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El sector agropecuario podría recibir en 2022 beneficios impositivos

Un informe privado elaborado por la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de la Argentina (FADA) indica que la participación de los impuestos sobre la renta agrícola alcanzó durante el mes de noviembre el 63,2%. Esa cifra expresa un promedio ponderado de los cultivos de soja, maíz, trigo y girasol. Es decir, que de cada $100 de renta que genera una hectárea agrícola, $63,20 se giran a los distintos sectores del estado, ya sea vía impuestos nacionales, provinciales y municipales.

Los datos aportados sobre la carga impositiva de las actividades vinculadas a la agricultura tienen correlación con lo que informó el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en los últimos días sobre que Argentina continúa siendo el país con mayor carga tributaria de la región. Según la entidad, entre impuestos y contribuciones, como porcentaje de la ganancia neta, las empresas argentinas pagan un 106% por sobre sus ganancias, cuando el promedio mundial oscila el 40,5%.

Mientras se debaten distintos escenarios impositivos en el ámbito legislativo, David Miazzo, economista jefe de la fundación que realizó el estudio, aseguró a Ámbito que “lo que podría disminuir la presión tributaria son algunos artículos del Proyecto de Ley de Fomento a las Inversiones Agroindustriales”.

La cuestión impositiva es una de las temáticas que desvela a miles de productores agropecuarios, porque ante un ciclo agrícola/ganadero poco favorable o de pérdidas, se debe tributar como si eso no hubiera ocurrido. Tanto en la agricultura como en la ganadería, los negocios se evalúan por ciclos, por eso desde las entidades insisten con la propuesta de cobro de impuestos sobre la renta y no sobre la facturación, como ocurre en la actualidad.

La expectativa esta puesta en el mencionado proyecto de ley, que el Consejo Agroindustrial Argentino trabajó junto al Gobierno nacional durante 2020. Entre otras cuestiones, se buscará otorgar un bono de crédito fiscal computable ante el impuesto a las Ganancias por las compras incrementales en fertilizantes, semillas, bioinsumos y genética y sanidad animal. También hay beneficios para quienes se propongan aumentar la producción de carne con incrementos en la productividad de la hacienda y el peso de faena.

En cuanto a estos beneficios que se podrían concretar -previo paso por el Congreso-, Santiago Saenz Valiente, experto en cuestiones impositivas, aseguró a Ámbito que “los beneficios pueden ser útiles. En ganancias se podría fijar una amortización acelerada en maquinarias, con lo cual se reduce la carga en el impuesto a las ganancias. Otro tema que podría avanzar sería la valuación de existencia de hacienda (invernada) que hoy se castiga con el pago de ganancias por tenencia. Lo que preocupa es el ajuste por inflación impositivo, que es el método para determinar los resultados adecuados de la renta que obtiene un productor durante un período fiscal. Hoy se sigue pagando sobre una renta ficticia, por eso hay expectativa acerca de lo que pueda debatir en el ámbito legislativo”.

En este sentido, Miazzo destacó que “habría un alivio fiscal al evitar parte del efecto de la inflación en la tenencia” y confirmó que “habría una menor carga para las inversiones, con la amortización acelerada”.

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