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Los aliados de EE.UU. empiezan a ver a Biden como una continuidad de Trump

La comparación, despojada de cualquier sutileza, llegó desde el otro lado del Atlántico, del más antiguo aliado histórico de Estados Unidos, ahora enfurecido y frustrado. Jean-Yves Le Drian, el ministro de Relaciones Exteriores de Emmanuel Macron, dijo que una decisión “brutal, unilateral e impredecible” del presidente, Joe Biden, le recordaba –y mucho, enfatizó– a lo que solía hacer Donald Trump.

Le Drian se refería a la creación de Aukus, la alianza militar estratégica de Estados Unidos, el Reino Unido y Australia que enfureció a China y a la Unión Europea, en especial a Francia. Macron tomó después una decisión extraordinaria: llamó a consultas a sus embajadores en Washington y Canberra.

La diatriba de Le Drian y la movida de Macron contra Biden fueron el último brote de frustración –de críticos, pero también de aliados– en contra de la política exterior de Biden, quien llegó a la Casa Blanca con la promesa de reparar los lazos de Washington con el resto del mundo luego de cuatro años traumáticos ungidos con el mantra trumpista “Estados Unidos, primero”. Biden, uno de los presidentes con más experiencia en la arena internacional que ha tenido Estados Unidos, ofreció un ramo de olivo en una frase: “Estados Unidos está de vuelta”.

Pero, ¿está de regreso Estados Unidos? ¿Ha dado un vuelco la política exterior de la Casa Blanca luego del aislacionismo trumpista? A juzgar por las críticas que ha cosechado Biden en los meses que lleva en la Casa Blanca, la respuesta está más cerca del “no” que del “si”, o al menos tiene suficientes matices como para despertar comparaciones como la que hizo Le Drian. Una columna publicada en el Washington Post por el periodista Fareed Zakaria lo puso en estos términos: “¿Biden está normalizando la política exterior de Trump?”.

Aunque Biden revirtió muchas políticas de Trump, varias de sus decisiones como presidente estiraron, a veces con retoques, iniciativas diseñadas bajo la prédica nacionalista y aislacionista trumpista. Biden dejó en pie el andamiaje proteccionista que montó Trump para proteger a rincones de la industria norteamericana –ambos llegaron a la Casa Blanca con respaldo de los obreros industriales, o blue collar workers, en referencia al mameluco–, y por ahora se ha negado a reabrir las fronteras a Europa, China, Brasil y otros países vedados a medias por el coronavirus. El acuerdo transpacífico, pilar de la estrategia de Barack Obama para contrarrestar el ascenso de China, defenestrado por Trump, permanece en el destierro con Biden.

Biden decidió seguir adelante con la retirada de Afganistán que orquestó su predecesor
Biden decidió seguir adelante con la retirada de Afganistán que orquestó su predecesorRahmat Gul – AP

Uno de los ejemplos más claros de continuidad de un gobierno a otro está en América Latina. Trump impuso sanciones y desarmó la apertura de Obama a Cuba, urgido por garantizar un triunfo electoral en Florida, hogar de la diáspora cubana y venezolana que detesta el socialismo. Durante la campaña presidencial, Biden prometió desarmar el cepo trumpista a la isla y retornar a la política de Obama. Pero nunca lo hizo. Una y otra vez la Casa Blanca ha dicho que la política hacia Cuba está “bajo revisión”, dejando un eventual giro en el limbo.

Otra similitud: la intención de frenar la inmigración de América Central, aun cuando sea con miradas, valores y políticas antagónicas. La región aún aparece relegada en la agenda oficial: en Washington algunos aún esperan una visión nítida para América latina, más allá de la promoción de los derechos humanos, la democracia, la seguridad regional y la prosperidad económica.

Realismo pragmático

Otro de los hilos más nítidos de continuidad surgió de la decisión de Biden de honrar el acuerdo firmado por Trump con los talibanes, y concretar el retiro de todas las tropas de Afganistán. El repliegue terminó siendo un desastre para la Casa Blanca, aunque el tema haya comenzado ya a quedar en el pasado y haya perdido espacio en los medios.

Esa decisión refleja, para muchos, un realismo pragmático con el que Biden maneja los hilos de la política exterior de Estados Unidos, y que, en ocasiones, choca con los valores en los que se asienta su presidencia, como, por ejemplo, la defensa de los derechos humanos. Un caso: su decisión de exhimir de sanciones al príncipe herederos de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, acusado por la comunidad de inteligencia norteamericana de haber ordenado el asesinato del columnista del Washington Post, Jamal Khasshoggi. Biden citó un precedente: Estados Unidos nunca ha sancionado al jefe de Estado de un país aliado, en este caso, Arabia Saudita. Al igual que Trump, Biden optó por evitar sancionar al príncipe heredero.

En sus ochos meses en la Casa Blanca, Biden también imprimió giros marcados en la política exterior norteamericana, al poner al cambio climático como una prioridad, y reincorporar a Estados Unidos al Acuerdo Climático de París y los organismo multilaterales a los que Trump le dio la espalda, como la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Un artículo de la revista Foreign Affairs titulado “Biden, el realista” ofreció una explicación al destacar que el mandatario “consistentemente ha puesto la búsqueda pragmática de la seguridad nacional norteamericana por encima de la ortodoxia de la política exterior”. La revista indicó que, para los críticos, sus giros en política exterior pueden parecer oportunistas, pero su larga trayectoria en la alta política de Washington marca que la seguridad del país ha sido “la base primordial de la política exterior”.

La próxima semana, Biden hablará por primera vez ante la Asamblea General de las Naciones Unidas como presidente de Estados Unidos, en el que será su discurso más importante ante el mundo como mandatario de la primera potencia global. “Estados Unidos está de regreso”, dijo Biden al inicio de su presidencia. El mundo, esta vez, lo escuchará con una dosis de escepticismo./ lanacion.com.ar

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