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Los “Nahuelitos” prehistóricos que habitaron la patagonia sufrieron la tuberculosis

Marianella Talevi quedó atrapada con las clases de sus buenas profesoras de biología durante la escuela secundaria en Roca, Río Negro, y decidió que quería saber más sobre los animales. Pensó en estudiar veterinaria, pero se dio cuenta que iba a sufrir si las mascotas que atendiera se morían por alguna enfermedad. Entonces, apostó a la paleontología, que es el estudio de la vida a través de los restos fósiles de animales que ya fallecieron.

Ahora, con su equipo del Instituto de Paleobiología y Geología, que depende del Conicet y la Universidad Nacional de Rio Negro, el Museo de La Plata y de la Universidad de Kansas, Estados Unidos, Talevi descubrió que los reptiles prehistóricos, como los plesiosaurios, que habitaron la Patagonia, sufrieron enfermedades como la tuberculosis que también padecen los seres humanos. Aunque los humanos nunca convivieron con los plesiosaurios.

El descubrimiento se hizo a partir del hallazgo de una vértebra cervical de un plesiosaurio, que vivió hace más de 67 millones de años en el territorial de la actual provincia de Río Negro. Es decir, fue a partir de un resto fósil de los animales extinguidos que los humanos convirtieron en la leyenda del Nahuelito.

El plesiosaurio podía tener cuello de hasta 8 metros de largo. 

“Hace más de 20 años que hacemos campañas paleontológicas en una zona cercana a la localidad de Lamarque, en Río Negro”, contó la doctora Talevi a Río Negro. “En una oportunidad, fuimos a desenterrar un mosasaurio. Hace más de 65 millones de años, esa zona era un mar con reptiles marinos como los mosasaurios y los plesiosaurios”, detalló.

Como parte de esa campaña, encontraron la vértebra cervical de plesiosaurio. “Nos sorprendió la anatomía. Presentaba signos de una enfermedad”, recordó. Los años siguientes los investigadores siguieron estudiando otros restos fósiles de animales prehistóricos. El año pasado, volvieron a prestarle atención a la vértebra del plesiosaurio.

“En 2020 hicimos estudios con lupas y fotos y también pudimos usar un microtomógrafo, una tecnología que permite que los rayos penetren en el fósil sin dañarlo. Tiene la ventaja que no obliga a cortar al resto fósil”, explicó. El uso de la tecnología fue facilitada por la empresa YTec, que fue creada por la empresa pública YPF y el Conicet.

Cómo se hizo el estudio

Al hacer el análisis en profundidad, el equipo de investigación llegó a la conclusión de que el plesiosaurio tuvo una enfermedad similar a la tuberculosis que desarrollan los seres humanos. A nivel mundial, en 2019, se estimaron que 10 millones de personas enfermaron de tuberculosis, con un estimado de 1.4 millones de muertes por esta infección. En el continente americano, se estimaron 289.000 casos de tuberculosis.

Según Talevi, otros investigadores habían encontrado signos de tuberculosis en otros grupos de animales prehistóricos. Pero el hallazgo de su grupo fue el primer registro en plesiosaurios. También fue la primera vez que se determina un registro de esa enfermedad en animales prehistóricos de la Patagonia y la Antártida, remarcó.

Como la vértebra no fue encontrada articulada con otras partes del esqueleto del plesiosaurio, no se pudo establecer cuál fue la extensión del proceso infeccioso. Es decir, cuántos huesos del animal habrían sido afectados por la enfermedad. Tampoco se puede saber si la infección influyó en su capacidad de caza por inmovilización del cuello. Son cuestiones que quedarán pendientes. Los detalles de la investigación fueron publicados a través de un artículo en la revista Cretaceous Research.

Para Talevi, “el primer registro de un tipo infección en un plesiosaurio y de una vértebra del cuello abre nuevas líneas de investigación para explorar enfermedades o traumas, indagar sobre los mecanismos de curación e incluso inferir aspectos vinculados al comportamiento de estas especies”.

Las patologías en los plesiosaurios se habían empezado a reconocer a partir de 1870 en otras regiones del mundo. Se encontraron fósiles con necrosis séptica, necrosis avascular , y una gran cantidad de marcas de dientes que presentan indicios de curación, entre otras condiciones.

El cuello de los plesiosaurios, que fueran popularmente inmortalizados por las leyendas del monstruo del Lago Ness o “el nahuelito” del lago Nahuel Huapi, era una de las estructuras más características de este tipo de reptiles. Llegaban en algunos casos a medir hasta 8 metros.

Los plesiosaurios vivieron desde el Triásico Tardío (208 millones de años) hasta fines del Cretácico (66 millones). Restos de plesiosaurios han sido hallados en todos los continentes, incluyendo la Antártida. Su extinción estuvo asociada con los mismos eventos que provocaron la de los dinosaurios, aclaró Talevi.

La investigadora inició una línea original de investigación dentro de su campo de estudio: la paleopatología. Permite desentrañar cuáles fueron las enfermedades infecciosas, las anormalidades en el desarrollo, las deficiencias en la dieta y las lesiones traumáticas que pueden haber sido las causas de las muertes de los animales o haber reducido su éxito en la reproducción. Muchas de estas enfermedades o traumas dejan rastros en los tejidos

esqueléticos, y se conservan en el material fósil. La investigación fue financiada por instituciones públicas: la Universidad Nacional de Río Negro, la Universidad Nacional de La Plata y el CONICET.

Tras tantos años como investigadora, Talevi -que estudió en la Universidad Nacional de La Plata y es también docente en la UNRN- consideró que hoy la población tiene una mayor concientización sobre la importancia de la preservación del patrimonio paleontológico.

Ese patrimonio está formado por los organismos, parte de organismos o huellas de organismos que vivieron en el pasado y toda concentración natural de fósiles en un cuerpo de roca o sedimentos expuestos en la superficie o situados en el subsuelo o bajo las aguas jurisdiccionales.

“Los restos fósiles no son de los investigadores ni de cualquier persona que los encuentra -subrayó-. Son de la humanidad y hay que preservarlos. Por eso, si alguien encuentra algo, no debe levantarlo. Debe ir a avisar a la comisaría o a la universidad para que explore el lugar y se investiguen los restos fósiles”.

También hallaron un fósil con artritis en la Antártida

La paleontóloga Marianella Tavelli ya estuvo en la Antártida en tres ocasiones. Es el lugar que más le gusta para estar e investigar. “Vamos en campaña científica, y salimos a buscar reptiles marinos. Investigamos en la Antártida y da la posibilidad de explorar sin que haya vegetación que interfiera en la búsqueda”, contó.

Cuando va al continente blanco, investiga en una zona que conserva restos fósiles que equivalen en tiempo geológico y ambiente a lo que se encuentra cerca de la localidad de Lamarque, en Río Negro. Son restos de más de 65 millones de años, cuando los grandes dinosaurios poblaban la Tierra y los seres humanos aún no existían.

En 2019, el equipo de Tavelli encontró en la Antártida una escápula izquierda perteneciente a un mosasaurio juvenil, recuperado del Maastrichtiano superior de la Isla Marambio, en Antártida.

Representó el primer informe de una patología ósea en un reptil marino de la Antártida. “El análisis macroscópico reveló una expansión de la articulación glenohumeral, la cual se encontraba profundamente erosionada y remodelada, y un seno de drenaje a la altura del cuello escapular, el cual se encontraba rodeado de un delgado margen de hueso perióstico nuevo. El análisis de las microtomografías reveló tejido trabecular desorganizado y dos senos de drenaje”, escribieron en el estudio.

La investigadora está entusiasmada con las nuevas líneas de investigación que se llevan a cabo tanto en la Antártida, cerca de Lamarque y en la Cuenca Neuquina. Además, consideró al ser entrevistada por Río Negro

que se está produciendo un gran cambio con respecto a la paridad de género dentro de la paleontología, una disciplina que ha sido dominada por los varones en la Argentina.

“Está cambiando la participación de mujeres en la paleontología. Está tendiendo a ser más equilibrado. Antes era una ciencia dominada por los hombres”, comentó. “Que haya más mujeres también tiene mucho que ver con despertar la vocación científica desde temprano. En mi caso yo tuve muy buenas profesoras de biología en la secundaria que me influenciaron para seguir una carrera como científico.

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