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Argentina: un país que es sinónimo de riesgo para los inversores

El placer de recibirlos en este espacio, que hoy pretende reflejar que es prudente desconfiar de aquel que se la pasa acusando a los demás de sus dificultades. Es una clara muestra de su debilidad e inoperancia o de su cinismo.

Si alguien es capaz de no honrar sus compromisos piensa que el resto tampoco lo hará.

Como dice un amigo: “Los hombres dignos primero pagan y luego se ofenden. No se hacen los ofendidos para no pagar”.

¿Es que no nos vamos a preguntar por qué nadie nos da crédito? ¿O por qué el argentino prefiere ahorrar fuera de su país o en otra moneda?

Yo sé que no lo va a poder creer, pero Ucrania tiene la mitad de tasa de riesgo país que la Argentina. Sí, leyó bien, ¡un bono argentino vale la mitad que un bono de Ucrania hoy! ¿Se da cuenta de que un inversor global siente menos riesgo en un país con amenaza de guerra que en el nuestro?

La confianza de un inversor o un consumidor se manifiesta a través de los precios; no es casual que resulte muy caro vivir en ciudades con alta calidad de vida y muy barato en las ciudades de baja calidad de vida. A pesar de esa diferencia de precios, hay mas demanda para conseguir visas en las embajadas de los países más caros para vivir.

Que algo sea barato puede representar una buena oportunidad de compra, pero también una clara señal de alto riesgo.

Supongamos que Raúl le compra una moto usada a Juan por 1000 dólares, cuando todo el mundo sabe que esa moto en el mercado vale 5000 dólares. Al otro día la moto no funciona y Raúl, muy enojado, le grita a Juan: “¡Me estafaste, me vendiste una moto que no funciona!”, a lo cual Juan responde con calma: “¿Quién es el peor de los dos? ¿Acaso no me pagaste 1000 por algo que sabemos que vale 5000?”

“¿No vamos a preguntarnos por qué nadie nos da crédito? ¿O por qué el argentino ahorra fuera de su país o en otra moneda?”
Cuando observo debates entre representantes de nuestro sistema político me parece que no todo es lo mismo. El que es capaz de corromper, manipular datos, acusar falsamente, escalar posiciones pegando codazos o haciendo zancadillas a los que están al lado, como adelantarse en la fila para conseguir un privilegio, lo hace porque cree que, si no lo hace él, lo hará otro. Acusa entonces al otro a los gritos y se pone en víctima, justificando su accionar como un mecanismo de defensa. El que no se siente capaz de sacar ventaja ilícitamente peca de inocente, porque nunca se le ocurriría que el otro podría hacerlo.

Entonces, muchas veces la discusión en la Argentina es desigual, entre personas para las que la mentira y la ilegalidad son una estrategia de avance y otras personas que discuten con la Constitución en la mano. Y creo que acá esta la verdadera grieta, la que hay entre los que viven del sistema y los que aportan al sistema.

Llevemos este razonamiento al manejo del dinero ajeno.

Milton Friedman decía: “Nadie gasta el dinero de otro con el mismo cuidado con el que gasta el suyo. Nadie utiliza los recursos ajenos con el mismo cuidado con el que utiliza los propios. Así que, si quieres eficiencia y eficacia, si quieres que el conocimiento se utilice adecuadamente, tienes que hacerlo a través de los medios de la propiedad privada”.

Les propongo entonces la siguiente experiencia: queden en encontrarse el próximo sábado con sus compañeros de trabajo para cenar en un bonito restaurante, pero previamente acuerden dividir la cuenta final entre todos. Notarán que se pedirán muchas gaseosas, que algunos pedirán vino blanco y otros vino tinto, que todos repetirán distintas entradas para probar y que cada uno pedirá un plato principal y postre.
Luego, repitan el encuentro el sábado siguiente con la misma gente, pero esta vez que acuerdo sea que cada uno pague lo suyo. Notarán cómo todos comparten ensalada y el plato principal, además que empezó la dieta y que por eso no pedirá ni postre ni vino.

Como observarán, la economía acaba gobernando nuestras decisiones a la hora de comer. Si hace esto con el hambre, ¿por qué no hará con todo lo demás?

Es muy distinto cuando uno gasta su dinero o su tiempo, que cuando se usa el dinero o el tiempo de los demás.

Alguien alguna vez dijo: “No es cierto que el Congreso gaste el dinero como un marinero borracho. Los marineros borrachos gastan su propio dinero. El Congreso gasta nuestro dinero”.

El dirigente actúa como un árbitro, en teoría, en defensa del interés general. Voy a adaptar un ejemplo popular para demostrar cómo funciona en nuestro país.

Supongamos que organizamos un partido de tenis entre Rafael Nadal y un jugador dominguero, amateur. Nadal tiene todas la de ganar, pero le dan la opción al público de elegir un árbitro para el partido y seleccionan a uno que promete equiparar la desigualdad entre ambos, sin importar lo que entrenó cada uno o el mérito hecho para llegar al lugar donde están. Claro, el árbitro elegido nunca se esforzó tanto como para ser un jugador profesional y entender las diferencias de rendimiento.

El árbitro le empieza a cobrar impuestos a Nadal por cada drive cruzado y por cada volea que ejecuta. Por ejemplo, deberá pagar un 50% de sus premios por cada tiro ganador. Encima, antes de cada saque tiene que hacer 20 flexiones de brazos. Ahora sí se empareja el partido, pero, ¿a vos te parece justo?

Pues bien, en la vida real sucede todo el tiempo, los gobiernos, en lugar de alentar y premiar a los jugadores que arriesgan, se educan, emprenden y producen bienes dando empleo, terminan castigándolos y, peor aún, los demonizan.

En un gran número de países, oímos a los políticos hablar mal de los empresarios, tratándolos como delincuentes por el simple hecho de ser exitosos. Luego, les imponen un montón de impuestos y cargas burocráticas para que no puedan seguir compitiendo, allanando el camino a los ciudadanos que les facilitan seguir en el poder y los eligen árbitros. Lo que es peor, a eso lo llaman “distribución”.

Claro, es fácil distribuir el esfuerzo ajeno. Si Nadal tuviera que pagar el 50% de sus premios y hacer 30 flexiones antes de sacar, ¿seguiría teniendo la misma eficacia? ¿Estaría motivado para seguir siendo el mejor jugador del mundo? ¿O simplemente preferiría retirarse del deporte con su riqueza y dejar de ser productivo para la sociedad?

Los políticos de los países que progresan se indignan por la pobreza de su gente. Los políticos de los países estancados se indignan por la riqueza.

Muchas veces a los que seguimos la economía nos preguntan qué medidas económicas hacen falta para cambiar el país. Ahí automáticamente repregunto, ¿estás seguro de que los argentinos están dispuestos hacer los esfuerzos necesarios para cambiar?

Los más combativos y detractores del capitalismo le rinden implícitamente homenaje al consumir los productos que se generan gracias a ese sistema. Incluso veranean en los lugares donde más se fomenta el libre mercado. Eso demuestra que, para esos detractores, distribuir es sacarle al que produce para disfrutarlo ellos.

Cuenta una historia que en los primeros años de Mao Zedong en China, para hacer más limpio el país se empeñaron en matar a los gorriones, porque se suponía que eran portadores de graves enfermedades. La ausencia de estas aves llevó a que proliferaran las langostas en los campos. Esto derivó en una gran hambruna, porque estos insectos son una plaga que arrasa con todo lo que encuentran comestible a su paso.

Para evitarla la hambruna, se aplicó la política del hijo único durante varias décadas, con la idea del control demográfico. Es evidente que no tuvo éxito porque una sociedad agraria, ante la imposibilidad de tener más descendientes, no tenía los incentivos para aumentar la producción.

Muchas veces el hombre se cree más listo que la naturaleza y que el resto de los ciudadanos y ese es uno de los errores más graves. Economía viene del griego y significa “Administración eficaz y razonable de los bienes”.

La naturaleza es sabia, al menos más que aquellos que quieren regularla.

Claudio Zuchovicki

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