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¿Se puede enseñar la empatía?

Me cargan. O me toman de punto. Así lo contaban, si podían, los chicos que sufrían bullying cuando la palabra no existía en nuestro diccionario. El sufrimiento era igual, aunque más silencioso y quizás pasaba desapercibido. Porque de eso casi no se hablaba, ni las víctimas ni sus padres. Por vergüenza o por falsa lógica darwinista se suponía que tocaba soportarlo como si fuera un rito de pasaje. Tal como plantea la nota de hoy, muchos han estado de los dos lados del mostrador: han sufrido acoso pero también han sido responsables de hacerlo en algún momento. ¿Será porque es complejo diferenciarse de la manada o por creer que del lado de los “vivos” uno quedaría a salvo de convertirse en víctima?

Ponerse en los zapatos del otro es un clásico de la psicología de grupo que suele sorprender. ¿Qué pasa si me toca a mí, si yo quedo desprotegido? ¿Cómo me sentiría? ¿Implica cierta cobardía generar un clima desagradable contra alguien cuando ese chico o chica no puede defenderse por estar demasiado solo? Las políticas públicas tendientes a trabajar estos temas deben potenciarse. Existe la línea nacional 102 de ayuda para niños y adolescentes. Se puede llamar pero para quienes -por baja estima o por sentirse humillados- no logran hacerlo parece imprescindible que los colegios y clubes alerten sobre las situaciones peligrosas.

(Gustavo Gavotti)

Lo psicológico surge aquí como algo fundante. Muchos de los acosadores esconden personalidad con conflictos internos que traducen su frustración en conductas agresivas. El grupo necesita detectarlos y hablar de aquellos integrantes que siempre tienen una burla para el que está al lado. Trabajar la empatía: mostrar que plegarse a esa conducta nos rebaja como personas.

Cabe, desde una lógica más amplia, hacerse la pregunta sobre cómo los diálogos sordos y la grieta de la sociedad argentina de alguna manera crean un ambiente favorable al bullying. ¿Por qué voy a respetar al otro si veo que los líderes siempre tienden a desacreditarlo, a no buscar puntos en común, a distanciarse en vez de acercarse? Como decía María Elena Walsh no les pregunten a los chicos por qué no leen; pregúntenles a los adultos por qué no lo hacen.

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