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¿Es viable y conviene trasladar la capital de la Argentina al interior del país?

Este martes, en un discurso ante funcionarios nacionales y regionales en la ciudad de Monteros, Tucumán, el presidente Alberto Fernández afirmó que todos los días piensa en que la capital de la Argentina debería estar ubicada en otro punto del país distinto a Buenos Aires y planteó que tal vez debería “venirse al norte” en tren de combatir las asimetrías existentes hacia el Interior.

Se requiere un estudio previo

Rafael Flores, economista especializado en la administración financiera del sector público, afirmó “antes de que el Presidente salga a decir algo así, se debería realizar una evaluación de costos y beneficios de una propuesta de este tipo”.

“Me parece un proyecto interesante para pensar pero con un estudio serio de los beneficios y los costos que implicaría. No creo que sea algo para plantear como una frase suelta”, dice Flores al respecto.

Así, considera que si hay un estudio al respecto, debería publicarse y la discusión se tendría que darse en base a eso. “De lo contrario, no es correcto plantearlo porque faltan datos sobre los cuales apoyarse y es como opinar en Twitter”, ironiza.

Pero más allá de esta cuestión, una vez puesto el tema sobre la mesa, la primera pregunta que deberíamos hacernos como ciudadanos es si es económicamente viable en la Argentina de hoy un proyecto de este tipo o no, y cómo se podría poner en marcha. 

¿Es económicamente viable?

Al respecto, Camilo Tiscornia, de CyT Asesores Económicos, asegura que “tendría un costo muy alto para el país encarar un proyecto de este tipo”, por varios motivos:

  • Edilicios: habría que ver si se toman edificios ya existentes para trasladar los recintos de Gobierno o se construyen nuevos (en el primer caso, implicaría expropiaciones o alquileres que insumirían dinero, aunque se podría compensar ese gasto con la venta de instalaciones que queden libres en Ciudad de Buenos Aires).
  • Recursos Humanos: la agente que hoy trabaja en las dependencias de Gobierno de la Capital debería reubicarse en el nuevo destino o se quedaría sin trabajo, y esto requeriría mucho dinero para pagar indemnizaciones o relocalizaciones (para ello, habría que definir previamente si se contrata personal en el nuevo destino o cómo se implementa).
  • La elección del lugar: hay otra serie de cuestiones para definir, como el lugar a priorizar. Porque Flores señala que “un camino puede ser preguntarse cuál es la ciudad más grande del norte y apuntar allí”. Pero se pregunta: “¿Si se va a hacer en una ciudad que es más grande que el resto, hasta qué punto cumple el objetivo un plan de este tipo?”

En palabras de Flores, “esto representa un costo fiscal alto porque habría que construir un montón de edificios, pagar viáticos especiales y requeriría un período de transición, porque mucha gente que vive acá y trabaja en un ministerio no va a querer trasladarse”. Así, considera que se trataría de un proyecto que, para implementarse, debe pensarse en el largo plazo.La ciudad de Buenos Aires concentra mucha actividad y podría repartirse en otros puntos del interior. La ciudad de Buenos Aires concentra mucha actividad que podría repartirse en otros puntos del país.

El efecto positivo

No obstante, el traslado de la capital también puede tener un efecto positivo en la economía, que es lo que se buscaría. Tiscornia señala que “el principal problema que quiere resolver un proyecto de este tipo es la megacefalia concentrada en la Ciudad de Buenos Aires que padece nuestro país”. De esta forma, se apunta a descongestionar la ciudad más importante del país de la actividad de administración pública.

“Eso tiene un impacto económico beneficioso para el nuevo lugar donde se afinca la capital, porque habría más gente que viajaría, que consumiría, que alquilaría departamentos o los compraría y comería allá. En tanto, en la Ciudad de Buenos Aires, la diferencia no sería tan notoria por el volumen de movimiento que tiene”, explica el economista.

Lo cierto es que no es la primera vez que en Argentina se plantea una propuesta de este tipo. Ya en 1986, el entonces presidente de la Nación, Raúl Alfonsín, había presentado un proyecto similar en el Congreso para trasladar la capital a Viedma, Río Negro.

“La propuesta se realizó en base a un proyecto y estudio serio, pero así y todo hubo que dejarlo de lado de cara a la crisis económica que vino después”, comenta Flores. Así las cosas, hoy, la Ley de 1987 que aprobaba el intento de Alfonsín para terminar con el centralismo, con la dependencia del país de Buenos Aires (Ley 23.512), sigue rigiendo, pero a 34 años de su sanción nunca se hizo efectiva.

Pocos recuerdan que, durante el Gobierno de Cristina Kirchner, hacia el final de su último mandato, ella también había apoyado una iniciativa del entonces diputado Julián Domínguez de trasladar la capital al norte del país. Por lo que la propuesta de Alberto Fernández podría ser parte de los proyectos acordados con su vicepresidenta previo a su asunción.

Y el presidente actual ya había realizado avances en esta línea cuando envió al Congreso el año pasado su proyecto para establecer 24 capitales alternas, que por cierto fue aprobado y una de las cuales es justamente Monteros, donde realizó el anuncio de su “sueño de todos los días” este martes.  

Otro caso fallido en la Argentina fue cuando, en la década de 1880, se hizo el levantamiento de Carlos Casares contra Julio A. Roca y el Gobierno central no tenía sede donde radicarse.

Experiencias en el mundo

Flores señala que “es muy difícil plantear políticas a largo plazo en un país con tanta volatilidad”. Cualquier política a largo plazo está muy sujeta a lo que pueda pasar en el corto. ¿Cómo hacemos para garantizar los fondos a 20 años para llevar adelante esta política?

Una buena referencia podría ser observar las experiencias similares que se impulsaron en otras partes del mundo. “Un caso emblemático en la región es el de Brasil cuando nombró a Brasilia como capital administrativa. En el siglo XIX y en gran parte del XX, Río de Janeiro era la capital, pero el presidente Juscelino Kubitschek creó de la nada la ciudad de Brasilia”, rememora Julián Zicari.

Contrató al arquitecto Oscar Niemeyer para que le diera la impronta a la ciudad. Sin embargo, Flores y Zicari coinciden en señalar que, cuando se ve el mapa habitacional de Brasilia, sigue siendo muy parecido al que había antes. “No hubo todo un desarrollo del centro del país”, comenta Flores.

Y no fue el único caso en América, ya que, según comenta Zicari, este es un debate del siglo XIX. “Los países se planteaban cómo se iba a construir la actividad política y todos planteaban la necesidad de evitar que pasara lo que pasa en Francia con París, que es el centro de todo”, dice.

Así es como, por ejemplo en Estados Unidos, también se hizo la construcción de Washington, que es netamente administrativa. “Uno se puede poner a pensar cuánto de actividad política de Estados Unidos se corta realmente en esa ciudad o si es un centro de decisión política real”, plantea.

Es que el movimiento de la gente, los medios de comunicación, la actividad económica se da en otras ciudades del país y Zicari asegura que eso convierte a “Washington en una ciudad con cabeza, pero sin alma”.

En consecuencia, el economista asegura que “las experiencias internacionales que hay en este sentido muestran que los proyectos de este tipo sirven hasta cierta medida”.

Otras alternativas

Dicho esto, Tiscornia plantea que este no parecería el mejor momento económico para hacer una propuesta de este tipo y opina que “sería más eficiente rediseñar el esquema de la Provincia de Buenos Aires o pensar en crear regiones, que ayuden a reducir la estructura administrativa y burocrática de varias provincias”.

Otro elemento que menciona es el desarrollo de mejores redes de transporte y el fomento de la inversión en el interior. “Son maneras de lograr el objetivo de federalizar el país más eficientes, quizás”, opina.

De esta manera, da la impresión de que un proyecto como el que planteó el Presidente no sería de lo más viable por estos días en una Argentina en la que los dólares escasean y en la que se hace cada vez más imperante una corrección del gasto público en el marco de la negociación de deuda que se lleva adelante con el Fondo Monetario Internacional.

Aunque, como indica Flores, es un debate interesante que se debería dar con seriedad y con un análisis sobre su viabilidad económica, pareciera una discusión más pertinente para otros tiempos, como la década de 1960, que fue cuando la dio Brasil o fines del siglo XIX, cuando se afincó la capital en la Ciudad de Buenos Aires. Otros tiempos, en los que la economía no tenía los apremios actuales.

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