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Se contagió dos veces de coronavirus en 40 días: “Sentí que no podía respirar”

Al primer ataque de tos, Andrea Miranda se dio cuenta que tenía coronavirus. No le hacía falta un test de farmacia, menos un PCR para confirmarlo. Le alcanzaba con la memoria sensorial en el cuerpo, el recuerdo de la primera vez que había dado positivo y esta tos, tan “distinta a todas” las que tuvo en su vida. Tampoco hacía falta rascar mucho en el recuerdo, ese primer caso había ocurrido poco más de un mes atrás. Lo que no sabía es que esta segunda infección iba a ser mucho peor.

Andrea sufrió un caso de reincidencia en el contagio por Covid-19, un escenario que comienza a repetirse a medida que la variante ómicron hace escalar los casos. Si la primera vez la pasó mal, la segunda fue muchísimo peor. “Ahogo, la falta de aire, el pensar con todo tu ser la puta madre no puedo respirar‘”, según contó en un posteo en Instagram.

Lejos de ser paciente de riesgo, Andrea es una influencer del estilo de vida sana: esquema de vacunación completo con dos dosis de AstraZeneca, entrena tres veces por semana, practica yoga, bicicletea 24 kilómetros los findes y tiene una dieta equilibrada. Dice que ni las técnicas de respiración funcionaron cuando comenzó a quedarse sin aire.

Flanqueada por un nebulizador y con la voz todavía congestionada, Andrea atiende a Clarín y cuenta su experiencia. Entre una infección y la otra, dice, pasaron alrededor de cuarenta días. Todavía le cuesta subir un piso por escalera sin sentirse agotada, aunque ya superó la congestión. No puede creer que le haya pegado tan mal.

La primera infección cayó en un pésimo momento. Acababa de llegar a Río de Janeiro para descansar unas semanas. “El primer día tenía tos, empecé con fiebre de hasta 40 grados y no podía dormir porque me acostaba y tosía. Me hice un test de farmacia y dio positivo. Después empezó a bajar la temperatura y estuve mejor”, cuenta. 

Una vez que pasaron los días de aislamiento, pudo bajar a la playa. Pero caminar la agotaba muchísimo. Al volver a su casa en Jujuy, trató de recuperar su vida normal. Pero las semanas pasaban y el cuerpo todavía lo sentía débil. Le costaba entrenar, se cansaba más rápido. Nunca pudo volver a completar los 24 kilómetros que acostumbraba en bici. A los 12 ya no podía más. Andrea practica yoga todas las semanas. Foto: Instagram

Andrea practica yoga todas las semanas

Hace unas semanas, mientras hacía reemplazo por un compañero contagiado, tuvo un golpe de tos y se dio cuenta de inmediato. Era esa misma sensación de Brasil. Un deja vu. “Pedía que no sea ‘esa’ tos, es distinta a otras, una sensación rara. Pero al otro día empeoró y me dolía la cabeza”, relata Andrea. Luego vino la fiebre y la confirmación del PCR: nuevamente positivo. 

Pero el cuadro nunca mejoró. Y si bien la tos se fue, empezaron las complicaciones para respirar. “Tengo 34 años, soy re sana, hago ejercicio, practico yoga, sé controlar mi respiración. Y se me iba de las manos, no se me llenaban los pulmones. Era algo que no había sentido nunca en mi vida: el ahogo, la falta de aire”, recuerda.

Para colmo, la situación en las guardias hospitalarias se encuentra tan saturada que no le permitían acercarse a un centro médico para recibir atención por ser positiva. Llamó a emergencias médicas por la mañana, recién pudieron ir a visitarla por la madrugada, casi 18 horas después. "Sentía que no podía respirar", contó a través de redes sociales. Foto Instagram

“Sentía que no podía respirar”, contó a través de redes sociales

“No podía dormir. Me dieron corticoides para abrir pulmones. A partir de ahí seguía sin poder respirar pero oxigenaba bien. Dos días más tarde pude empezar a respirar más normal”, cuenta. Según le explicó la médica que siguió su caso, tuvo una infección de las vías respiratorias superiores y, como pasó tan poco tiempo entre un positivo y el otro, los pulmones nunca llegaron a recuperar. 

También le indicaron que presentaba signos de haberse infectado con dos variantes distintas. Su novio, con quien compartió el viaje a Río de Janeiro, tuvo solamente tos durante las vacaciones y mostró signos de cansancio y dolores en el cuerpo esta última vez. Agradece estar inmunizada con el esquema completo. “No me imagino cómo me habría pegado sin la vacuna“, piensa. 

Mientras termina de digerir el susto por el mal momento que le tocó pasar, trata de bajar un par de cambios y tomar aire. Sentir como pasa nuevamente por los pulmones, sin molestias, sin obstrucciones. Volver a respirar, que no es poco. 

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