendió muy bien. Debido a la diferencia horaria, me levantaba a la madrugada para conectarme al Zoom y que me asesoraran. Ahí recibí los primeros consejos y el 19 ya arranqué con la primera clase a través de la FM”.

Casado con Lilian, también docente, Bruno da clases de lenguaje artístico y comunicacional a chicos del 4° año de la secundaria. El maestro advirtió de entrada que había un romance en ciernes entre las materias que dicta y el plan que había ideado ante la nueva problemática: es esperable que dar y recibir contenidos sobre historia de la comunicación, historia del arte y radioteatro por una frecuencia radial sea más llevadero que plasmar el mismo proyecto en una cursada sobre álgebra y aritmética. Sin embargo, se apura en aclarar que lo suyo “fue un manotazo de ahogado; no busqué que se convirtiera en un método”.

“Fue movilizante todo lo que ocurrió de ahí en más. Había chicos que no le daban mucha importancia al colegio. Y sin embargo, con la radio se engancharon un montón”, detalla.

La rutina excedía a esa hora diaria de clases por radio: Bruno preparaba cuadernillos con ocho temas e incluía actividades al final. El maestro tiene su casa en San Roque, una localidad de 10 mil habitantes que viven del cultivo de maíz, mandioca, batata, sandía y cítricos. Está ubicada a unos 33 kilómetros de Colonia Pando, donde se encontraba con Brian, uno de sus alumnos. “Él vive en Laurel, que está cerca, y les repartía los cuadernillos a sus compañeros”, relata.

Cuenta Bruno que Brian, cuyo hogar queda en una colonia agrícola, sorteaba los problemas de conectividad trepándose a un molino: desde allí enviaba la tarea. Pero varios de sus compañeros no podían entregar sus trabajos. Entonces Bruno se subía a su camioneta Toyota modelo ‘99 e iba casa por casa para recoger los cuadernillos y poder evaluar a los alumnos.

Las clases por radio fueron evolucionando al compás de la pandemia. Y unas semanas después de aquella experiencia inicial, el docente se dio cuenta que tenía muchos más alumnos-oyentes que los 45 que conocía de la escuela Madre Teresa de Calcuta. “Los padres de los chicos se fueron sumando, pero después apareció gente que nada que ver. Un policía, por ejemplo, me terminó pidiendo los cuadernillos. Y así varios”, comenta.

Elma Pelozo, la madre de Gabino Ruiz Díaz, soldado caído en la Guerra de Malvinas y primero en ser identificado en el cementerio de Darwin, es otra de sus oyentes fieles. Todos los años, el 2 de abril, Bruno organiza una maratón de 30 kilómetros en homenaje a los combatientes. “Elma vive en Colonia Pando y me llamó para decirme que escuchaba las clases”, subraya.

En abril de este año, Daniel Bruno volvió a dar clases presenciales bajo el método de las burbujas sanitarias. Sin embargo, esa audiencia inesperada fue el impulso de una nueva idea: dictar clases a adultos que no terminaron el colegio. “Acá hay mucha gente que no pudo seguir estudiando porque desde chiquitos ya trabajaban en el campo. Y a esas personas a las que todavía hoy les cuesta ir a cursar porque trabajan y tienen hijos, yo les doy apoyo escolar a través de la radio. Lo hago todos los sábados: por ahora tengo a nueve madres de familia”.

El docente da clases de lenguaje artístico y comunicacional a chicos de 4° año del colegio secundario. (Foto: Daniel Bruno)

Un mes después, en mayo, el maestro recibió una sorpresa: el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), con sede en San José de Costa Rica, le otorgó el premio “El Alma de la Ruralidad”, que distingue a hombres y mujeres de América Latina y el Caribe que viven y trabajan en el campo. “También condecoraron a un ingeniero agrónomo de Brasil, a un productor de Trinidad y Tobago. Soy el único que no es productor rural”, acota.

Bruno ya suma más de tres décadas como docente y fue alumno hasta hace muy poco: “En los pueblos te las tenés que rebuscar. Mi pasión era ser periodista. Pero la única carrera que había en San Roque era magisterio. Recientemente me recibí de martillero público y hoy tengo una pequeña inmobiliaria junto a mi hermano”./ tn.com.ar

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