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Juntos por el Cambio: el desafío de crecer sin divisiones

Saber administrar las diferencias nos permitió recuperar y ganar la confianza de millones de argentinos, pero Juntos por el Cambio no es el propietario de esa confianza.

Construir una verdadera coalición es responsabilidad de los dirigentes. Debemos establecer claramente las prioridades y sentarnos a elaborar un programa de gobierno, luego vendrán las candidaturas. Esto supone discutir ideas y armar programas. No es tiempo de imaginar fórmulas. Es tiempo de diagnósticos y propuestas. Es tiempo de controlar al que gobierna.

Juntos por el Cambio es una suma de identidades políticas diversas que comparten valores comunes. Pero creo que a la hora de construir nuestro camino para recuperar la República de la decadencia no todo da lo mismo. ¿Se puede sumar hasta el infinito para llegar al gobierno? Probablemente sí, pero temo que no se podrá luego gobernar. Hay que debatir serenamente, pero sin pausa. No hacerlo ahora será la garantía de un futuro fracaso.

Este debate conceptuoso debe girar sobre premisas básicas. ¿El Estado debe desaparecer como pregonan algunos? Creo que no. Otra cosa muy diferente es reformularlo, tornarlo eficiente, ordenar sus prioridades, despojarlo de privilegios, dotarlo de la mayor transparencia. Hay que propender a un Estado cuyo tamaño y función sea el que necesitamos para cambiar el país, que deje de ahogar a los que producen y generan riqueza, hay que orientarlo a un mundo cada vez más competitivo.

Sin Estado no hay Nación, no hay libertades, sólo existe el poder en bruto. Y ya sabemos quiénes son los beneficiarios de ese discurso anárquico. Las cosmovisiones antisistema (sobran ejemplos en el mundo) resultan incompatibles con los valores fundacionales de Juntos por el Cambio. Una coalición sin reglas es un barco a la deriva, aun cuando todo se realice en nombre de la libertad. Crecer no es amontonar.

Además de preservar nuestras identidades y administrar nuestras diferencias, debemos cuidarnos entre todos. La libertad con la que brindamos nuestras expresiones no puede nunca generar una competencia tóxica entre nosotros porque estamos poniendo en riesgo el contrato fundacional que tenemos con la sociedad.

Por todo esto es necesario consolidar la coordinación colectiva, un camino a fortalecer con la institucionalización de la Mesa Nacional de Juntos por el Cambio, la pronta creación de la mesa federal que contendrá nuestros mejores dirigentes de todas las provincias y con la puesta en marcha de las mesas de cada uno de los distritos. Hoy no hay liderazgos excluyentes, todos son valiosos. En estos distintos ámbitos debe darse el más rico debate de ideas, de cursos de acción, de planes. El resultado es una agenda consensuada de medios y fines.

El Gobierno kirchnerista especula y se ilusiona con el vacío estratégico de Juntos por el Cambio y con la puja de sus integrantes. Pero estamos a tiempo de evitar una frustración incomprensible e inadmisible de una sociedad que necesita creer en el futuro.

El año comenzó vertiginosamente. Récords de contagios de Covid-19 y la dirigencia política enfrascada en sus rencillas, sumándole tensión a una sociedad que está agotada. Por eso creo que es importante que Juntos por el Cambio ordene sus prioridades. No podemos defraudar a los más de 9 millones de argentinos que depositaron su confianza en nosotros hace menos de dos meses.

No hay margen para equivocarnos porque el kirchnerismo, aun habiendo perdido las elecciones, acelera para llevarse todo puesto. Para ellos el poder es el fin, para nosotros el poder es un medio. En la medida que no seamos claros y precisos, correremos el riesgo de construir solamente proyectos personales y no un proyecto de país.

Es obvio que el Gobierno se beneficia cuando en Juntos por el Cambio se desata una batalla entre sus diferentes actores, que empieza por un posteo en una red social y luego contamina toda la opinión pública. La sociedad está alerta. Diluir el valor de la unidad de nuestro espacio será siempre un objetivo para el oficialismo, no podemos ser ingenuos.

Por Mario Negri. Presidente del Bloque de Diputados Nacionales de la UCR.

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