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Poca expectativa por la efectividad de los planes de control de precios

Alo largo de toda la semana, un centenar de empresas grandes de todo el país pasaron por las oficinas de Comercio Interior para firmar con el Gobierno nacional una nueva etapa del programa Precios Cuidados, una de las armas con las que la Casa Rosada busca contener la inflación.

La idea es la misma de las ediciones anteriores de éste y otros programas similares: establecer precios de referencia con el objetivo que estos sirvan de límite a la suba de los productos en las góndolas.

La práctica lleva años. Incluso durante el gobierno de Mauricio Macri, contrario a este tipo de programas, nunca se cortó del todo la estrategia de “encorsetar” los precios.

Pero en los hechos, la evidencia demuestra que no han funcionado. En eso coinciden la mayoría de los economistas y representantes de los distintos sectores de la economía.

Basta con ver los datos del Indec: la inflación de 2021, que se conoció ayer, fue de 50,9%. Casi 15 puntos porcentuales más alta que la de 2020, 36,1%, que ya era muy elevada. Yendo para atrás, en 2019, luego de los coletazos de las devaluaciones, 53,8%; y antes, en 2018, 47,6%. En todos estuvieron vigentes varios programas similares de control de precios.

DESCONTROL

En total, además de Precios Cuidados, con mayor o menor grado de notoriedad, en el último año estuvieron vigentes cerca de una decena de programas que apuntan a “pisar” los precios. Algunos finalizaron, otros siguen activos.

La carne es un buen ejemplo. El programa Cortes Cuidados, que se lanzó en junio con precios muy por debajo de los de mercado, estuvo disponible en grandes cadenas de supermercados y en el Mercado Central de Buenos Aires. Las críticas fueron las habituales: baja calidad y casi nula disponibilidad en el interior y en los comercios chicos.

El paradigma de los controles fue el que presentó a mediados de diciembre Roberto Feletti, el secretario de Comercio Interior que reemplazó Paula Español. El Gobierno y la industria de la carne llegaron a un acuerdo para vender cinco cortes a precios bajos durante sólo siete días: la semana de las fiestas.

Súper Cerca, por ejemplo, fue un programa oficial de precios fijos que abarcó a 70 productos básicos. Se implementó hasta fin de año de manera obligatoria para los supermercados cuando a mediados del año pasado la inflación amenazaba con espiralizarse. Suplantó a un programa más amplio, Precios Máximos.

Al respecto, Vanesa Ruiz, gerenta del Centro de Almaceneros de Córdoba, dice que “a pesar de las promesas, nunca llegó a las despensas y autoservicios de los barrios”. Para la dirigente, “no sirven estas políticas de contención de precios y las pruebas están a la vista con el 49,6% la inflación acumulada durante el 2021, según nuestro estudio”.

Para Ruiz, “ninguno de los programas hizo efecto, ni Precios Cuidados, ni Precios Máximos, ni Cortes Cuidados; son anuncios mediáticos en épocas electorales, pero en la práctica no son efectivas”.

También se presentaron, a su turno, acuerdos de precios para lácteos, para la harina y el pan, en la industria petroquímica, en electrónicos y electrodomésticos, en proveedores de insumos industriales y en la industria farmacéutica.

POLÍTICA INCOMPLETA

“Los congelamientos y controles de precios son una política incompleta que puede llegar a funcionar en el corto plazo, pero es como hacer un castillo de arena en el agua: se necesita agregarle más capas de arena para que no se caiga, y al final se cae”, describe el economista Bruno Panighel. “Al cabo de unos meses, llevan a la escasez de los precios congelados y controlados. Se puede ver en el supermercado: el Gobierno decide congelar el precio de la gaseosa cola de 1,5 litros y seis meses después aparecen las de 1,25 y 1,75 litros”, agrega.

Panighel dice que esto pasa porque el Gobierno obliga a producir a pérdida ciertos productos. “La primera reacción es decir ‘me porto bien y acepto el acuerdo, uno, dos, tres meses, pero luego el producto se discontinúa porque nadie quiere ni debe por obligación de un Gobierno cambiar su modelo de negocio y producir bajo los lineamientos de un planificador central de turno”, finaliza.

Y un dato interesante que aporta el economista: el 13,1% de los precios relevados por el Indec en el Gran Buenos Aires se encontraron dentro del programa Precios Cuidados (dato del IPC de noviembre).

“La presencia de estos precios en la muestra no depende de decisiones de relevamiento del Indec: es el Ministerio de Economía y, en particular, el secretario de Comercio Interior, quien elige los productos relevados para congelarlos y así la inflación dé un porcentaje más bajo”.

Desde el Gobierno, en tanto, no consideran que los distintos programas no hayan tenido efectividad. Por el contrario, aseguran que sin esos planes, la inflación se hubiera disparado aún más impulsada por la presión sobre los precios que dejaron las devaluaciones y la emisión monetaria a la que se apeló a partir del combate de la pandemia.

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