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Decepcionado con La Cámpora, Alberto Fernández medita cambios, a la espera de una reunión con Cristina

El Gobierno entró en una zona de definiciones y cambios. Las próximas 48 horas serán definitivas para Alberto Fernández y su administración. El Presidente está dispuesto a ceder, como pretenden sus socios del Frente de Todos, pero no bajo presión sino como consecuencia de una negociación de dos, entre el jefe del Estado y Cristina Kirchner.

Unidad, aunque duela; ese es el objetivo por estas horas. “Aún en la desconfianza tenemos la obligación de gobernar”, explicó uno de los hombres fuertes del Frente de Todos. El problema interno se exhibió como nunca antes y dejó expuesto al gobierno nacional a una crisis institucional sin precedentes.

Alberto Fernández, que se enteró de la carta de renuncia Wado de Pedro, la primera que vio la luz pública, en el helicóptero camino a José C. Paz, fue cambiando de humor con el correr de las horas. La primera reacción fue incredulidad, después bronca y finalmente decepción, pero no tomará una decisión bajo estas condiciones.

“Con la pistola en cabeza no se negocia”, graficó un encumbrado funcionario con despacho en el primer piso de la Casa Rosada. La referencia es contra La Cámpora, que exigió la salida del jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y del ministro de Economía, Martín Guzmán.

El jefe del Estado está particularmente molesto con los integrantes de la agrupación que lidera Máximo Kirchner. Incluso, cerca del mandatario destacaron que Fernández compartió un acto ayer con el jefe del bloque de Diputados y con el ministro del Interior. Nada le dijeron. Tampoco la expresidenta, en la reunión que mantuvo con el Presidente ayer por la tarde en la quinta presidencial de Olivos.

“No había necesidad de generar esta crisis. Los pibes ya probaron que no son confiables”, resumieron cerca de Fernández, que ya avisó que no propiciará un quiebre de la coalición de gobierno.

Cristina Kirchner tuvo un rol clave durante todo el día: después de dar la orden de tensionar al máximo al Presidente con la presentación de las renuncias, buscó enviar un gesto de distensión con el llamado a Guzmán, principal apuntado por las críticas del kirchnerismo duro.

El otro actor clave es Sergio Massa. El líder del Frente Renovador oficia por estas horas de intermediario. “Hay un problema. Pero ahora esto hay que resolverlo hablando como dirigentes serios que somos”, explicaron fuentes cercanas al presidente de la Cámara de Diputados.

La discusión interna

La crisis política generó un fortísimo malestar dentro del gabinete. Fueron varios los que alzaron su voz para avanzar con una ruptura. Parte de esto se habló en la reunión que encabezó Cafiero con todos los ministros que no renunciaron.

Ahí estuvieron Martín Guzmán (Economía), Matías Kulfas (Desarrollo Productivo), Claudio Moroni (Trabajo), Juan Zabaleta (Desarrollo Social), Matías Lammens (Deportes y Turismo), Gabriel Katopodis (Obras Públicas), Felipe Solá (Cancillería), Sabina Frederic (Seguridad), Cecilia Todesca (vicejefa de Gabinete) y Carla Vizzotti (Salud) y la secretaria de Legal y Técnica, Vilma Ibarra, entre otros.

“Están locos, son unos irresponsables”, fue el mensaje que repitieron algunos de los funcionarios que estuvieron con el ministro coordinador y con el Presidente.

En algunos de los principales despachos de la Casa Rosada también evaluaron la explosión de la interna como una oportunidad para que el Presidente recupere la centralidad. Incluso, no son pocos los que creen que una mala decisión de Alberto Fernández lo expondría perder aún más autoridad. Para otros, en tanto, ya no hay vuelta atrás. “Se terminó el gobierno del Frente de Todos”, sostuvo un hombre con despacho en el primer piso. Sentencia que el Presidente se resiste a ejecutar.

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