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El enfrentamiento entre los Kirchner y Martín Guzmán

Lunes 14 de septiembre del 2021. Martín Guzmán pasó varias horas en un salón del Congreso con los dirigentes parlamentarios más influyentes del Frente de Todos. Les contó los detalles de su negociación con el FMI.

Lo escucharon el titular de la Cámara baja, Sergio Massa; el presidente de la Comisión de Hacienda, Carlos Heller; el jefe del bloque de los senadores K, José Mayans; el ministro del Interior, Eduardo De Pedro; y el aun jefe del bloque de legisladores oficialistas, Máximo Kirchner.

Guzmán entendió ese día que los Kirchner menospreciaban su trabajo. Era algo que sabía desde que una mañana de abril intentó despedir, sin éxito, al subsecretario de Energía Eléctrica, Federico Basualdo, su subalterno, pero también militante de La Cámpora.

La vice y su hijo no permitieron que esa decisión se efectivice. El vínculo con ellos sería tortuoso. Habría lograron recomponer los lazos con madre e hijo. Ese día se llevó otro “golpe” de parte Máximo.

El ministro de Economía habló y habló sobre el pacto con el Fondo y de modo súbito se hizo un silencio. Kirchner, sin decir nada, se levantó de su asiento enojado y se fue. Había aguantado la bronca interna todo lo que pudo. Los testigos de la escena aun recuerdan como salió del lugar a paso encabronado. Guzmán siguió hablando un tiempo más, pero importaba poco.

Hoy, el enojo de la vice y su primogénito con Guzmán ya es explícito.

Máximo renunció a liderar el bloque de diputados oficialistas con una carta en la que dejó asentado su total desacuerdo con el pacto alcanzado con el FMI.

El desenlace de esta trama aun no se produjo.

Desde septiembre pasado al día de hoy, sí se desencadenaron otros conflictos entre el ministro de Economía y los Kirchner. Muchos de esos acontecimientos son desconocidos.

Cristina Fernández, por ejemplo, aceptó volver a hablar con Guzmán después del “episodio Basualdo”. Él se reunió con ella varias veces para ponerla al tanto de las novedades de los avances y retrocesos con el Fondo.

Hasta que se cansó del funcionario.

La mala relación entre el titular del Palacio de Hacienda, la presidenta del Senado y su hijo se profundizó hasta poner en crisis al oficialismo y generar un enigma entre los funcionarios del FMI.

¿El acuerdo que se firmaría con la Casa Rosada tendría el consenso dentro del partido de Gobierno tal como se les prometió?

Los Kirchner no quieren volver a hablar con el ministro.

Máximo renunció a la jefatura del bloque de los legisladores K en la Cámara baja mediante una carta pública en la fustigó a Guzmán y también al Presidente, siempre con el FMI como eje central de sus disidencias: “Sería más que incorrecto aferrarse a la Presidencia del Bloque cuando no se puede acompañar un proyecto de una centralidad tan decisiva en términos del presente y los años que vendrán”.

Cristina hace silencio.

No obstaculizaría la votación en el Senado del acuerdo con el FMI. La misma actitud tomaría, en principio, el sector ultra K en Diputados, aun liderado por Máximo.

Pero la vice está segura de que lo acordado con el Fondo por el Presidente y su ministro será “perjudicial para la sociedad”. Y, aunque tal vez jamás lo diga de este modo, también cree provocará la derrota del Frente de Todos en las elecciones presidenciales del 2023.

Ocurre que el pacto incluye un ajuste de las cuentas públicas. Esa baja del déficit fiscal que deberá cumplirse en los próximos años es muy difícil de defender para el electorado más radicalizado que vota por los K.

El presidente Alberto Fernández admitió que su vice tiene diferencias sobre el acuerdo con el Fondo. Pero ella tampoco permitiría transformarse en la única culpable de que el país caiga en un default con el mayor organismo multilateral de crédito del planeta.

Durante estos días, la vice deja trascender su nueva bronca contra Guzmán: afirma que él le ocultó información confidencial sobre el avance de las negociaciones con el FMI.

Quienes la frecuentan afirman que parte de ese razonamiento se generó tras la lectura que hizo del libro Diario de una temporada en el quinto piso, de Juan Carlos Torre, en el que este sociólogo, funcionario del equipo económico de Raúl Alfonsín, narra en detalle cómo fueron las interminables negociaciones con el Fondo que lideró en su momento Juan Sourrouille.

El diputado Leopoldo Moreau le habría hecho llegar ese texto, en el que él aparece como protagonista secundario de la historia.

La última vez que Cristina y Guzmán se vieron de modo presencial fue el 17 de enero pasado. El ministro fue al departamento de los Kirchner de la calle Juncal, en La Recoleta.

Ella no volvió a escucharlo más. Está segura de que el ministro, adrede, no fue sincero sobre algunos puntos claves del pacto que se oficializaría en los próximos días. Por ejemplo, Guzmán no habría sido claro sobre la exigencia del FMI respecto a auditar cada tres meses la marcha de la economía nacional.

Y tampoco habría tenido información precisa sobre las bajas graduales del déficit fiscal que el Fondo acordó con el Gobierno.

Los funcionarios que defienden a Guzmán argumentan que, como en toda negociación de alta complejidad como ésta, hubo variables que se fueron modificando hasta el último minuto.

¿Será cierta la versión que indica que existen cláusulas secretas, como las que determinan cuál debería ser la evolución del tipo de cambio del peso respeto al dólar?

Clarín pudo reconstruir la crónica secreta de la pelea, la tregua y la vuelta a las hostilidades entre la vice y su hijo Máximo con Guzmán gracias a fuentes directas que protagonizaron esta trama, y que fueron consultadas durante meses. Buena parte de los datos se chequearon con fuentes de la Presidencia de la Nación, sobre todo los relativos a la crisis que se desató cuando Guzmán intentó despedir a Basualdo.

Ese día, ella discutió fuerte con Alberto Fernández. Y sinceró lo que pensaba sobre el ministro.

En las últimas semanas, el distanciamiento de los Kirchner con el titular de Hacienda se ahondó.

Kirchner dijo la verdad cuando, en su carta de renuncia a la jefatura del bloque, aseguró que el Presidente conocía sus críticas a la posición oficial sobre el FMI.

Guzmán lo sabe, como se contó.

El funcionario aprendió a convivir en la jungla K del Frente de Todos.

Guzmán pudo ser audaz en sus encuentros con la vice, admiten en el Gobierno. La explicación que encuentran es que “se apasionó por la política” a pesar de provenir del mundo académico.

Sus rivales internos suelen criticar por esa actitud al representante argentino ante el FMI, Sergio Chodos, a quien le adjudican impulsar a Guzmán a construir un escenario de mediano plazo para construir una candidatura electoral: “Tenés futuro político, Martin”, le insistiría Chodos. Nada malo, en realidad.

Antes de renunciar a la jefatura del bloque de Diputados K, Máximo Kirchner se reunió con los jefes de La Cámpora.

El sábado 29 de enero, antes de comunicarle al Presidente que dimitiría de su puesto parlamentario, analizó esa decisión junto al ministro De Pedro; la titular de la ANSES, Fernanda Raverta; el ministro de Desarrollo Social bonaerense, Andrés Larroque; la intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza; y el senador Mariano Recalde, entre otros.

La mayoría de ellos la habría dicho a Máximo que no debía renunciar a nada. Quien sostuvo esa posición, de modo quizás más firme, fue De Pedro. Ese mismo día, sin embargo, Máximo habló por teléfono con el Alberto Fernández y le adelantó lo que era una decisión tomada.

Y fue más allá: lo acusó de haber traicionado a su madre, fustigó a Guzmán cuanto pudo y lanzó esta frase, según fuentes oficiales: “Me rompe las pelotas que me hables de lo que hicieron con el FMI”.

La carta de su renuncia al cargo legislativo se conoció el lunes siguiente.

El Presidente dejó trascender que no volverá a confiar en Kirchner hijo.

Guzmán, sin embargo, intentó un acercamiento con su crítico feroz tras volver al país de la gira oficial por Rusia y China. Un objetivo de cumplimiento imposible. Al menos por ahora.

El quiebre de la relación entre los Kirchner y Guzmán empezó el 14 de abril del 2021, la mañana en la que el ministro intentó despedir a Basualdo.

Ese día la vice se alteró por completo y por primera vez le contó al Presidente que desconfiaba del funcionario que negociaba con el FMI porque “el embajador Zuain, en Rusia, me contó que Guzmán no dejó entrar ni a él ni a los intérpretes de la embajada a las reuniones por temas del FMI”.

Y siguió: “¿Quién se piensa que es este Guzmán?”. “Es un delegado del FMI, Alberto”. “Avisale que es mi enemigo y que estoy dispuesta a decirlo en público”. Esas son algunas de las frases que, casi textuales, le transmitió al Jefe de Estado. Basualdo continuó en su puesto, como se dijo.

Pero el tema no se fue de la cabeza de Guzmán.

El gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, quedó asombrado por el carácter de Guzmán. Quedó impresionado tras participar de una de las últimas reuniones en las que debatió sobre FMI junto al ministro de Economía, los dos Kirchner, el Presidente y el jefe de Gabinete, Juan Manzur.

Después de hablar dos horas sobre el Fondo, y tras llegar a un trabajoso “consenso” sobre algunos ítems que parecían irreconciliable entre las partes, Guzmán sorprendió y volvió a tomar la palabra. ¿Qué dijo? Pidió, una vez más, la renuncia del subsecretario de Energía Eléctrica, Basualdo.

Los presentes en el encuentro quedaron azorados, relató Kicillof a varios interlocutores.

Son obvias las respuestas que recibió. No el tono en el que le fueron transmitidas.

Guzmán está ahora convencido de que el Congreso votará el acuerdo con el FMI gracias al apoyo de la oposición.

Es el único funcionario que enfrentó en privado y en público a los Kirchner en un tema tan delicado como el FMI y sigue en su cargo.

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