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Un realineamiento a China y Rusia cruzado por Estados Unidos y el cristinismo duro

Medio siglo atrás, el ex presidente Richard Nixon hacía historia al aterrizar en un frío febrero en Beijing. Su influyente asesor de Seguridad, Henry Kissinger, ya había preparado el terreno meses atrás: esa visita del republicano sería el comienzo del reconocimiento de los Estados Unidos de la República Popular China.

Y como consecuencia de ello, varios países latinoamericanos que venían favoreciendo el reingreso de la China comunista a las Naciones Unidas, terminaron iniciando sus propias relaciones diplomáticas con la China continental, en 1972. Entre estos, la Argentina gobernada por el general Lanusse.

La visita que acaba de hacer Alberto Fernández a Xi Jinping en Beijing incorporó en su agenda un festejo por los 50 años del inicio de esas relaciones diplomáticas que a la larga estuvieron siempre condicionadas por la relación de Argentina con los Estados Unidos.

Pero este viaje de Fernández también sentó las bases de su realineamiento a Rusia y China en los momentos que más necesita de los Estados Unidos. 

Fernández enfrenta una situación: su política interna como externa está cruzada por la presión de su socia mayoritaria y más influyente: Cristina Kirchner. Vale recordar el romance politico del cristinismo con Rusia y China. Y también con Venezuela y Cuba. Y en más de los casos, con el sandinismo de Nicaragua, sin importar las dictaduras.

El Presidente y su equipo de Gobierno justifican el viaje a Moscú y Beijing como parte una política que se autopercibe multilateralista. Los hombres del Presidente aseguran a diestra y siniestra que hubo numerosos intentos en estos dos años de gobierno de llevarlo primero a Washington para sentarlo junto a Joe Biden, lo que evidentemente no se pudo.

¿Para qué fue entonces Alberto Fernández en este momento a Rusia y a China? Un tiempo en el que Vladimir Putin atraviesa una crisis de peligros bélicos con Estados Unidos por el conflicto con Ucrania; y China protagoniza su propia enfrentamiento con Washington al punto que el demócrata Biden le boicoteó los Juegos Olímpicos. Alberto F. y Guillermo Lasso fueron los únicos latinoamericanos presentes. Europeos no hubo casi alguno.El presidente chino, Xi Jinping, se reúne con el presidente argentino, Alberto Fernández. Foto: Xinhua/Liu Weibing) (rtg) (ce)

El presidente chino, Xi Jinping, se reúne con el presidente argentino, Alberto Fernández

¿Qué obtuvo además el Presidente de estos dos viajes que hizo y que responden eso sí a insistentes invitaciones de Xi y Putin, y al trabajo de una diplomacia militante?

Podría decirse que China confirmó que seguirá apostando por financiar obras en la Argentina. No dijo por cuánto ni detalló qué obras, cuando además de participar en la modernización de trenes, de apostar por la energía limpia, la minería, los puertos, represas y la Hidrovía, los chinos tambien quieren jugar fuerte con una central nuclear, vender equipamiento militar y que Argentina opte por sus telecomunicaciones. Nadie más que los chinos, que están totalmente integrados al comercio internacional como cualquier país capitalista, quiere que Argentina termine de una vez por todas su acuerdo para reprogramar con el Fondo sus $ 44.000 millones de deuda externa, y a sí sentir seguridad de que este país le garantice los retornos por las obras que se hagan. 

En tanto China obtuvo de Argentina un pais más para su Ruta de la Seda, un plan de expansión económica y política que efectivamente Estados Unidos no ha podido ofrecer, en parte por su propia crisis de liderazgo. Hay que desmitificar los peligros de la Ruta de la Seda china siempre y cuando se resguarden los intereses nacionales.

La Argentina pendular no es precisamente el mejor ejemplo de ello. Y Alberto Fernández en su viaje pecó de gestos y frases polémicas, entre ingenuas, las que pueden leer en clave de su interna. 

Le ofreció a Putin que la Argentina fuera la puerta de Rusia a América latina. Putin ya la tiene con su alianza militar con Venezuela y Cuba. Luego Fernandez le dijo que quería romper la dependencia argentina del FMI y de los Estados Unidos, quejándose de un “corset” con la potencia occidental. En cambio agradeció con emoción “la deuda” para con Rusia por el envío de las vacunas Sputnik V. Pero estas no fueron regalos sino compras. 

En el viaje a China se lo vio con bufanda roja al cuello, un gesto que rara vez tienen los mandatarios con símbolos patrios. Elogió  al Partido Comunista chino por sus acciones para el pueblo. La opinión podría haberse consultado al menos con chinos en el exilio.

Por otro lado, hay una manía en el kirchnerismo de universalizar el peronismo. Peronizaron a Barack Obama y al hoy presidente, “Juan Domingo Biden”. En este viaje Alberto le dijo a Xi: “si fueras argentino, serías peronista”. Olvidó el Presidente la persecución que emprendió el coronel Juan Perón a los comunistas en Argentina, y preguntarse también qué sería un peronista sino fuera argentino.

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