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Daniel Barenboim dirigió el Concierto de Año Nuevo en Viena

Un concierto a medio aforo pero lleno de esperanza. El regreso del público al Concierto de Año Nuevo de Viena devolvió el calor y la alegría a un recital -dedicado al renacer tras la pandemia- que fue dirigido con sobriedad y sabiduría por un gran Daniel Barenboim.

El concierto de música clásica más seguido del planeta -se retransmite en directo en más de 90 países– supone un rito para millones de personas que inician el año al ritmo ligero y vitalista de los valses, polcas y marchas de la dinastía Strauss.

Pero en tiempo excepcionales son los menos habituales los que se llevan el protagonismo, que esta vez no fue ni para Barenboim ni para la Orquesta Filarmónica de Viena, sino para el público, que regresó a la Sala Dorada del Musikverein, aunque de forma limitada.Barenboim, dirigiendo a la Filarmónica de Viena en el inicio de 2022. Foto AFP

Barenboim, dirigiendo a la Filarmónica de Viena en el inicio de 2022.

Aforo reducido

Las restricciones por el covid obligaron a reducir el aforo a la mitad: mil personas, todas en el patio de butacas. Los presentes debían tener al menos dos dosis y mostrar un test PCR de menos de 48 horas, además de llevar una mascarilla FFP2 durante todo el recital.

Así, el segundo Concierto de Año Nuevo marcado por la pandemia fue un reflejo de lo que fue el concluido 2021: mejor que 2020 pero lejos del regreso a la normalidad como se entendía en 2019.

La buena noticia es que los aplausos del público volvieron a resonar en la monumental Sala Dorada, engalanada con su habitual elegancia y con aspecto de espacio casi lleno gracias a la realización televisiva.

Las diferencias con 2021

Solo eso supuso una inmensa mejoría frente al desangelado recital de circunstancias del año pasado, con una sala vacía y aplausos procedentes de altavoces.

Al frente del concierto estuvo Barenboim por tercera vez después de 2009 y 2014. El legendario maestro de nacionalidad argentino argentina, israelí, palestina y española, de 79 años, fue el primero en dirigir a la Filarmónica de Viena en su vuelta a las salas tras el primer confinamiento de 2020 en Austria.

La primera parte del concierto tuvo guiños sobre el resurgir tras la pandemia, simbolizado en la figura mitológica del ave fénix que renace de sus cenizas -como las dos primeras piezas, la Marcha Fénix de Josef Strauss y el vals Alas del Fénix, de Johann Strauss.Imponente. La Orquesta Filarmónica de Viena, dirigida por Dniel Barenboim. Foto AFP

Imponente. La Orquesta Filarmónica de Viena, dirigida por Dniel Barenboim.

Dedicado al periodismo

En un programa elegido al detalle se destacaron también, por inusuales, tres piezas dedicadas al periodismo, en un elogio a la libertad de prensa en un momento en el que aflora la desinformación y la propaganda.

El vitalista galope Pequeño boletín, de Joseph Hellmesberger, el vals Diario de la mañana, de Johann Strauss hijo y la polca rápida Pequeña crónica, de Eduard Strauss, fueron las tres obras dedicadas a la prensa que marcaron el final de la primera parte del concierto.

La segunda parte arrancó con la conocida obertura de la opereta El murciélago y  la polca Champán de Johann Strauss hijo, con brindis humorístico incluido, seguida del vals Noctámbulos, de Carl Michael Ziehrer, cantada (y silbada) por los filarmónicos y que hizo vibrar al público.Daniel Barenboim y la Filarmónica de Viena incluyeron tres obras dedicadas al periodismo. Foto AFP

Daniel Barenboim y la Filarmónica de Viena incluyeron tres obras dedicadas al periodismo.

El regreso de los tradicionales toques humorísticos y las referencias a la celebración y al deseo de vivir devolvieron el concierto a su esencia: despertar, pese a todo, la ilusión durante el primer día del año, incluso pese a la pandemia.

Como es tradicional, el concierto finalizó con varios bises: en el primero, Barenboim y los filarmónicos tocarán la polca rápida A la caza y, a continuación, felicitaron el Año Nuevo con el ineludible Prosit Neujahr.

Barenboim aprovechó el momento para llamar a la unidad como forma de afrontar la pandemia, tal como hacen los músicos cuando tocan, ya que sienten y actúan “como una comunidad unida”.

El covid no es solo una catástrofe médica sino humana porque trata de alejarnos a unos de otros”, declaró Barenboim, que apeló a actuar como lo hacen los filarmónicos, poniendo el talento individual al servicio de los objetivos colectivos.

Y, para terminar sonaron el vals El Danubio Azul de Johann Strauss hijo y la Marcha Radetzky de Johann Strauss padre, que cierra siempre el concierto y que este año resultó muy especial.

El público presente volvió a acompañar con sus palmas la marcha, dirigido por Barenboim, en un rito recuperado que, por sí solo, significa comenzar 2022 con más entusiasmo y esperanza que hace un año.

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