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En 2004 Argentina estuvo al filo del default con el FMI: Néstor Kirchner negociaba, Cristina pedía no pagar

No es la primera vez que la Argentina lleva al filo del default una negociación con el Fondo Monetario Internacional. Ocurrió algo parecido en 2004. La discusión, como se verá, era por mucha más plata y por mucho más superávit fiscal de la que se discute hoy.

El 9 de marzo de 2004 Argentina debía pagarle al FMI 3.072 millones de dólares, parte de un crédito tomado en la etapa final de la convertibilidad.Argentina y el FMI. Las negociaciones de 2004

Argentina y el FMI. Las negociaciones de 2004

El contexto de la discusión era este.El Gobierno del ex presidente Néstor Kirchner había lanzado meses atrás en Dubai, durante una cumbre del Banco Mundial y el FMI, una oferta de canje muy agresiva -quita de capital del 75%- por la deuda en dólares que estaba en manos privadas y se regía por la ley extranjera.Argentina y el FMI. Las negociaciones de 2004

Argentina y el FMI. Las negociaciones de 2004

Más allá del esperable rechazo de los bonistas, la oferta despertó reparos en el propio Fondo Monetario. En el organismo con sede en Washington cuestionaban que una oferta tan agresiva iba a sufrir un importante rechazo, y el FMI quería que la Argentina se asegurara la aceptación del 80% de los acreedores.Argentina y el FMI. Las negociaciones de 2004

Argentina y el FMI. Las negociaciones de 2004

En 2005 entraron al canje el 76% de los bonos defaulteados. Pero el 24% restante siguió peleando. Fue cuando los argentinos aprendimos a conocer a los denominados fondos buitre, o acreedores que optaron por pelear en los tribunales de Nueva York.

Un grupo de aquel 24% entró en una segunda oferta. Pero otro, más duro, siguió litigando hasta que, tras varios fallos favorables y confirmados en todas las instancias, terminaron cobrando cerca de US$ 10.000 millones en marzo de 2016.

 La cara visible del FMI de aquellos años era la de un halcón, o más precisamente una halcona: Anne Kruger, que no tenía ninguna simpatía por Kirchner y sus planteos.

La discusión puntual por el pago al FMI y la oferta a los bonistas marchaba en paralelo con otra discusión. El FMI le exigía a la Argentina el compromiso de un superávit fiscal bien alto.

Imagine el lector lo que serían las exigencias de entonces que el presidente Kirchner rechazaba por demasiado duro el reclamo del FMI y decía que la Argentina se plantaría en comprometerse a un superávit fiscal de “solo ¡3 puntos del PBI!.

Saltan a la vista las diferencias con lo que se discute hoy: un pago de 731 millones de dólares y un reclamo del FMI de llegar al equilibrio fiscal en 2025, y no en 2027 como quiere el gobierno de Alberto Fernández.

En aquellos días la economía argentina crecía a tasas chinas y sin inflación, gracias a ese superávit fiscal, logrado por la fuerte licuación del gasto que significó la megadevaluación del 2002 y porque no se destinaba un sólo dolar a pagar la deuda a los acreedores privados.

Hoy la situación es bien distinta. La inflación está instalada arriba del 50%, y creciendo, y el déficit fiscal es mayor al 3% Hay una coincidencia, igual. Si en 2004 a Kirchner una exigencia de superávit fiscal superior al 3% le parecía un pedido demasiado ortodoxo, hoy Alberto Fernández y reclamo le llegar al equilibrio fiscal en 2025 también le parece un exceso de ortodoxia.

Kirchner, además, pretendía tener la garantía del FMI y de los países del G7 de que le garantizaran que si la Argentina pagaba los 3.072 millones de dólares, los fondos serían devueltos una vez que el FMI aprobara el desempeño -cumplimiento de metas- de la Argentina.

Ante las exigencias del FMI sobre la oferta a los bonistas, el gobierno se endureció. Además de las negociaciones que encararon el ex jefe de Gabinete Alberto Fernández y el ex ministro de Economía, Roberto Lavagna, se sumaron la por entonces titular del Banco Nación, Felisa Miceli y la senadora Cristina Fernández de Kirchner. Miceli y CFK impulsaban algo que suena muy actual: entrar en default por 48 horas como herramienta de presión. Suena muy actual.

En el medio de la vorágine, igual que ahora, el Gobierno jugaba la carta de pedirle el Gobierno de los Estados Unidos para que a través de la Secretaría del Tesoro influyera sobre la conducción del FMI para que le diera visto bueno a la revisión del programa acordado entre el Fondo y la Argentina, para así garantizar la aprobación de las metas pactadas y, sobre todo, la devolución de los fondos, si finalmente se pagaban los 3.072 millones de dólares.

En ese momento la cara visible del gobierno de los Estados Unidos era el subsecretario de asuntos internacionales, John Taylor, quien terminó “ablandando” a Kruger para que se le diera luz verde al acuerdo, que por un lado destrababa el pago por parte de la Argentina pero al mismo tiempo garantizaba la devolución de los fondos. Hay que recordar que Argentina estaba en plena recomposición de las reservas monetarias en poder del Banco Central.

A pesar de que el tipo de cambio estaba tranquilo y bajando desde la cumbre de 4 pesos tocada en julio de 2002, el Gobierno no quería correr riesgos innecesarios en cuestiones cambiarias.

Lo cierto es que finalmente el 10 de marzo se anunció el pago al Fondo Monetario Internacional y pocos días después el FMI internacional, con aval explícito del G7 -el grupo de las potencias económicas- aprobaba la segunda revisión del acuerdo que tenían vigente por aquellos días el Fondo y la Argentina. Con esa decisión, se desbloqueaba automáticamente la devolución de los 3.072 millones de dólares que la Argentina había girado al Fondo.

Hoy, la situación parece mucho más complicada. Desde que asumió, este Gobierno le pagó al Fondo cerca de 6000 millones de dólares del crédito tomado por el gobierno de Mauricio Macri. Sería insólito que tras semejante esfuerzo -en una situación macroeconómica tan difícil- la Argentina se arroje a otro default, como reclaman en estos días figuras del cristinismo.

El arreglo llevo algo de paz a las partes, pero desembocó en una decisión impactante. A fines de 2005 Néstor Kirchner anunciaba que saldaba por completo la deuda con el FMI, y le pagó de un saque 10.000 millones de dólares.

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